<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728</id><updated>2012-02-16T16:32:52.517-08:00</updated><category term='Marklar'/><category term='diego'/><category term='RR'/><title type='text'>Chapuzas de Letras</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>39</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-2627535030131496321</id><published>2010-02-07T12:25:00.000-08:00</published><updated>2010-02-07T12:31:34.292-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>tormenta de verano</title><content type='html'>La enfermera entra en la habitación. Saluda a los familiares y los invita a salir. Será un momento, dice. Los familiares salen de la habitación, obedientes, en silencio, dejando cada uno la estela de sus perfumes. &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;La enfermera se sienta en el pequeño sofá, saca un móvil del bolsillo de la bata y envia un sms. Espera sentada unos segundos hasta que recibe respuesta. Sonríe al leerla. Se incorpora, mira al paciente y comprueba que sigue durmiendo, o inconsciente, muerto no, y sale de la habitación. Ya pueden pasar, dice a los familiares que esperaban en el pasillo. Gracias, contesta uno de ellos, la madre, quizás. Y van entrando poco a poco en la habitación, situándose, casi sin querer, en el mismo sitio en el que estaban antes de salir. Excepto el abuelo, que decide quedarse a los pies de la cama. Uno de los familiares dice que se va a comprar un coche. Entonces se hace un silencio pulcro, casi celestial. Alguien abre el grifo en el lavabo de la habitación contigua y el agua corre por las tuberías y la habitación, antes velatorio, es ahora un arroyo en el que se bañan los familiares del niño, celebrando la recuperación, o quizá no celebrando nada. Uno de ellos mira a su alrededor y comprueba que son muchos ahí dentro. Somos demasiados, piensa. Decide contarlos pero lo interrumpe la enfermera, que entra de nuevo y les invita a salir. Los familiares vuelven a salir. Todos apoyan las espaldas en las paredes del pasillo, excepto la tía, que decide ir a tomar un café. ¿Alguien se viene?, invita. Pero nadie contesta. ¿Queréis algo del bar?, insiste. No, gracias, dice alguien, al fondo, quizá el hijo mayor. Bueno, pues ahora vengo. Da media vuelta y se dirige al ascensor. En el último momento, el abuelo, con la mirada extraviada desde hace años, decide acompañarla. Suben hasta el bar. El bar es el ocho, papá, el ocho, éste. Tú has apretado al seis, pero da igual, no tenemos prisa. En el bar, la tía pide un café; al abuelo no le apetece nada. Se sientan uno enfrente del otro y la tía, mientras da pequeños sorbos, observa las manos del abuelo, que no dejan de moverse, como si quisieran deshacer un nudo que el tiempo fue apretando, día tras día, en silencio, hasta hoy, cuando el abuelo ha decidido deshacerlo. Cuánto tiempo hace que mi padre mueve así las manos, se pregunta la tía. El abuelo mira alrededor. Se levanta, se dirige a una mesa donde hay una pareja sentada y coge una servilleta del servilletero. Vuelve junto a la tía. Papá, aquí también había servilletas, mira. La tía mira a su padre esperando una respuesta que sabe no va a recibir. El abuelo se limpia las manos con la servilleta y la tira al suelo sin disimulo. La tía termina su café de un trago, recoge la servilleta y se levanta, ofreciéndole la mano a su padre. Vamos, le dice. En la habitación, los familiares esperan en silencio a la tía y al abuelo. Alguien carraspea. El herido, aún con los ojos cerrados, se humedece los labios con la lengua. Todos le miran. La tía y el abuelo acaban de entrar. Al ver la escena, la tía pregunta qué ha pasado. Nadie le responde. Entonces se dirige directamente a la madre y, en voz baja, cogiéndola del brazo, le pregunta: ¿Qué pasa? Pero la madre tampoco le responde. No quita la vista del herido, su hijo, el sobrino, nieto, primo, que acaba de humedecerse los labios. El abuelo se sienta en el sillón desde donde la enfermera envió y recibió el sms y se queda dormido. Al cabo de un rato alguien dice, nosotros nos vamos. A nadie parece importarle y de la habitación salen una pareja y sus dos hijos, que se dirigen al ascensor y bajan hasta el parking. Ya en el coche, el hombre le pregunta a la mujer algo que los hijos adolescentes, en los asientos traseros, no pueden escuchar. La mujer responde un seco sí mientras salen del parking. El hijo, sentado detrás del padre, mira por la ventana. Empieza a llover. Está lloviendo, anuncia. Ya lo vemos, le responde el padre. La hija escucha música a través de unos auriculares mientras se mira el dorso de las manos. En la habitación, la enfermera del sms entra de nuevo. Esta vez dice: No, no hace falta que salgan, será un momento. Y cambia la botella del suero, revisa la del calmante y le pone un termómetro debajo del brazo al niño. Mientras espera el resultado de la temperatura, le acaricia el pelo. Un familiar, quizá el tío, observa en secreto el gesto de la enfermera. También, en secreto, puede verle, entre los botones de la bata, el sujetador blanco y, por un momento, el horror del accidente de ese niño, quizá su sobrino, es olvidado por completo y el hombre se abandona en la imagen de esa porción de ropa interior y olvida también a su familia, a su mujer, que ahora se lava las manos en el lavabo, a su suegro, que duerme plácidamente en el sillón, a todos los familiares que le rodean en esos momentos y, finalmente, se olvida de sí mismo, a los pies de la cama, hasta que la enfermera le quita el termómetro al niño, lo mira y le dice a la madre: No tiene fiebre. Ya en casa, la mujer que respondió con un seco sí llama por teléfono a alguien. El padre, en su habitación, se descalza. Los hijos adolescentes cierran las puertas de sus respectivas habitaciones y el pasillo, un segundo antes iluminado, queda ahora en absoluta oscuridad. En la habitación del hospital, el abuelo se despierta y mira el reloj de su muñeca. Luego mira a su alrededor. Alguien dice: Nos vamos, ya vendremos mañana. Y salen de la habitación dos personas más, un hombre y una mujer. La mujer aprieta el botón del ascensor y una luz roja lo ilumina. El hombre espera a su lado. Al cabo de unos segundos, y antes de que el ascensor llegue, la mujer decide bajar por la escalera. Bajo caminando, ¿te vienes?, le pregunta al hombre. No, prefiero bajar en ascensor, le responde. Muy bien, dice la mujer mientras baja los primeros peldaños. Al fin, la puerta del ascensor se abre ante el hombre, que entra y saluda a una mujer que sostiene a un niño en brazos. El niño se mete un juguete de plástico en la boca. La madre, de vez en cuando, dice: Caca. El niño se ríe cuando descubre su imagen en el espejo, agita las manos y lanza el juguete al aire, manchando de babas la camisa del hombre. La madre le pide perdón con la mirada y el hombre dice: No importa, y recoge el juguete del suelo y se lo devuelve al niño. Cuando el ascensor llega a la planta baja, la mujer ya está esperando al hombre. Juntos caminan hacia el coche. En la habitación del hospital, el abuelo va al lavabo. El niño, el herido, sigue durmiendo, o inconsciente, muerto no. Se sabe que no está muerto por el ligero subir y bajar de las sábanas que le cubren. En casa, el padre que se ha descalzado, camina hasta la cocina, abre la nevera, coge una lata de cerveza, la abre y se la bebe a sorbos largos mientras camina por la estancia. La mujer continúa hablando con alguien por teléfono. Los hijos adolescentes siguen encerrados en sus habitaciones.&lt;br /&gt;En la habitación del hospital, la tía se da cuenta de que el abuelo lleva mucho rato en el lavabo. Golpea en la puerta y pregunta: ¿Papá? Pero nadie responde al otro lado. Intenta abrir la puerta pero está cerrada por dentro. La tía aprieta el botón para llamar a la enfermera, que viene en pocos segundos. Mi padre está dentro del lavabo, no responde, le informa la tía. Un momento, ahora vengo, dice la enfermera, y sale a paso ligero de la habitación. Al poco rato vuelve con un hombre que viste de azul: pantalón azul, camisa azul, gorra azul. El hombre de azul pregunta qué ha pasado. La tía explica de nuevo lo ocurrido. El hombre de azul pica con los nudillos en la puerta del lavabo. ¿Hola?, pregunta. Entonces mete la mano en el bolsillo y saca una especie de ganzúa. Con un gesto rápido, eficaz y elegante, el hombre de azul abre la puerta del lavabo. En el coche, mientras conduce, el hombre manchado de babas apoya la mano derecha en la pierna de la mujer. Ésta se la retira y la deja apoyada en el cambio de marchas. El hombre tamborilea con los dedos el ritmo de la canción que suena por la radio. La mujer mira por la ventana: la gente corre a refugiarse de la lluvia, parece ser que a todo el mundo le pilló por sorpresa esta tormenta de verano. Parados ante un semáforo en rojo, las luces de las farolas iluminan las gotas de la ventanilla, que no dejan de moverse, como si buscasen una salida. El semáforo cambia a verde. El abuelo se ha dormido sentado en el váter. Tiene los pantalones bajados hasta los tobillos y apoya la barbilla en el pecho. La tía entra en el lavabo y zarandea al abuelo por los hombros. El anciano se despierta poco a poco y sonríe a su hija por primera vez en mucho tiempo. La tía le dice: Venga, papá, que te has quedado dormido,  le ayuda a incorporarse y le sube los pantalones. El abuelo le pregunta: ¿Cuándo nos iremos de este sitio?, pero la tía no sabe qué contestarle. En la casa de los hijos adolescentes, la madre cuelga el teléfono. El padre mira el correo electrónico en su portátil, sentado en el sofá, con la tele encendida. El hijo abre la puerta de su habitación y, el pasillo, hasta ahora en la más absoluta oscuridad, se llena de tanta luz que las paredes y el suelo no son capaces de absorber. El hijo, bajo el umbral de la puerta, quizá por primera vez, observa cómo su sombra alargada llega hasta el otro extremo del pasillo. En la habitación del hospital, los tíos deciden irse, llevándose consigo al abuelo. Otros familiares también aprovechan para despedirse. Ahora, en la habitación, junto al niño herido, sólo quedan los padres. La madre tiene los brazos cruzados y está de pie, junto a la botella del suero. Comprueba que no se detenga el goteo. El padre se acaba de sentar en el sofá después de despedir a los últimos familiares. Ya me quedo yo esta noche, dice el padre. No, no, tú vete a casa, me quedo yo, responde la madre. El hombre con la camisa manchada de babas estaciona el coche en doble fila. Bájate, ya voy a aparcarlo, le propone a la mujer. La mujer coge una bolsa de plástico de su bolso y se la pone a modo de gorro antes de salir del coche y correr hacia la casa. El hombre la mira alejarse corriendo y entrar en la portería. El hijo adolescente, todavía de pie bajo el umbral de la puerta de su habitación, contemplando su sombra alargada, llama a la hermana y le dice que salga un momento. Al cabo de unos segundos, la hermana abre la puerta de su habitación y la luz hace que su sombra también se alargue hasta el otro extremo del pasillo. ¿Qué quieres?, pregunta la hermana. Mira las sombras, responde el hermano. ¿Qué?, vuelve a preguntar la hermana. Mira, y el hermano señala ahora las dos sombras alargadas, unidas por la cabeza, extendidas en el pasillo como sábanas negras al sol. La hermana se lo queda mirando unos segundos, y en su mirada hay una mezcla de compasión y desprecio. El hermano, sin levantar la vista del suelo, le pregunta: ¿Te habías fijado alguna vez? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-2627535030131496321?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/2627535030131496321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=2627535030131496321&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2627535030131496321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2627535030131496321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2010/02/tormenta-de-verano.html' title='tormenta de verano'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-5303682796944017909</id><published>2009-12-10T16:21:00.000-08:00</published><updated>2009-12-10T16:23:30.678-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>antigua canción</title><content type='html'>El viento hacía golpear las ramas en la ventana del dormitorio. &lt;br /&gt;Mi mujer dormía a mi lado, acurrucada, dándome la espalda, roncando. Busqué sus pies con los míos y les di una ligera patada. &lt;br /&gt;Dejó de roncar y se movió, quedándose ahora boca arriba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Las ramas seguían golpeando el cristal y, por un momento, pensé que podrían romperlo. Encendí la luz de la mesita, me incorporé y bajé la persiana. Pero ahora, al golpear las ramas contra la madera de ésta, el ruido se hacía más intenso. Así que decidí subirla de nuevo. &lt;br /&gt;Desvelado como estaba, me calcé las zapatillas de estar por casa y bajé al salón. Pasé por delante de la habitación de mi hija. La puerta estaba cerrada. Era la primera vez que veía esa puerta cerrada.&lt;br /&gt;Mi hijo estaba tumbado en el sofá viendo una película en blanco y negro. El salón estaba a oscuras, sólo iluminado por la luz grisácea de la pantalla. &lt;br /&gt;— ¿Qué estás viendo? —le pregunté.&lt;br /&gt;— Una película —me contestó mientras cogía el mando y apretaba el botón de pausa.&lt;br /&gt;La imagen se quedó congelada mostrando el rostro afligido de una mujer. En el subtítulo se podía leer “Ya nada volverá a ser igual”.&lt;br /&gt;— ¿Qué película es? —pregunté de nuevo.&lt;br /&gt;— Una, ¿qué más da? —me respondió.&lt;br /&gt;Y en ese momento no pude estar más de acuerdo con él. Sonreí. Notaba cómo me miraba de reojo, esperando a que me fuera de allí y lo dejase tranquilo. Es lo único que quiere mi hijo, que lo dejen tranquilo. Es lo único que queremos todos, ahora, después de lo ocurrido: tranquilizarnos.&lt;br /&gt;— Buenas noches —le digo, sabiendo que no voy a obtener respuesta.&lt;br /&gt;Voy al lavabo. La cisterna pierde agua desde hace unos días. Llamé al fontanero. Me dijo: “Mañana estaré ahí”. Mañana era ayer. &lt;br /&gt;Me siento en la taza y me quedo un rato escuchando ese silbido de agua. Creo adivinar la melodía de una antigua canción infantil, aunque no recuerdo la letra. &lt;br /&gt;Afuera, el viento continúa agitando las ramas del árbol, ahora con menos virulencia.&lt;br /&gt;Decido salir al jardín. &lt;br /&gt;Abro y cierro rápidamente la puerta para que no entre mucho aire. Soy consciente de que no he cogido las llaves. &lt;br /&gt;Aunque no ha llovido, el césped está húmedo. Me quito las zapatillas y paseo descalzo. Deben de ser las dos de la madrugada. &lt;br /&gt;Miro hacia arriba y compruebo qué ramas son las que golpean nuestra ventana. &lt;br /&gt;Voy al cobertizo, cojo las tijeras de podar y la escalera. Apoyo la escalera en la fachada y subo hasta el penúltimo escalón. Corto las ramas más cercanas a la ventana. Las contemplo caer y desaparecer en la oscuridad y, en ese momento, pienso que es lo más hermoso que he visto en muchos años. Oigo cómo se estrellan en el césped con un chasquido húmedo y violento. &lt;br /&gt;Miro a través de la ventana. Mi mujer continúa durmiendo. &lt;br /&gt;El viento hace rato que se convirtió en una suave brisa. &lt;br /&gt;Golpeo la ventana con los nudillos con tal de saludarla desde aquí. Al instante, pienso que eso ha sido una estupidez. Por suerte, mi mujer no ha escuchado los golpes. Desciendo con cuidado. Recojo las ramas cortadas y las amontono al lado del cobertizo. Guardo de nuevo las tijeras y la escalera. &lt;br /&gt;Golpeo suavemente la puerta y llamo a mi hijo para que abra. Al cabo de unos segundos, la puerta se abre. &lt;br /&gt;Mi hijo vuelve al sofá mientras yo entro y cierro. &lt;br /&gt;En la pantalla, de nuevo en pausa, la imagen congelada de un hombre que corre por una calle perseguido por otros dos. &lt;br /&gt;“Es inútil que corras. No podrás escapar”, dice el subtítulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-5303682796944017909?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/5303682796944017909/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=5303682796944017909&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5303682796944017909'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5303682796944017909'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2009/12/antigua-cancion.html' title='antigua canción'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-5167269425982425656</id><published>2009-11-08T11:32:00.000-08:00</published><updated>2009-11-08T11:35:15.202-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>la luz de la farola</title><content type='html'>Hay un niño en la acera de enfrente. &lt;br /&gt;No tendrá más de siete años. &lt;br /&gt;Es lo primero que he visto esta mañana, desde la ventana de la cocina: un niño de no más de siete años en la acera de enfrente. &lt;br /&gt;Compruebo el reloj. &lt;br /&gt;Las seis y cuarto. &lt;br /&gt;Todavía no ha amanecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;El niño no parece asustado. De hecho, no parece real. &lt;br /&gt;Apoya un pie en la pared y mete las manos en los bolsillos del pantalón en un gesto inapropiado para su edad. Un asesino a sueldo esperando a su víctima. &lt;br /&gt;Estoy a punto de despertar a mi mujer pero decido quedarme un rato más, como si aquello fuera un acontecimiento que me brinda la naturaleza. &lt;br /&gt;El niño mira a un lado y a otro de la calle sin la impaciencia y la angustia que esperaba encontrar en él. Y es esta falta de impaciencia y angustia la que me hace permanecer inmóvil, de pie, en mi cocina. &lt;br /&gt;Me acerco al interruptor y apago la luz. Ahora lo puedo ver con más nitidez.&lt;br /&gt;Es un niño rubio, con una media melena peinada hacia un lado. Viste jersey rojo y pantalones marrones, quizá de pana. &lt;br /&gt;Por un momento pienso en la grabación de un anuncio: al niño lo hacen posar ahí mientras alguien está preparando las cámaras, los focos, alguien le ha dicho a ese niño “Quédate ahí, apoyado en la pared”, y el niño, acostumbrado al oficio, ha seguido las instrucciones. Pero allí no hay nadie más. En la calle sólo están aparcados mi coche, el de mi mujer y el del vecino de enfrente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continúo ahí de pie. &lt;br /&gt;El reloj marca las seis y media. &lt;br /&gt;Abro la nevera y saco el zumo de melocotón. Me sirvo un vaso mientras sigo observando a esa criatura. &lt;br /&gt;El niño sigue en la misma postura de hace un cuarto de hora. Ahora saca algo del bolsillo. Parece un papel, lo desdobla y lo mira como si pudiera estar leyendo algo. Luego lo vuelve a doblar y se lo vuelve a meter en el bolsillo.&lt;br /&gt;Empieza a amanecer. &lt;br /&gt;Oigo el despertador de mi mujer. Puedo escuchar sus pasos por el pasillo hacia el lavabo. Al cabo de unos minutos viene a la cocina.&lt;br /&gt;⎯Estoy aquí, no te asustes ⎯le digo antes de que encienda la luz.&lt;br /&gt;⎯¿Se puede saber qué estás haciendo? ⎯su voz suena a reproche y a sueño.&lt;br /&gt;⎯Mira ⎯le señalo al niño con la barbilla mientras apago la luz de nuevo.⎯No sé cuánto rato puede llevar ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mujer se acerca a la ventana y se apoya en el lavabo. La luz de la farola ilumina el camisón de una manera fantasmagórica y obscena. Uno de los tirantes va cayendo por el brazo y deja un pecho al descubierto pero, sumida como está en la observación de aquel espectro angelical, mi mujer no es consciente de su gesto. &lt;br /&gt;Contemplo aquel pecho desnudo bajo la luz de la farola mientras mi mujer habla.&lt;br /&gt;⎯¿De dónde ha salido ese pobre niño? ¿Tú lo habías visto antes? ⎯pregunta.&lt;br /&gt;⎯Creo que no ⎯respondo sin quitar la vista de su pecho.&lt;br /&gt;⎯¿Qué quiere decir que crees que no? ⎯me vuelve a preguntar.&lt;br /&gt;⎯ No, no lo había visto nunca ⎯respondo y vuelvo a mirar hacia afuera, el niño todavía ahí, apoyado ahora en el otro pie, las manos en los bolsillos.&lt;br /&gt;Mi mujer se sube el tirante despreocupada, sin dejar de mirar al niño.&lt;br /&gt;⎯ Tendríamos que llamar a la policía, ¿no crees? ⎯propone sin mucho entusiasmo.&lt;br /&gt;⎯ Espera un rato. Quizá esté esperando a alguien ⎯le digo.&lt;br /&gt;⎯ No son ni las siete de la mañana. ¿Quién haría esperar a un niño a estas horas? ⎯pregunta.&lt;br /&gt;Mi mujer también se sirve un vaso de zumo. &lt;br /&gt;Bebemos a oscuras, uno al lado del otro, mientras miramos por la ventana de la cocina. Paso el brazo por encima de su hombro y voy deslizando la mano por su espalda en busca del pecho. Lo acaricio por debajo del camisón. &lt;br /&gt;Mi mujer me mira y pregunta:&lt;br /&gt;⎯ ¿Se puede saber qué estás haciendo?&lt;br /&gt;No sé qué contestarle y retiro la mano con una mezcla de vergüenza y apatía. Dejo el vaso sobre la mesa. &lt;br /&gt;El niño sigue ahí, en la misma postura. Ha pasado casi una hora desde que lo descubrí. Mi mujer continúa observándolo mientras da pequeños sorbos al zumo. &lt;br /&gt;La luz de la mañana lo empieza a iluminar todo. &lt;br /&gt;Se apaga la farola. &lt;br /&gt;El tirante del camisón vuelve a resbalar por el brazo de mi mujer, dejando de nuevo el pecho al descubierto.&lt;br /&gt;⎯ Voy a ducharme. Se me hace tarde ⎯anuncio.&lt;br /&gt;⎯ ¿Tarde? ⎯pregunta mi mujer⎯ Hoy es domingo, ¿dónde tienes que ir?&lt;br /&gt;Una sensación de extraño alivio recorre mi cuerpo.&lt;br /&gt;Vuelvo a la cama mientras mi mujer se sienta en una silla para poder seguir mirando al niño.&lt;br /&gt;Percibo un olor que no reconozco. Supongo las sábanas, un nuevo suavizante.  Aunque no sé por qué no lo había olido hasta ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-5167269425982425656?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/5167269425982425656/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=5167269425982425656&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5167269425982425656'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5167269425982425656'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2009/11/la-luz-de-la-farola.html' title='la luz de la farola'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-2920288856324628684</id><published>2009-10-26T16:26:00.000-07:00</published><updated>2009-10-26T16:31:57.166-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>cría de cebra</title><content type='html'>Ahí estábamos, cenando con los vecinos. &lt;br /&gt;⎯No soporto a estos pesados de mierda⎯ le había dicho a mi mujer hacía tan sólo unos días, el domingo por la mañana, mientras desayunábamos oyendo el ruido de la taladradora.⎯¿Qué les falta por agujerear? Cada domingo igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;A mi mujer no parecía importarle. Comía sus tostadas con la parsimonia propia del que se sabe ganador, el triunfo de la persona a la que se le presenta un día festivo por delante. ⎯Tranquilo, ahora saldremos a dar una vuelta.⎯ Esa era mi mujer.&lt;br /&gt;No sé cómo ni por qué tuvo que llegar el día en que el vecino nos invitase a cenar. Me hubiera gustado visualizar todo el proceso: primer acercamiento, supuesta simpatía, ligera amistad, respeto mutuo, no sé, me hubiera gustado seguir un guión para todo este asunto, un director en el rellano que nos diera órdenes, alguien que cuidara de nuestro vestuario, la luz, no tanta luz, hay demasiada luz en esta escalera, deben haber sombras, esquinas sin luz, el director lo dirigiría todo y yo le pediría el guión del día siguiente para “írmelo mirando, en la cama y eso, antes de dormir”, le diría. Así sí que me gusta hacer las cosas: leer el guión de lo que me pasará mañana.&lt;br /&gt;Pero no hubo nada de eso. Todo fue rápido y absurdo, como unas campanadas de fin de año mientras tu hijo se muere en el hospital.&lt;br /&gt;La cuestión es que ahí estábamos, mi mujer y yo, sentados a la mesa en casa de los vecinos. &lt;br /&gt;Minutos antes estábamos en el sofá. ⎯¿Qué queréis beber mientras acabo esto? ⎯nos preguntó la vecina desde la cocina. ¿Por qué nos lo tuvo que preguntar, gritar, desde la cocina, como si nos conociéramos de siempre? Eso es algo que puede hacer tu madre cuando vas a verla los domingos, pero no una vecina a la que había visto dos veces y de casualidad.&lt;br /&gt;⎯Yo me reservo para la cena. ⎯hice ver que estaba hambriento y que me interesaba lo que pudiera haber preparado para cenar.&lt;br /&gt;⎯Sí, yo también, no saques nada. ⎯dijo mi mujer mientras miraba las paredes como un gato siguiendo una mosca.&lt;br /&gt;⎯¿Qué haces? ⎯le pregunté en voz baja palmeando su rodilla.&lt;br /&gt;⎯¿Te has fijado? No hay ni un agujero, no hay cuadros colgados, ni estanterías, nada en las puertas, mira el pasillo, ¿lo ves?, liso. ⎯mi mujer susurraba todos estos misterios mientras seguía con la mirada una mosca invisible y torpe.&lt;br /&gt;⎯Es verdad. ⎯le contesté. Me molestó que mi mujer se hubiera fijado en eso antes que yo porque era una de las cosas que quería comprobar nada más entrar en esa casa. De hecho, era lo único que me interesaba de esa cena: averiguar a qué venían tantos agujeros. Pero no sé por qué, en cuanto entré en la casa, se me olvidó. Simplemente me senté en el sofá al lado de mi mujer después de haber saludado fugazmente a la vecina, que desapareció por el pasillo hacia la cocina, desde nos hablaba: una prisionera de su propia hospitalidad. &lt;br /&gt;Al cabo de unos minutos llegó el marido. Mi mujer se levantó del sofá para saludarlo y yo me di cuenta de que tendría que hacer lo mismo, y eso fue lo que hice. &lt;br /&gt;El marido era una de esas personas que cuando te estrechan la mano esperan que alguien alabe su fuerza bruta, su fuerza de macho dominante, el hombre de la casa soy yo y así te lo demuestro, esto es lo que mide mi polla, seguro que la tuya no es tan larga ni tan gorda. No sabría decir de qué hablamos allí, de pie, el marido midiéndose la polla y pasándome el metro, mi mujer con los brazos cruzados, sonriendo ante dos niños de cuatro años. Supongo que de cualquier estupidez sin importancia.&lt;br /&gt;Y allí estábamos, sentados a la mesa de los vecinos, dispuestos a cenar lo que la prisionera hubiera querido prepararnos.&lt;br /&gt;La cena transcurría con normalidad, si es que alguien sabe lo que es eso, hasta que la vecina, que iba y venía con platos y cazuelas, preguntó:&lt;br /&gt;⎯¿No tenéis hijos? ⎯soltó esta pregunta al aire y fue volando patéticamente de plato en plato, mojando sus alas en la crema de calabacín, posándose en el pan para acabar en mi tenedor y ser atravesada con una mezcla de furia y hastío. Mastiqué la pregunta poco a poco, haciéndola crujir entre mis muelas, arena en las almejas, mastica veinte veces antes de tragar, y tragando al fin aquellas tres palabras y la interrogación, que fue lijando mi garganta como una patata frita sin masticar.&lt;br /&gt;⎯No. Tuvimos, pero ahora ya no ⎯contestó mi mujer sin levantar la vista del bistec.&lt;br /&gt;La vecina se disculpó con un tímido “lo siento” a la vez que el marido carraspeaba, lo que hizo que la tímida disculpa se fuese a convertir en una patética disculpa ya que, la mujer, al darse cuenta de la coincidencia en el espacio y en el tiempo de sus palabras con el carraspeo del marido y, creyendo no haber sido escuchada, repitió “lo siento”, esta vez un poco más alto, para que mi mujer y yo, pero sobre todo mi mujer, se diera cuenta de que ahí había alguien que la escuchaba, de que podía contar con ella, una amiga para toda la vida. Te hemos oído a la primera, me dije, y luego, a todos: ⎯Si me disculpáis, tengo que ir al baño. ⎯ Me levanté y la vecina me indicó la puerta.&lt;br /&gt;Me senté en el borde de la bañera y dejé pasar un par de minutos. Luego tiré de la cadena, me lavé las manos y salí.&lt;br /&gt;La vecina se había llevado los platos. ¿Puedes volver a traérmelo? No había acabado. Pensé. Ir al lavabo un par de minutos y alguien se lleva algo tuyo, lo tuyo. Esa es la vida. El marido jugaba con el tapón del vino mientras comentaba con mi mujer las últimas reformas de la escalera. Yo hacía ver que escuchaba y que me interesaba el coste de la pintura de la baranda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vecina salió de la cocina con una bandeja repleta de galletas de diferentes tipos. El marido, un niño de cuatro años con la polla más larga que la mía, cogió una antes de que la mujer dejara la bandeja en la mesa y soltó una risotada: ⎯Estas son las mejores ⎯dijo con la boca llena, mientras yo me fijaba en que era la única galleta que quedaba de ese tipo.&lt;br /&gt;⎯Nunca lo sabremos. ⎯pensé, pero  dije en voz alta. Mi mujer me pisó el pie a modo de aviso. Te has pasado, cariño, o, Eres imbécil, cariño. Algo así quiso decir ese gesto arcaico y subterráneo. De todas formas, creo que ninguno de los dos entendió o quiso entender mi frase.&lt;br /&gt;Más tarde la vecina nos ofreció un café. Nosotros nunca tomábamos pero le dijimos que sí, una especie de hermanos traviesos diciendo mentiras. &lt;br /&gt;El marido dijo que tenía que irse y se fue. El trabajo, ya se sabe, dijo antes de salir por la puerta. &lt;br /&gt;Volvimos a sentarnos en el sofá. La vecina se sentó en una butaca a nuestro lado. Puso en marcha el televisor, que hizo un zumbido de central nuclear limpiando desagües, si es que existe ese sonido. Un documental de animales. ⎯Siempre lo tengo en este canal. ⎯La mujer se aposentó en la butaca y cruzó los dedos sobre su barriga. Por un momento pensé que ya no estábamos allí. &lt;br /&gt;En la pantalla, una cría de cebra iba a ser devorada por un cocodrilo mientras bebía en una charca. No había ninguna voz en off que lo anunciara. Simplemente era algo que tenía que ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-2920288856324628684?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/2920288856324628684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=2920288856324628684&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2920288856324628684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2920288856324628684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2009/10/cria-de-cebra.html' title='cría de cebra'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-558688279393637104</id><published>2009-08-09T05:06:00.000-07:00</published><updated>2009-08-09T05:13:04.756-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marklar'/><title type='text'>Nada por aquí.</title><content type='html'>Sujeté con fuerza sus muñecas para evitar que me estrangulara con aquellos guantes blancos manchados de sangre. Me miraba con la sonrisa más malévola que jamás haya visto. Sentía su respiración agitada, escuchaba crujir la pintura seca que cubría su rostro cuando la piel se arrugaba al hacer más fuerza. Dimos media vuelta y me empujó contra las estanterías, junto al sofá.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;    Mi hermano le había contratado para que distrajera a los niños mientras tomábamos unas copas después del pastel. Yo había estado acuerdo, porque sabía que a Celia le entusiasmaban los trucos de magia. El regalo que le compré, un sombrero de copa, no podía ser más adecuado. &lt;br /&gt;   “Los buenos magos no revelan sus trucos”, dijo él cuando le entrevistamos para el trabajo. En aquel momento ni siquiera sentía curiosidad por conocerlos. No había ningún conejo bajo la chistera, no eran ases lo que escondía en la manga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   La sala olía aún a tarta de nata y a cera derretida. Para entonces, en el ambiente flotaba también el olor de la sangre y la carne quemada. El suelo estaba lleno de confeti, serpentinas y collares de papel. Pero no todos los colores eran alegres bajo nuestras pisadas, también corría la sangre de los invitados, del perro…&lt;br /&gt;   Le aparté de una patada en la barriga, dejando la marca de la suela de las botas en su esmoquin de papel. En ese instante, se abalanzó sobre mí con toda su ira sosteniendo un tenedor. Conseguí esquivarlo y le rodeé con los brazos por la cintura. Tropezamos con la mesa y caímos al suelo, junto a la abuela Roberta. Le agarré por el cuello y le di un puñetazo en la nariz. Se tocó el bolsillo de la chaquetilla y surgió de su pajarita un chorro de agua hirviendo, quemándome la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Grité, me froté los ojos y me eché un refresco para aliviar la irritación. Aún tendido en el suelo, el mago murmuró:&lt;br /&gt;  - Celia se presentó voluntaria para el truco, lo hizo muy bien, es una buena chica. Lástima que lo demás muchachos no aguantasen tanto.&lt;br /&gt;    Era un monstruo. Un grandísimo cabrón. Salté por encima de él y me dirigí a la ventana. Sentí sus pasos acercándose detrás de mí. Con los ojos en blanco, el mago quiso lanzarme una silla a la cabeza, pero me agaché y le di una patada en la rodilla. Fui hasta la mesa y cogí el cuchillo que habíamos usado para cortar el pastel. Tosí por culpa del humo que salía de la habitación de juegos. &lt;br /&gt;  - Se puso el sombrero -continuó el mago, relamiéndose el líquido oscuro que brotaba de su nariz- y comenzó a atar a sus amiguitos, tal como yo se lo indiqué. El círculo de fuego es mi juego favorito -avancé hacia él y levanté el arma hasta su cara -. ¿Quiere que le cuente cuál es el truco? Los niños son inocentes -la sonrisa se borró de su cara-. No como usted.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    En el exterior los copos de nieve caían lentamente. Clavé el cuchillo en el pecho y un chorro de agua hirviendo y lodo surgió del corte. Le golpeé en la rabadilla y rompió los cristales, precipitándose al vacío. Aterrizó sobre la nieve produciendo un suave estrépito. Me asomé para asegurarme de que la pesadilla había terminado. Le vi tendido en el suelo, boca abajo, aparentemente muerto. Estuve observándolo unos segundos, el tiempo justo para ver cómo se levantaba, se sacaba el cuchillo clavado en su esmoquin y comenzaba a trepar por la fachada, ágil como una lagartija, con los ojos fuera de sus órbitas. Su estridente risa llegaba a mis oídos, aquel ser no podía ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Me separé del alféizar, no me aventuré a asomarme otra vez por miedo a encontrármelo a pocos centímetros. Anduve deprisa hacia el pasillo evitando mirar en la habitación de juegos, cuya puerta estaba entrecerrada. No pude evitar escuchar los gemidos que surgían del interior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;===================&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-558688279393637104?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/558688279393637104/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=558688279393637104&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/558688279393637104'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/558688279393637104'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2009/08/nada-por-aqui.html' title='Nada por aquí.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-5025094484813323938</id><published>2009-06-26T09:27:00.000-07:00</published><updated>2009-06-26T09:30:39.975-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>la esquina del techo</title><content type='html'>Vinieron las gaviotas y se llevaron a nuestros hijos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;mientras hacíamos cuentas de lo gastado en vacaciones&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y tú me echabas en cara el haberme comprado ese licor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Acurrucados de miedo bajo sus alas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;los dejaron caer al mar cuando nadie estaba mirando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y creo que el agua ni siquiera salpicó las rocas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La esquina del techo que dejamos sin pintar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;parecía entonces de otro color más claro, diferente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y la estuve mirando contigo toda esa tarde y toda esa noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamamos a tu madre y le explicamos lo sucedido&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;empecé a preparar las maletas de siempre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y desde el teléfono me miraste como si nunca me hubieras visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vinieron las gaviotas y se llevaron a nuestros hijos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;por la ventana vi a aquel viejo cortando los alambres&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y me pregunté para qué los querría, precisamente hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La leche de la nevera está caducada, me dijiste,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;llevo algo clavado en el talón desde hace unos días&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y no sabría decirte por qué no te lo había dicho aún.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a la habitación de nuestros hijos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;las persianas estaban subidas pero no entraba la luz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y las arrugas de las sábanas me recordaron un fracaso al acecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche bajamos a la reunión de vecinos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;nunca me había fijado en aquel que llevaba un parche en el ojo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y te observé mientras leías los nombres en los buzones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vinieron las gaviotas y se llevaron a nuestros hijos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la hierba recién cortada volaba de un lado a otro del patio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y alguien gritó a lo lejos algo que no pude entender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos paseando toda la noche, bordeando la costa,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;en busca de alguna señal que nos hablara de ellos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y cuando te quise abrazar tu mirada me dijo algo parecido a un no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego volvimos a casa y te pusiste a pintar la esquina del techo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pero la pintura que utilizaste no era realmente pintura&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y te mentí cuando te dije que lo dejaras, que ya estaba bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía no sabemos nada de nuestros hijos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;lo que empezó como algo extraordinario se ha convertido en rutina&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y nos decimos cosas al oído de tal manera que no nos podamos entender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vinieron &lt;br /&gt;las gaviotas&lt;br /&gt;y se llevaron a nuestros hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-5025094484813323938?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/5025094484813323938/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=5025094484813323938&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5025094484813323938'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5025094484813323938'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2009/06/la-esquina-del-techo.html' title='la esquina del techo'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-5389350056685922392</id><published>2009-04-14T03:58:00.000-07:00</published><updated>2009-06-06T12:04:00.449-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>El mundo de los otros.</title><content type='html'>Se bajó del coche y miró en ambos sentidos de la calle detenidamente, persiguiendo con la mirada la línea blanca discontinua sobre el asfalto negro. Los muros que guardaban a derecha e izquierda los jardines y las casas, los adultos y los niños, se extendían en dos filas interminables hasta donde alcanzaba la vista. La luz del sol reverberaba en ellos de tal manera que uno a continuación del otro parecían formar dos grandes murallas.  Como puzzles discordantes, un fragmento para cada tribu, y ahí, en el centro, contundente, para todos, el río de alquitrán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;        Sobre el alquitrán negro pasó un coche blanco, blanco roto, y él alzó la mano inconscientemente a la sombra humana situada al otro lado del parabrisas. Por un momento parecía haber querido pararlo con la confusa intención de preguntar algo. Algo como:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; —Perdone, ¿sería tan amable de indicarme dónde queda el número 33 de la calle Letedoma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Afortunadamente el conductor no prestó atención a su gesto y siguió su marcha pisando un poco más, intencionadamente o no, el acelerador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El ruido de motor lo hizo tambalearse, revolviéndose con sus pies enmarañados sobre cada uno de los puntos cardinales. Cuando parecía que iba a caerse, sus piernas se decantaron hacia el interior de la acera y su hombro topó con una puerta, cuya pintura gris desconchada parecía caerse a trozos. Al parecer ese era su torpe cuerpo, ochenta quilos de carne y hueso que descubría de pronto bajo su cabeza, enfundados en un traje plomizo y una corbata asfixiante. Su mano de autómata, color sepia, sí, su mano, buscó en el bolsillo derecho del pantalón y sacó, sin pensarlo, unas llaves. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Bastaron un movimiento certero de muñeca y un leve empujón para que la puerta se abriera y, entonces, miró atónito el jardín que le descubría la abertura rectangular de la entrada. Aquel césped era, otro día más, un auténtico desastre. Y el culpable de aquel lamentable desorden, como empezaba a dilucidar, no era otro que el gato de los vecinos, que había vuelto a hacer de las suyas durante la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La idea del gato crispó la expresión de su rostro y, de alguna forma, le obligó a recobrar el sentido y, también, a sentir la vergüenza que empezaba a provocarle su propia actitud. Por primera vez en su vida se había &lt;span style="font-style:italic;"&gt;desorientado. Desorientado &lt;/span&gt;a los treinta y tres años como un viejo aquejado de una de esas penosas enfermedades degenerativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En la puerta había un buzón, en el buzón una abertura y en la abertura una carta colgando a punto de caer al vacío. Una carta que decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt; Carlos y Clara Punzón, calle Letedoma número 33.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sí, aquel era su nombre. Cinco letras una detrás de otra: C-a-r-l-o-s. Y el de su mujer, Clara. Aquella era su casa y, aquel, su desastroso césped. Dio un paso, dos, tres, hacía el interior y cerró cuidadosamente su puerta mientras sus labios esbozaban una tímida pero incontenible sonrisa. Dentro, lo suyo. Fuera, lejos, a pocos centímetros de una puerta y una fina capa de pintura gris desconchada, de un muro en una sucesión de muros y un nombre de una sucesión de cinco letras, sí, lejos, el mundo de los otros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-5389350056685922392?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/5389350056685922392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=5389350056685922392&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5389350056685922392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5389350056685922392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2009/04/el-mundo-de-los-otros.html' title='El mundo de los otros.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-2593506036287239357</id><published>2009-02-07T05:06:00.000-08:00</published><updated>2009-02-07T05:10:53.736-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marklar'/><title type='text'>Rain</title><content type='html'>PARTE II&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1700 años antes:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El sol entró por las rendijas de la cabaña, despertándolo de un sueño profundo y aterrador. Se había enfrentado con aquel malvado tigre que merodea por la arboleda. De nuevo había sentido su cálido aliento en su cuello y su gruñido zumbando en sus oídos. &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Las hojas del álamo cubrían todavía el cuerpo de su hermano dormido, le dio una sacudida en el hombro y abrió los ojos perezosamente. Miró que se le había abierto la herida y unos insectos con alas se estaban dando un festín. Se había caído desde unas rocas mientras jugaba con sus amigos junto al río. ¿Por qué tenía que tener un hermano tan torpe? Sólo era una carga para él en cuanto a cazar se trataba, siempre le retrasaba mientras perseguían una presa para la hora de la cena. Se sentó junto al fuego para saborear un mango y su hermano le dio un golpe detrás de la cabeza. Encima de torpe, idiota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su padre era el jefe de la tribu, un hombre estricto y respetado. Había reunido a varios de sus hombres para organizar una recolecta de madera. Casi todos llevaban grandes pendientes de madera, los de los campesinos eran alargados, los de los guardias tenían forma de caracol y los cazadores llevaban uno en la nariz, atravesado en el tabique. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana húmeda en la selva, los pájaros no cantaban. Y él se había dado cuenta. Normalmente se oye un escándalo considerable cuando el sol está alto en el cielo. Pero en aquel momento, parecían haber desaparecido todos. Fue a hablar con su hermano, que estaba haciendo figuras de barro. A él no le parecía extraño que las aves estuvieran en silencio, decía que quizás no tenían de qué hablar. Qué idea tan estúpida, no sabía por qué había ido a preguntarle nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acompañó a su padre y a los demás labradores para echar una mano en los cultivos. El tiempo había sido óptimo durante el año y podrían pasar el invierno con suficientes alimentos para todos. Anduvieron por las lomas y, desde las alturas, divisaron el terreno que usaban para la agricultura. Fue a contarle lo que había soñado, pero en aquel momento no lo recordaba. Su padre se detuvo y los demás también, se quedaron estupefactos ante los cultivos.¿Qué significaban aquellos círculos que se habían formado? ¿Quién los había trazado con tanta exactitud? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los pocos minutos, casi todo el poblado admiraba aquellas figuras extrañas. Muchos aseguraban que los dioses que habían visitado a sus antepasados habían regresado y les estaban dando señales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prepararon un ritual al atardecer y entonces, cuando el sol descendía y las nubes se teñían de naranja, la luna ocultó el sol. La sombra oscureció sus rostros inquietos. Pensaron que aquello era un mal presagio y decidieron que había que hacer algo para complacer a los dioses. De repente, apareció una sombra negra como la noche por detrás de la sierra. Un grandioso manto cubrió el cielo hasta que las estrellas desaparecieron. Iba acompañado de grandes llamas y destellos que se iluminaban de forma intermitente. Un potente estruendo les sobrecogió. Se situó sobre sus cabezas, se quedó allí flotando mientras aquel juego de luces giraba en las alturas. Surgió un haz de luz celeste que cubrió todo el poblado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No cabía duda de que se trataba de los antiguos dioses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus almas se llenaron de una sensación de bienestar infinita. Poco a poco, notaron cómo una fuerza mística recorría sus venas y sus huesos, entrando por sus orificios e inundando su ser. Su piel comenzó a desprender un fulgor blanquecino. Luego, sus pies dejaron de tocar la hierba. Sus cuerpos eran livianos, se sentían liberados. Curvaron el tronco hacia atrás y ascendieron, ascendieron hacia los cielos como plumas de halcón arrastradas por el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel enigmático y gigantesco objeto fue de pueblo en pueblo buscando a los elegidos y absorbiéndolos. Sus objetivos eran las pequeñas aldeas donde vivían los hombres y mujeres descendientes de los primeros seres humanos que habitaron la Tierra.  Y cuando el planeta Tierra no era más que un lejano punto en la inmensidad del espacio, aquellos individuos fueron trasladados a través de un agujero de gusano a otro universo. Ellos, los parientes lejanos de los homo sapiens sapiens naturales, estaban siendo enviados a distintos planetas para ser vendidos como esclavos. No obstante, se les dijo que, como premio por el trabajo y el esfuerzo constante, sus descendientes tendrían el privilegio de regresar a su hogar y contemplar el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Actualidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin se ha detenido. La lluvia ha cesado. Mira a su alrededor, apoyado en la pared del túnel, con la camisa totalmente sudada y el corazón saliéndose del pecho. Ha llegado la hora de salir al exterior.&lt;br /&gt;Ve que la patrulla policial intenta contactar por radio con las demás patrullas sin obtienen respuesta. El grupo sale a investigar el suceso. Se ponen a hablar y finalmente deciden que la gente puede ir saliendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  - Al habla el agente Jerome Buck -se hizo un silencio sepulcral-. Comunicamos a los presentes que se ha producido un hecho difícil de comprender, pero que temíamos que iba a llegar. Nuestros creadores han llegado para reclutarnos como esclavos, igual que hicieron con nuestros ancestros y con los ancestros de nuestros ancestros. Por favor, por favor, vayan saliendo en orden y en silencio. Ya saben lo que hay que hacer. Mucha suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni siquiera se da cuenta de que camina entre cuerpos mutilados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas puede mantenerse en pie, está muy nervioso e impresionado por aquella gigantesca plataforma de luces y llamas de fuego que se encuentra donde antes estaba el cielo. Una luz celeste ilumina su rostro. Su alma parece calmarse, se relaja y deja que fluya el bien dentro de sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todos comienzan a ascender, ascender hacia los cielos como plumas de halcón arrastradas por el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;=====================&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-2593506036287239357?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/2593506036287239357/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=2593506036287239357&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2593506036287239357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2593506036287239357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2009/02/rain.html' title='Rain'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-2818487644284670420</id><published>2008-12-22T15:52:00.000-08:00</published><updated>2008-12-22T17:24:03.125-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>casa en llamas</title><content type='html'>Cuando mi padre mató a Federico yo tendría unos diez años. &lt;br /&gt;Ya han pasado más de veinte y recuerdo como si fuese ayer la tarde en la que mi padre le dijo a mi madre: Voy a matar a Federico.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba sentado en el sofá viendo la televisión. Mi madre a mi lado, cosiendo el bajo de un pantalón. Entonces mi padre llegó del trabajo, dejó la maleta encima de la mesa del comedor como siempre hacía y, de pie, con las manos en los bolsillos, le dijo a mi madre: Voy a matar a Federico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras salieron de su boca firmes, auténticas, pletóricas, y me recordaron, quizá por la entonación, quizá por esa firmeza con la que salían despedidas, a unos meses atrás, cuando mi padre dijo: El sábado iremos al zoo. Eran dos frases que no tenían nada que ver, está claro, pero hubo algo que las relacionó, no sé lo que fue, ya digo, es difícil de explicar, quiero decir que cuando mi padre dijo &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El sábado iremos al zoo&lt;/span&gt;, lo dijo de tal forma que sabías que aquello era cierto, sabías que el sábado iríamos al zoo. &lt;br /&gt;Y fuimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre dejó de coser y lo miró con extrañeza. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Qué tontería estás diciendo? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Me sorprendió escuchar esa pregunta, ya que era la misma que cuando yo decía que no quería irme a la cama todavía. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Qué tontería estás diciendo? A la cama, he dicho. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Así que durante un tiempo metí en el mismo saco no querer irse a la cama con matar a una persona. Los dos actos eran tonterías.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Por qué dices eso? ¿Qué ha pasado?&lt;/span&gt;, continuó mi madre, que empezaba de nuevo a coser el bajo, como si así pudiera restarle importancia al asunto, como si eso pudiera hacerle cambiar a mi padre de opinión.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ha hecho algo que no debería haber hecho&lt;/span&gt;, dijo mi padre, aún con las manos en los bolsillos, de pie, tranquilo como un fantasma pobre y humilde, muerto ya, fantasma, pobre y humilde. &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Y qué es eso tan grave que ha hecho?&lt;/span&gt;, preguntó mi madre siguiendo con la costura.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Ha perdido unas fotos&lt;/span&gt;, contestó mi padre.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Qué fotos?&lt;/span&gt;, mi madre levantó la vista de su trabajo y miró a mi padre.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Todas nuestras fotos, las de mi familia, mis padres, mis abuelos, las nuestras, todas nuestros viajes, la primera foto juntos, todas, ha perdido todas nuestras fotos&lt;/span&gt;. Mi padre caminaba por el comedor.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Y qué hacía él con nuestras fotos? ¿Para qué se las dejaste?, ya sabes como es Federico&lt;/span&gt;, mi madre empezó a levantar la voz.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No grites. Se las dejé porque su hijo tenía que hacer un trabajo en el colegio. Algo de un árbol genealógico, no sé, qué más da, la cuestión es que las ha perdido todas, los tres álbumes que le dejé.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡Oh, Dios!&lt;/span&gt;, mi madre empezó a llorar. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Pero, ¿dónde las ha perdido?, ¿cómo ha podido perder tres álbumes?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No lo sé. Esta mañana al llegar a la oficina es lo único que me ha dicho, que ha perdido las fotos, que no sabe dónde están, que lo siente mucho pero que las ha perdido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡Pues que las siga buscando! ¡Maldito retrasado! ¡Las cosas no se pierden así como así!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Da igual. Mañana lo mataré. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras de mi padre, aunque no lo eran, sonaron tranquilizadoras. &lt;br /&gt;En aquel momento pensé que matando a Federico mi padre haría aparecer las fotos y mi madre dejaría de llorar. &lt;br /&gt;Hoy, más de veinte años después, nada de estas dos cosas ha sucedido todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡No digas más eso, por favor te lo pido! ¡Eso no es motivo para matar a nadie! ¿Desde cuándo vas tú matando a la gente? ¡Oh, Dios, nuestras fotos, por favor!&lt;/span&gt;, sollozaba mi madre.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Está bien&lt;/span&gt;, concluyó mi padre.&lt;br /&gt;Recordé entonces, allí sentado en el sofá, una conversación que mantuvieron unos amigos de mis padres que vinieron hace un tiempo a cenar. El amigo le preguntó a mi padre que qué salvaría de su casa en llamas. Mi padre le contestó: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las fotografías. Lo demás lo puedo comprar poco a poco. Mis recuerdos, no.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde quedó rota para siempre. &lt;br /&gt;Y nosotros con ella. &lt;br /&gt;La frase de mi padre rasgó la tarde de arriba a abajo con un chasquido inesperado y salvaje, y nosotros, mi padre, mi madre y yo, dentro de esa tarde y de ese chasquido, no tuvimos más remedio que rasgarnos de arriba a abajo también. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente mi madre vino a recogerme al colegio. &lt;br /&gt;Subimos al coche en silencio, llegamos a casa, merendé, hice los deberes y me senté en el sofá. &lt;br /&gt;Luego se hizo de noche, cenamos los dos juntos y me acosté. &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-2818487644284670420?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/2818487644284670420/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=2818487644284670420&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2818487644284670420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2818487644284670420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/12/casa-en-llamas.html' title='casa en llamas'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-4077970880824244469</id><published>2008-12-14T09:04:00.000-08:00</published><updated>2008-12-14T09:05:50.011-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marklar'/><title type='text'>Rain</title><content type='html'>PARTE I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche ha tenido uno de sus habituales sueños. Sucedía en la playa, pero no en cualquier playa, estaba en el campamento de verano. Todo parecía más estrecho y alto de lo habitual, como si alguien hubiera estado jugando con las escalas del espacio. Las olas de color azul mate oscuro se alzaban y rompían casi verticalmente. Lo que no recuerda es si podía escuchar el rugido de la espuma. &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Por mucho que lo intenta, no puede reconciliar el sueño. Al cabo de unos minutos suena la radio-despertador. ¿De qué sirve que suene si ya está levantado? Está a punto de comenzar otro rutinario día, así que pone el piloto automático y realiza el programa Casa-Universidad: viaje de ida. Para desayunar se prepara unos cereales. Los engulle sin apenas disfrutar de su autentico sabor a chocolate. Se viste con la ropa de diario que tenía preparada. Comprueba satisfactoriamente que lleva todo lo necesario en la mochila, recordando lo que le toca hacer hoy. Enchufa el reproductor de música para que lance aleatoriamente melodías a sus desgarrados tímpanos, coge las llaves y se dirige a la parada del autobús. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más llegar a la calle alza la vista y chasquea los labios cabreado al ver las impresionantes nubes. Regresa al piso, coge el paraguas y vuelve a salir. El chico que reparte periódicos gratuitos le planta un ejemplar en los morros con la rapidez de un lince y no puede esquivarlo. Como de costumbre, la cola del autobús es muy larga y no puede subirse al primero que llega pues se llena enseguida. Abre la última página del periódico para leer lo que más le cautiva, el tiempo, la programación de la televisión y el horóscopo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Signo: Se presenta una gran oportunidad en tu vida así que aprovéchala. La alineación de los planetas beneficia a tu campo económico, invierte. La canción que, de pronto, reciben sus oídos le encanta así que acompaña el ritmo de la batería con los dedos de los pies. Y de postres, el autobús asoma el morro por la esquina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez se ha situado entre la barra de metal, el bolso de una señora y el cochecito de un bebé, el conductor arranca el vehículo y éste se introduce por la oscura boca del túnel. Se desanima al pensar en la aburrida jornada que le espera, no sólo en su facultad sino también al salir de clase. Es curioso, ya no se acuerda de lo que había soñado. Algo sobre el mar, seguramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay retenciones en la salida del túnel, pero no le importa demasiado ya que sigue sin llegar tarde. El atasco es importante, así que mira por la ventana para distinguir el final de la hilera de coches. Se sorprende al ver que hay un montón de gente de pie sobre el asfalto, al final de la vía. Se quita los auriculares y apaga el reproductor para escuchar los comentarios de la gente. Al parecer nadie sabe nada concreto. El conductor les comunica que no les permiten salir del túnel y que permanezcan tranquilos. “Eso nunca significa nada bueno”, piensa él. Se abren las puertas y, mientras algunos deciden quedarse dentro, él decide bajar para investigar. Nunca había andado antes dentro de un túnel. Mientras pasea entre los coches, observa con atención las caras de angustia de los demás pasajeros teñidas por la luz naranja del lugar. Escucha algunos comentarios entre el gentío tales como: “No dejan que nos acerquemos”, “Han bloqueado las salidas y nadie puede salir”  Divisa algunos coches patrulla aparcados junto a los últimos vehículos, en el interior del recinto. Quizás ha volcado algún camión con residuos tóxicos o se ha producido un derrumbamiento. Pero no, allí fuera ocurre algo diferente. El caos es demasiado evidente.  Los guardias miran hacia arriba constantemente. ¿Qué es ese ruido?&lt;br /&gt;Algo cae del cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empieza a correr entre la multitud pues no puede ver lo que pasa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces les ve. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que presencia no tiene sentido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está lloviendo gente. &lt;br /&gt;Resulta inquietante escuchar el sordo chasquido de los huesos al partirse en vez del dulce golpeteo de las gotas de agua. Los cuerpos húmedos se deslizan hacia la oscuridad anaranjada del recinto. Aquellas carnes desgarradas y huesos dislocados le producen más nauseas que todas las películas de terror que ha visto juntas. Muchos se desmayan, conmocionados, pero las ambulancias no podrán llegar para ayudarles, todo está colapsado. Intenta llamar a alguien pero el móvil no funciona, seguramente porque los cuerpos deben de haber roto los repetidores y antenas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pequeño pelotón policial indica a los presentes que se aparten de la entrada mientras intentan detener el río de cuerpos. Nadie da explicaciones. Nadie responde a sus preguntas. Todos dicen lo mismo: “No lo sé”. Las cabezas ruedan hacia el interior como sandías machacadas. Son las cabezas de los que caen del cielo. Al verlos se da cuenta de que son hombres y mujeres de tiempos remotos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruido se intensifica, es como un trueno que nunca acaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puede soportar aquella pesadilla más... El calor, el ruido, el olor... Las luces naranjas se apagan y comienza el infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-4077970880824244469?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/4077970880824244469/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=4077970880824244469&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4077970880824244469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4077970880824244469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/12/rain.html' title='Rain'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-5277003949618335226</id><published>2008-11-17T12:41:00.000-08:00</published><updated>2008-11-17T13:22:21.860-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>nieve sucia</title><content type='html'>Un carruaje aparece por la izquierda de la imagen.&lt;br /&gt;Tres caballos, quizá cuatro, lo arrastran.&lt;br /&gt;Hace frío.&lt;br /&gt;Nieve sucia en el suelo.&lt;br /&gt;De los caballos emergen montañas de humo, como si se hubiesen acabado de caer a las brasas.&lt;br /&gt;Un hombre con sombrero se detiene ante la imagen y deja pasar a los caballos y al carruaje, que hace un giro extraño y sigue hacia la derecha.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Más allá, dos monjas caminan una detrás de la otra, quizá buscando una solución, quizá nada.&lt;br /&gt;Aquí, un perro se lame las heridas, la herida, una herida.&lt;br /&gt;En primer plano y acercándose hacia nosotros, dos soldados armados pasean como no queriendo llegar nunca.&lt;br /&gt;Quizá porque ya encontraron la solución, quizá porque no encontraron nada, quizá porque no hay nada que buscar ni que encontrar.&lt;br /&gt;Más allí, una familia llora la muerte de un hijo. La madre trae ropas blancas consigo para tapar al hijo muerto tendido en el asfalto, en la tierra, en el suelo. Detrás, familiares, quizá amigos, quizá conocidos, quizá gente que pasaba por allí y se detuvo ante tal imagen.&lt;br /&gt;Al fondo, unas casas bajas en las que nadie abre la ventana para mirar.&lt;br /&gt;En uno de los tejados, un perro aúlla, o eso es lo que esperamos que haga.&lt;br /&gt;Sin apenas importarle mucho la escena anterior, un niño apunta a otro en la cara con una pistola de juguete. El niño apuntado sonríe dejando ver sus dientes estropeados, como si quisieran decirnos que lo que importa no es la pistola sino la bala. A su lado, una niña se agacha y mira a cámara sonriendo también, quizá para que veamos que sus dientes quieren decir lo mismo.&lt;br /&gt;A lo lejos, un hombre pasa por la calle tocando el violín. Lo acompaña un niño descalzo y otro más pequeño que parece perdido, o quizá ya encontrado.&lt;br /&gt;El hombre mantiene una actitud solemne mientras el niño descalzo representa la desolación.&lt;br /&gt;De todas formas, a ninguno de los dos parece importarle nada.&lt;br /&gt;Dentro de una casa, en una habitación oscura, una mujer de pelo cano se lleva algo a la boca.&lt;br /&gt;No podemos ver qué es. Quizá porque sea algo muy pequeño, quizá porque no sea nada, quizá porque no nos importe.&lt;br /&gt;Hay en su mirada algo que nos dice que ya estamos muertos. Al menos a ella no le importa si lo estamos o no.&lt;br /&gt;En la puerta, a la sombra de la ropa tendida, un perro se lame las heridas, la herida, una herida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Influenciado por el relato &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Dentro del encuadre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt; de Robert Coover y acompañado de fotografías de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;La cámara lúcida&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt; de Roland Barthes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-5277003949618335226?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/5277003949618335226/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=5277003949618335226&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5277003949618335226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5277003949618335226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/11/nieve-sucia.html' title='nieve sucia'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-4423791234964849446</id><published>2008-11-09T08:34:00.000-08:00</published><updated>2008-11-09T08:35:26.448-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marklar'/><title type='text'>Fiesta en la Mansión Q</title><content type='html'>Aquella noche se celebró el aniversario de la bienaventurada Monie Q. 18 años. La gran mayoría de los invitados habían cuidado su aspecto al máximo: trajes caros e impecables, peinados de treinta dólares y, algunos de los familiares de Monie, ostentaba alguna piedra preciosa. Los mortales como yo, con nuestra elegancia innata, no necesitábamos parecer árboles de navidad.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Allí me encontré con Roofy, mi compañero de juergas desde que tengo memoria, junto a la mesa de los montaditos. &lt;br /&gt;- ¡Ahí estás! ¿Cómo te va?- le dije y nos dimos un fuerte abrazo.&lt;br /&gt;- Sabes que bien, tío. Qué “mona” va Monie.- sus ojos se desviaron hacia un grupo de muchachas junto a unas cortinas azules. Se apoyó en mí y ladeó la cabeza hacia ellas- Dichosos los ojos,- asentí sonriente.- veinte a uno a que la de la derecha lleva relleno en los pechos.&lt;br /&gt;- Vaya, ¿no es Alice?&lt;br /&gt;- Sí, eso parece. Ahora no se junta tanto con Monie, será que ha madurado.- una cabeza apareció entre nosotros.&lt;br /&gt;- Hola canijos.- espetó Terence.- Probad esto,- dijo mostrando un pedazo de empanada que sostenía con los dedos pringosos, aunque gran parte de ella se encontraba ya alrededor de los labios.- Están junto a las cortinas azules.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato, mientras acechábamos por la zona de las cortinas azules, la madre de Monie decidió que había llegado el momento de abrir los regalos que los invitados nos habíamos molestado en comprar. Y lo típico, sus amigas del alma le compraron algo que la hizo gritar de ilusión y se abrazaron durante tanto rato que me dio tiempo de ir a comer algún canapé más. Entre varios habíamos reunido algo de dinero para comprarle un detalle, más por compromiso que por otra cosa. Su reacción fue una resplandeciente sonrisa, un “muchas gracias, de verdad” y dos besos; supongo que fue justo. Cuando terminó de abrir los últimos paquetes, los de sus familiares, se hizo el brindis por la salud y la felicidad de la bienaventurada Monie Q. En aquel momento, las copas chocaron y un temblor extraño sacudió la sala de celebraciones. Entonces mi amigo Roofy desapareció de mi lado. Los demás invitados comenzaron a correr y a dar gritos como locos, entre empujones y codazos. A los pocos segundos, parecía que un torbellino hubiera azotado la sala de celebraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos desaparecieron, menos yo, que me quedé de pie en medio de la sala vacía, como el que no ha entendido el chiste, paralizado por la confusión. De repente me entró un miedo difícil de describir, me contagiaron aquella necesidad de refugio de la que estaban poseídos los invitados, así que busqué un lugar donde ocultarme. Pero no lo encontré. Abría armarios y estaban ocupados, revisaba tras las cortinas y encontraba a la gente con los ojos cerrados, rezando. ¿Amy, la gótica, rezando? ¿Terence, el machaca-huesos del colegio, llorando? No debía perder la calma. Al fin y al cabo aquello era de locos. ¿Por qué estaba todo el mundo tan asustado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente pude notar que una presencia extraña había invadido el lugar. Un hedor nauseabundo llegó a mi como un golpe bajo, me doblegó y me obligó a seguir caminando con la nariz tapada. Ya había sentido aquel olor antes, durante una extraña pesadilla. Pero era imposible, ¿acaso podemos distinguir los olores en nuestros sueños? Fue uno de aquellos momentos en los que sucumbes a la paranoia, te sientes acosado por tus pesadillas y notas que no puedes hacer nada para escapar. Las luces parpadearon. Recorrí el pasillo del segundo piso con la esperanza de poder esconderme. Podía escuchar las respiraciones agitadas de los demás tras las paredes. Leves gemidos que surgían de todas partes. Pero lo peor era aquel silencio y la ignorancia que lo alimentaba. Aquella peste durante mi pesadilla había parecido tan real.&lt;br /&gt;Finalmente encontré a Roofy. Quería respuestas y él me las iba a dar. ¡Joder si me las iba a dar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Roofy, ¿qué sucede? ¡Contesta, Roofy!- grité.- ¿A qué viene todo esto? No me hace ninguna gracia.- trató de decirme algo, pero no pude comprender su balbuceo. Sus ojos estaban absortos. Se quedó sentado en el suelo y levantó la mano para señalar con el dedo algo que estaba detrás de mí. Me giré y descubrí horrorizado al demonio de peluche gigante. No podía mover un músculo mientras se acercaba y su sombra oscurecía mi insignificante cuerpo. Me abrazó con sus gruesos brazos y me ahogué en sus blandos pliegues de algodón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;==================&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-4423791234964849446?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/4423791234964849446/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=4423791234964849446&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4423791234964849446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4423791234964849446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/11/fiesta-en-la-mansin-q_09.html' title='Fiesta en la Mansión Q'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-1173282463837185955</id><published>2008-11-07T11:09:00.000-08:00</published><updated>2008-11-07T12:15:45.727-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>Improptu 1</title><content type='html'>El tiempo no pasa cuando miras el reloj y se escapa lento cuando dejas de mirarlo. El tiempo son las gotas de la ventana. Y lluvia. Y no puedo salir al jardín porque lo ha dicho papá. La bici se moja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Aquí tienes, tu regalo de cumpleaños. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Voy a salir ahora mismo a dar una vuelta. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — No. No puedes salir a dar una vuelta. Falta la cadena. Te la compraré la semana que viene. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Es igual. ¿Qué más da la cadena?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Ah, ¿quieres que alguien te robe la bici?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Es igual. Nadie va a robarme la bici. Es nueva. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Por eso. Es nueva. Te la van a robar si sales a la calle sin cadena.  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — No voy a dejarla sola. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — ¿Te crees que el dinero sale de los árboles?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Voy con la bici. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;       Silencio y mi cabeza como en el fuego azul que da el gas en la cocina. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Papá, voy a salir con la bici. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;     Veo su mirada y me duele el pecho. No me duele, me...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Papá, voy...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Haz lo que te dé gana. Aquí cada uno... los dos hacéis lo mismo. Sí. Tu madre hace igual. Hacéis los dos lo que os da la gana.&lt;br /&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span&gt;Bobo &lt;/span&gt;&lt;span&gt;vuelve a escarbar en la tierra del jardín. Se moja y se ensucia de barro; papá le dará en el hocico. ¡Bobo a la bici ni te acerques!&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;Me ahogo, llueve en mi cara.&lt;br /&gt;— Papá... —no me sale la voz —. Papá...&lt;br /&gt;— ¿Qué?&lt;br /&gt;— Alguien me ha robado la bici.&lt;br /&gt;No hay gritos. ¿No hay gritos?&lt;br /&gt;— Ya sé que te la han robado. Te lo dije.&lt;br /&gt;— Lo siento, papá. Lo siento...&lt;br /&gt;Más lluvia en mi cara. Truenos en mi boca.&lt;br /&gt;— Está en el garaje.&lt;br /&gt;— ¿Mi bici? ¿En el garaje?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;     Estaba en el garaje, estaba en el garaje, estaba en el garaje...&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — ¡Tú me la has robado!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Así aprenderás a hacerme caso. Podría haber sido cualquiera. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  El pasillo es muy largo y... ¿la cocina? La cocina huele. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Mamá, papá me ha robado la bici. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Mamá ahora no puede cariño, está haciendo la cena. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  Las escaleras chillan si las subes corriendo. La habitación esta fría.&lt;/span&gt; Fría como ahora el comedor. Ahora llueve pero el otro día hacía sol. Sol pero también frío como el tobogán del parque en Navidad. Quiero salir a jugar con la bici. La bici está mojada. Y el tiempo no pasa.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; — Papá, quiero tener ya la bici. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — No hasta tu cumpleaños. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — ¡Pero yo la quiero ya!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  Espera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Papá...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — ¿Qué?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — ¡Qué la quiero ya!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Cállate. No sabes más que lloriquear.   &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Pero...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;  — Pero nada. Eres un malcriado impaciente. Tu madre te ha hecho todo un señorito. Un señorito que tiene que tenerlo todo cuando quiere. No puede ser un segundo más tarde. ¡No! Tiene que ser en el mismito instante que lo desea, y a los demás... ¡a los demás que nos fastidien!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El reloj tiene cuatro números. El tiempo pasa rapidísimo cuando voy con la bici. Aquí, no pasa.&lt;br /&gt;— Papá cuando miro el reloj la hora no cambia. ¡El tiempo no pasa!&lt;br /&gt;Su risa y la cocina y el fuego azul.&lt;br /&gt;— ¿Papá?&lt;br /&gt;— Ese reloj no da los segundos. Eres tan impaciente que no eres capaz de mantener la atención en el reloj ni siquiera el suficiente tiempo para ver como cambia el minutero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí. La bici estaba en el garaje. Ahora está en la calle y se moja. Y papá sigue parado como el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-1173282463837185955?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/1173282463837185955/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=1173282463837185955&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/1173282463837185955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/1173282463837185955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/11/improptu-1.html' title='Improptu 1'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-8303562030741383503</id><published>2008-10-27T13:24:00.000-07:00</published><updated>2008-10-27T14:39:05.354-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>vida de greta</title><content type='html'>Fue durante una cena cuando Greta me lo propuso.&lt;br /&gt;Me pareció una locura.&lt;br /&gt;Por eso le dije que sí.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Greta había venido a casa. Hacía mucho que no nos veíamos. Estaba desanimada. Le pregunté qué estaba haciendo y me dijo: No hago nada, Alfred. Nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos la cena hablando de películas, que era lo único que hacía Greta, ver películas.&lt;br /&gt;Entonces, ya en los postres, me dijo: Alfred, necesito que me hagas un favor. Necesito que me escribas la vida.&lt;br /&gt;Al principio pensé que se trataba de una broma, escribirle la vida a alguien sólo puede sonar a broma. Pero después de un rato comprobé que Greta hablaba en serio.&lt;br /&gt;Te lo digo en serio, Alfred. No sé qué hacer con mi vida, no sé qué hacer, ¡no hago nada! Escríbemela. Te lo ruego.&lt;br /&gt;Era algo totalmente descabellado como para ser cierto. &lt;br /&gt;Alguien te pide que le escribas lo que ha de vivir. &lt;br /&gt;Una biografía al revés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí aceptar el reto y a la mañana siguiente me puse a escribirle la vida a Greta.&lt;br /&gt;En el primer folio, en letras mayúsculas: VIDA DE GRETA.&lt;br /&gt;Empecé por mejorar su aspecto físico. La apunté a un gimnasio, le hice ir a la peluquería, luego a rayos uva, no sé por qué hice esto último, supongo que quería que cogiese un poco de color después de estar enclaustrada en casa durante tanto tiempo.&lt;br /&gt;Luego le encontré un trabajo. Estuvo sólo unos meses porque hice que no le convenciera mucho y, además, no le pagaban bien. Al poco tiempo encontró uno nuevo, con horarios flexibles y un sueldo mucho mejor. Hice que un compañero de trabajo se enamorase de ella pero al poco tiempo no me convenció porque me pareció estúpido y lo borré sin que dejase rastro. &lt;br /&gt;Al día siguiente de su desaparición, nadie en la oficina preguntó por él. Porque yo no quise.&lt;br /&gt;También le compré un gato al que llamé Salem. &lt;br /&gt;Al cabo de unos meses concreté una cena sorpresa en su casa. Hice venir a sus padres, sus hermanos, sus tíos que hacía tanto que no veía y, finalmente, a sus abuelos, que habían muerto hacía unos años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasado un tiempo hice que me viniera a ver y le escribí, claro, lo que me tenía que decir. &lt;br /&gt;Pasamos un rato agradable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pasaron los años y hoy todavía le escribo la vida a Greta.&lt;br /&gt;Ella dice que es feliz, que nunca ha sido tan feliz como ahora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche le he escrito que venga a verme.&lt;br /&gt;Me preguntará: ¿Qué es de tu vida?, ¿qué haces?, y yo le diré: Nada, Greta, no hago nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esta noche dejaré de escribirla. &lt;br /&gt;Y se quedará conmigo para siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esto ella todavía no lo sabe.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-8303562030741383503?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/8303562030741383503/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=8303562030741383503&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8303562030741383503'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8303562030741383503'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/10/vida-de-greta.html' title='vida de greta'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-5743605780591365473</id><published>2008-10-24T15:30:00.000-07:00</published><updated>2009-09-19T03:20:47.922-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>Finales comienzos.</title><content type='html'>Clara y yo nos conocimos hace ya treinta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Treinta años y un día:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  — No he encontrado el atún en el supermercado.&lt;br /&gt;  — ¿Qué no había atún en el supermercado?&lt;br /&gt;— Claro que había atún en el super, Clara. Había montonoes y montones de latas de atún allí, cariño —apenas pude articular la palabra "cariño" a causa de lo mucho que me rechinaban los dientes. "Cada vez me revientas más, Clara" pensé rabioso y dije en voz alta —. Dos estantes llenos, repletos hasta los topes de latas de atún. Dos estantes sólo para el atún en el supermercado.&lt;br /&gt;  — Ah, ¿y entonces? —su voz me llegaba desde alguna habitación de la casa.&lt;br /&gt;— Pues que no tenían el atún que nos gusta. No tenían ni una sola lata de "Atunes al Peso".&lt;br /&gt; — Jo, ¿tampoco tenían queso? ¿Y entonces?&lt;br /&gt;— No, caramelito... —da igual, ella tampoco me oía —. Queso sí tenían. Un estante frigorífico lleno de queso, cariño. Quince mil tipos diferentes de queso en el supermercado. ¿Sabes cuántos tipos de queso diferentes hay, cariño? ¿eh? Quince mil más o menos.&lt;br /&gt; — ¿Y entonces?&lt;br /&gt; — Y entonces no he encontrado atún en el super. Amor, caramelito, pichoncito...&lt;br /&gt; — Pues podrías haber comprado ese... ese atún que tanto nos gusta...&lt;br /&gt; — ¿"Atunes al peso"?&lt;br /&gt; — No, cariño. No hay queso. Por eso te dije que lo compraras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí fue cuando llegamos a nuestro punto de inflexión.&lt;br /&gt;Dije: "Ah". Y seguí leyendo el periódico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Treinta años y dos días:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  — ¡Ah! ¡Sí!&lt;br /&gt;  — ¿Qué? ¿Qué ocurre? —pregunté después de estar a punto de lanzar el periódico por los aires asustado por la reacción inesperada de Clara.&lt;br /&gt;  — "Atunes al peso". Así se llama el atún que me gusta.&lt;br /&gt;  — Ah, ¿sí?&lt;br /&gt;  — Sí, sí. A ti seguro que te gustaría.&lt;br /&gt;  — Lo probaremos entonces. Esta misma noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche no probamos el atún de la célebre marca comercial "Atunes al Peso". Freí un poco de carne en nuestra incombustible sartén de la marca "Nogancha".&lt;br /&gt;  — Las "Noganchas" son para toda la vida —me dijo el hombre que me la vendió. Y había resultado ser del todo cierto: las "Claras" te acaban fallando pero las "Noganchas" permanecen fieles hasta el final. Es así de cierto.&lt;br /&gt;Respecto al atún de "Atunes al Peso", no lo volví a probar jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Treinta años y tres días: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba completamente absorto en las noticias del periódico. Cuanta desgracia. Huracanes en América, inundaciones en Asia meridional, pobreza... Sí, eso lo pasaba rápido. Me traía sin cuidado. En cambio, la sección de sucesos era algo tan sublime que no podía dejar de leer ni por un momento. Sólo el darme cuenta de pronto de que alguien me estaba observando mientras leía, sólo eso podía desengancharme de los sucesos . ¿Por qué?  Por una solo razón: me sentía desnudo, me sentía avergonzado si alguien me observaba mientras leía los artículos de la sección de sucesos. Simplemente.&lt;br /&gt;Bajé el periódico y la vi de pie, mirando con la boca entreabierta. Clara era realmente guapa y aquella postura, que en ella era demasiado común, le daba un aspecto horroroso. Como si se tratara de alguien con un discapacidad psíquica al que de un momento a otro le tiene que caer la baba porque no puede controlar las reacciones de su propio cuerpo. Alguien deficiente como aquella niña a la que su padre había matado junto a su esposa justo antes de suicidarse, no hace tanto, en Melida provincia de A Coruña. Antes de volarse la tapa de los sesos con el mismo arma que había usado para asesinar a sangre fría, a quemarropa, a su mujer y a su hija, escribió una breve nota. Una nota que decía solamente: "Lamento no haber pillado a mi suegra". Menudo chiflado. Aquello era horrible. "¡Dantesco!" había sentenciado el reportero gallego.&lt;br /&gt;Me irritaba tanto aquella postura vulgar de mi mujer... tanto que con tal de que dejara de hacerlo podría llegar a hacer cualquier cosa. Dije:&lt;br /&gt;  — ¿Ya has limpiado el lavabo?&lt;br /&gt;  — Sí, lo he dejado como los chorros del oro. Se podría comer en el suelo de ese lavabo sin peligro alguno.&lt;br /&gt;Dije:&lt;br /&gt; — Sublime...&lt;br /&gt;Y pensé: "Dantesco".&lt;br /&gt;Pero a pesar del "sublime" ella no parecía conforme. Atacó sin fuerza, pero con ahínco:&lt;br /&gt;— Antes no me ayudabas nada en casa. Antes nada. Y ahora me ayudas en casi todo. Casi te tengo que suplicar que me dejes limpiar el lavabo a mi sola. ¡No puede ser! ¡Así, no!&lt;br /&gt;Yo estaba indignado.&lt;br /&gt;— Bueno, bueno... hago lo que puedo... todo lo que puedo... joder... ¡estoy pre-jubilado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, nuestra realidad seguía distorsionándose irremediablemente. Parecía que nos bombardeaban letales ondas. Ondas electromagnéticas de alta frecuencia como aquellas que emitía una torre de alta tensión al lado de un colegio y que provocaban cáncer a niños y profesores en el pueblo de Cilleros, provincia de Cáceres. Pero sobretodo a los niños por el escaso grosor de su corteza cerebral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Treinta años y cuatro días: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  — ¡Joder! ¡Qué susto! ¿Qué haces ahí de pie mirando como leo el periódico?&lt;br /&gt;  — No, nada. No sabía que te gustaba leer el periódico.&lt;br /&gt;  — Sí, sí —dije desabrido—. Cada mañana leo el periódico.&lt;br /&gt;La miré de arriba abajo. Desde sus pies enfundados en unas zapatillas rojas con la cara de Betty Boop hasta su boca terriblemente entreabierta. En la mano derecha llevaba una sartén de la marca "Nogancha" que parecía bastante vieja. Por lo menos debía tener treinta años.&lt;br /&gt;  — ¿Qué haces con esa sartén?&lt;br /&gt;  — No sé. Te iba a preguntar por ella. No se que hace aquí. ¿Te suena de algo?&lt;br /&gt;  — Pues no, no me suena de nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Treinta años y cinco días: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello era impresionante. Increíble. "Un hombre de Barcelona, provincia de Barcelona, despierta un día y ve consternado que su mujer, con una sierra de marquetería, le ha cort...&lt;br /&gt;— ¡Cariño! ¡Cariño!&lt;br /&gt;—¡¿Qué?! ¡Estoy leyendo el periódico! ¡Ahora no! ¡Ahora...&lt;br /&gt;— ¿El periódico? —preguntó extrañada —. Vaya, bueno... es que...&lt;br /&gt;— ¿Qué ocurre?&lt;br /&gt;— Nada... sólo que... ¿sabes de dónde han salido estas zapatillas de andar por casa?&lt;br /&gt;— ¿Esas zapatillas rojas con el dibujo de Betty Boop?&lt;br /&gt;— Sí.&lt;br /&gt;— Pues no. No tengo ni idea de dónde han salido —pensé en ello durante dos segundos y dije al confuso —. Quizás te las compré yo. No sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los días. Cada vez hubo más nerviosismo, pero sobretodo, más inseguridad. Más desconfianza hacia nuestra vida, hacia Clara. Hasta que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Treinta años y veintinueve días: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé el periódico y vi a una mujer que ya había visto antes. Me miraba embelesada, con la boca entreabierta. Era muy hermosa y esa postura, aunque poco favorecedora, le daba cierto encanto. Cierto encanto de persona observadora, inteligente. Nos observamos durante bastante tiempo y entonces ella me preguntó:&lt;br /&gt; — ¿Y tú quién eres?&lt;br /&gt; — Me llamo Juan —respondí suspirando.&lt;br /&gt; — Encantada de conocerte, Juan. Yo me llamo Clara.&lt;br /&gt; — Hola, Clara. Un placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Treinta años y treinta días:  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabé de leer la sección de sucesos. Doblegué el periódico y me lo puse bajo el brazo. En ese instante vi a una mujer. Ella se dio cuenta de que la estaba mirando y me fulminó con su mirada. Una mirada que me reventó por dentro. Una mueca de desprecio que me hirió en lo más profundo de mi orgullo. Nadie más que ella podía reflejar tanta desconfianza en una sola fracción de segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Sí, treinta años y treinta días después Clara y yo habíamos dejado de conocernos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-5743605780591365473?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/5743605780591365473/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=5743605780591365473&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5743605780591365473'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/5743605780591365473'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/10/finales-comienzos.html' title='Finales comienzos.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-2192076565751686348</id><published>2008-10-17T15:02:00.000-07:00</published><updated>2008-10-25T16:00:02.882-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>El nombre del gato.</title><content type='html'>Llegado el momento, empecé por las patas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;No lo hubiera hecho si mi mujer no me hubiera abandonado. No si aquella mañana de domingo, medio adormilado, hubiera lanzado el brazo hacia su lado de la cama y hubiera encontrado su cuerpo enfundando en la blusa de seda. Aquella blusa que, en algún momento que casi ya no recordaba del pasado, yo mismo había mantenido a ralla para colarme entre sus piernas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;Lancé el brazo pero no encontré nada. En ese momento pensé que se habría levantando pronto para ir a correr o para adelantar trabajo entre sus montones de papeles en la mesa del comedor. No era así. No estaba en casa. Ni había salido a correr. Su ropa de deporte seguía en el armario junto a todos sus pantalones, camisas, camisetas, abrigos, jerseys... Allí también estaban las maletas. Detalle que me alivió la preocupación, al menos, hasta que la llamé al móvil. Entonces me enteré de que había dado de baja el número. Tuve una sospecha y acerté. Llamé al banco. Alguien había retirado el cincuenta por ciento de nuestros ahorros. Había &lt;span style="font-style: italic;"&gt;sido considerada&lt;/span&gt;, se había llevado su parte y había desaparecido dejándolo todo atrás. Se había fugado con una sola muda, por lo que era evidente que se había ido con otro. Otro que mantendría a ralla la blusa a partir de ahora. Otra blusa, claro, la que usaba para dormir cuando estábamos juntos la encontré al pie de la cama. La llevé conmigo varios días, mientras aún esperaba que volviera. Arrepentida, quizás. Torturada por la necesidad de tenerme a su lado. Sin embargo, cuanto más intentaba pensar que ella no tardaría en darse cuenta del inmenso error que había cometido, más daño me hacía el pensar que estaba alimentando falsas esperanzas, que ella por fin había encontrado la felicidad lejos de mí. ¿Y si yo estaba llorando y ella riendo? ¿Y si yo notaba el vacío mientras ella notaba como su vacío, para el que ya había creído que no había solución alguna, empezaba a llenarse?  Llevé la blusa en la mano izquierda durante esos días, durante mis fantasmales paseos por el piso, durante las horas y horas que me pasaba echado en el sofá mirando el blanco del techo. Cada pocos minutos me la llevaba a la cara e inspiraba con todas mis fuerzas. Aún quedaba allí su fragancia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba en el paro y apenas tenía relación con el mundo. Dos factores determinantes para que me encerrara a cal y canto en el piso. Aún así, no estaba solo. Mi mujer no sólo se había dejado la ropa, las maletas y sus papeles. Se había dejado también a su gato. Un gato siamés de grandes ojos azules llamado Little Clown. Le había dicho varias veces lo estúpido que era aquel nombre. La verdad es que muchas veces le decía cosas a mi mujer que sonaban mal, que le hacían daño, y nunca supe decirle que lo sentía. "Tú no te das cuenta, pero haces daño con esos comentarios" me decía constantemente. Se equivocaba. Se equivocaba por completo. Sí, me daba cuenta. Sí. Siempre, siempre sentía el daño que estaba haciendo. Y lo peor es que eso me convertía en alguien aún más despreciable. En vez de dar un paso hacía adelante, más allá de la invisible empatía que convertida en una acción de perdón aliviaría el dolor de mi mujer, se me ocurría decir como un bribón sinvergüenza: "Es así, es así. Yo soy sincero, ¿preferirías que no lo fuera? ¿Preferirías que te mintiera?". Podía oler en aquella blusa esos momentos. La incomprensión, el amor propio... sus muecas histéricas. Ella me miraba y decía: "¿Sincero? Vete a la mierda". Al final, supongo que al ver que no me iba a la mierda, decidió tomar la iniciativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podía vivir sin mi mujer. Perfectamente. La cosa entre nosotros iba mal. Siempre había ido mal. Y bien. También bien. No era una relación fácil, era una relación de dos personas, dos elementos complejos. Una persona es algo complejo. Es algo complejo que quiere ser simple a toda costa. Quiere ser simple para no tener miedo. Me asustaba mucho el pensar en como lo complejo supera con creces a lo simple. Queremos imponer lo simple, pero lo complejo rebosa. Y me asustó también el que una mañana, un mes después de que me abandonara, desaparecieran su ropa y sus maletas. Entonces, casi a punto de perder la cabeza, revisé toda la casa de arriba abajo. Desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche busqué desesperadamente una señal, una nota de despedida... Algo. Un "adiós". O mejor. Un "que te zurzan". Algo.&lt;br /&gt;Nada. No encontré nada. Sólo su blusa en el suelo, en el mismo sitio que yo mismo la había dejado por la mañana. Volví a cogerla para llevarla conmigo al sofá. Volví a seducirla y a susurrarle gimoteando: "lo siento".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como algo normal en la sucesión de los acontecimientos, al día siguiente, desapareció el armario. ¿Qué cómo había conseguido llevárselo sin despertarme? No tenía la más mínima idea. Yo tenía suficiente con su blusa y con mi dolor. Eso lo ocupaba todo. Al día siguiente, sábado, me desperté y no estaban las mesitas de noche. El domingo me quedé sin televisión y sin algunos cajones de la cocina. El lunes sin mesa del comedor y sin estantería de libros. El martes sin libros, sin cama de invitados y sin retrete. Así hasta que no quedó absolutamente nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvía a ser lunes y yo me despertaba tendido en el suelo de una habitación vacía. Me pasé horas vagando por el piso palpando las paredes como si acabara de quedarme ciego y estuviera completamente desorientado en mi propio cuerpo. Se había llevado las ventanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté veinticuatro horas después y vi que al piso le faltaban metros cuadrados. En tres días perdí las habitaciones, la cocina, el lavabo... Todo menos el comedor. Allí estábamos yo y Little Clown, y más que nunca tuve la convicción de que ese era el nombre más estúpido que alguien podría ponerle jamás a un gato. Estaba rabioso. Suerte que aún me quedaba la blusa. La blusa a la que cada noche se habían aferrado mis manos para que no desapareciera junto a todo lo demás. Aquel desasosiego era insoportable. No obstante, en ningún momento se me pasó por la cabeza salir por la puerta. Ni siquiera sabía ya si tenía puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco, a cada noche que pasaba, el comedor se iba haciendo más pequeño. Y más pequeño. Y, entonces, ocurrió una desgracia. Me desperté y Little Clown se estaba comiendo la blusa.  Se comía la blusa y me miraban sus ojos azules, esos ojos azules que me producían escalofríos, esos ojos azules que me decían: "Tú no te das cuenta, pero haces daño con esos comentarios". Y ese nombre: Little Clown. Ese ser que había recibido más caricias de mi mujer en el último mes que yo en los cinco últimos años. ¡Se estaba comiendo la blusa! La blusa y su fragancia. La blusa y su amargura. En ese instante sentí que no me quedaba nada e iracundo golpee a Little Clown en la cabeza. Con la mano izquierda. No tardó en sangrar por la boca. Había perdido la consciencia. Uno de los dos había perdido la consciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando clavé mi primer mordisco en la pata del felino aún podía notar como respiraba. Sí, claramente, Little Clown estaba vivo cuando lo devoré.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-2192076565751686348?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/2192076565751686348/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=2192076565751686348&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2192076565751686348'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2192076565751686348'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/10/el-nombre-del-gato.html' title='El nombre del gato.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-6280300409337651717</id><published>2008-10-13T10:45:00.001-07:00</published><updated>2008-10-13T13:06:25.868-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>Alburquerque</title><content type='html'>Todo empezó una noche oscura de sol radiante. &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Hacía tanto frío que Roy se puso una camiseta de tirantes y los pantalones cortos que se compró el otro día en una tienda que estaba de liquidación, una tienda de un centro comercial de las afueras, un centro comercial en crisis en el que casi todas las tiendas estaban cerradas, un centro comercial espléndido, sufriendo una crisis espléndida, magnífico centro comercial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes, claro, se había levantado de un salto de la cama, perezoso como cada mañana de noche oscura de sol radiante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin hambre, Roy se preparó dos huevos fritos, seis trozos de beicon, tres tostadas con mantequilla y mermelada que devoró lentamente, y un litro de zumo de pomelo, que engulló con parsimonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se duchó, se secó, se lió un porro, se lo fumó, se peinó y, ahora sí, como hacía tanto frío, se puso una camiseta de tirantes y los pantalones cortos de los que hablamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir a la calle, el sol radiante de aquella mañana de noche oscura le cegó y Roy tuvo que abrir bien los ojos debido al sol radiante del que acabamos de hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaba por la calle sin rumbo fijo, sin saber muy bien adónde ir, casi tambaleándose no se sabe muy bien por qué, si por el porro, por los seis trozos de beicon, por el litro de zumo de pomelo, no se sabe muy bien por qué, dijimos. Así que caminaba tambaleándose, como un majestuoso guepardo por la sabana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su teléfono sonó, el móvil de Roy sonó mientras éste se tambaleaba como un guepardo orgulloso. Roy sacó del bolsillo el móvil, sacó de su bolsillo su móvil no sería correcto debido a la repetición del &lt;span style="font-style:italic;"&gt;su&lt;/span&gt; posesivo, así que Roy sacó del bolsillo el móvil, aunque &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Roy sacó de su bolsillo el móvil&lt;/span&gt; estaría bien, y también &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Roy sacó del bolsillo su móvil&lt;/span&gt;, pero lo dejaremos como al principio, porque ya sabemos que tanto el bolsillo como el móvil son suyos. &lt;br /&gt;Así, Roy sacó del bosillo el móvil. &lt;br /&gt;Miró la pantalla. &lt;br /&gt;Brenda llamando. &lt;br /&gt;Responder. Cancelar. &lt;br /&gt;Como Roy tenía muchas ganas de hablar con Brenda, apretó rápidamente el botón de Cancelar y se volvió a guardar el móvil en el bolsillo y continuó caminando majestuoso tambaleante, quizá por el porro, por el beicon, en fin, de esto ya hemos hablado y no tiene el más mínimo interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roy, ya con el móvil de nuevo en el bolsillo, llegó a su trabajo. &lt;br /&gt;Aquí sí que se puede utilizar el posesivo. ¿Por qué? Porque queda bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en su trabajo, pasó seis horas sentado en una silla de madera observando a personas que miraban cuadros y se fue.&lt;br /&gt;Al salir ya era de día y en aquella zona donde estaba situado su trabajo, un polígono industrial, las farolas habían sido magistralmente reventadas a pedradas por niños y padres y madres y abuelas, por familias enteras las farolas habían sido magistralmente reventadas, así que ahora, al salir Roy de su trabajo, de día y sin farolas, poco se podía ver en esa zona. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminando de vuelta a casa un coche le hizo luces y se detuvo a su lado. &lt;br /&gt;El conductor bajó la ventanilla del acompañante. &lt;br /&gt;Roy se acercó. &lt;br /&gt;El conductor le extendió la mano en la que llevaba algo. &lt;br /&gt;Roy extendió la suya esperando recibir aquello que contenía la mano del conductor. &lt;br /&gt;Entonces el conductor soltó un chicle en la palma de la mano de Roy y dijo: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Tíralo por ahí, anda&lt;/span&gt;. &lt;br /&gt;A lo que Roy, lleno de rabia y furia y melancolía y amor, contestó:&lt;span style="font-style:italic;"&gt; De acuerdo, así lo haré&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en casa, se tumbó en la cama, cogió el móvil y llamó a Brenda. No lo cogió. Tres veces la llamó. No lo cogió ninguna vez, dijimos. No lo cogió. Es decir, no hubo comunicación entre Roy y Brenda. Así que Roy le envió un mensaje: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Hola Brnda. Me gustaría follarte ahora mismo. ¿Es posible? Si es que sí, no vengas a mi casa. Si es que no, ya sabes donde vivo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;A los pocos minutos Roy recibió un mensaje: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Su saldo actual está a punto de agotarse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un rato, da igual cuánto sea, una hora, dos, qué más da, un rato, un rato, después de un rato alguien llamó a la puerta. &lt;br /&gt;Roy pensó: Esa es Brenda, que no quiere follar. &lt;br /&gt;Fue a abrir. &lt;br /&gt;Un hombre con camisa de franela a cuadros estaba apoyado en el marco de la puerta cuando Roy abrió. Lo hacía como quien llega cansado, o como quien está derrotado por la vida, o como quien quiere apoyarse en el marco de una puerta. &lt;br /&gt;Roy le preguntó: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Le puedo ayudar en algo?&lt;/span&gt;, a lo que el hombre de camisa de franela a cuadros contestó: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Me llamo Frederic y nací en Alburquerque, Nuevo México&lt;/span&gt;. Y Roy le preguntó: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿No Alburquerque, Badajoz?&lt;/span&gt; Y el hombre de camisa de franela a cuadros contestó: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;No, Alburquerque, Nuevo México&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Está bien&lt;/span&gt;, dijo Roy. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Adiós&lt;/span&gt;, dijo el hombre de camisa de franela a cuadros. &lt;br /&gt;Antes de cerrar la puerta, Roy se quedó mirando a aquel hombre de camisa de franela que ahora se alejaba y bajaba las escaleras hacia la calle. ¿Y si no me estaba mintiendo?, pensó Roy. &lt;br /&gt;Cerró la puerta y se volvió a tumbar en la cama. &lt;br /&gt;Sonó el móvil. &lt;br /&gt;Brenda llamando. &lt;br /&gt;Responder. Cancelar.&lt;br /&gt;Cancelar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-6280300409337651717?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/6280300409337651717/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=6280300409337651717&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/6280300409337651717'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/6280300409337651717'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/10/alburquerque.html' title='Alburquerque'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-3306848427727004666</id><published>2008-10-11T14:42:00.000-07:00</published><updated>2008-10-11T14:43:41.359-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marklar'/><title type='text'>APERTURA 10am – CIERRE 5pm</title><content type='html'>Era una de las mejores mañanas de junio: En el zoo se respiraba tranquilidad antes de su apertura, el aire balanceaba las hojas de los árboles, el sol acariciaba las caras de los entusiasmados invitados y había un tráfico espantoso. &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Las travesuras de los chimpancés hacían las delicias de los más pequeños, los leones, estirados en las grandes losas de piedra, eran objetivos de las cámaras de video y las panteras acechaban cerca de las vallas a los extranjeros perdidos que buscaban la zona de los reptiles en el mapa. Al cabo de unas horas, el número de visitantes había aumentado considerablemente. El calor se fortalecía, los mosquitos comenzaban a molestar y las colas del baño eran kilométricas. Los búfalos miraban con descaro a la multitud amontonada al otro lado del cerco mientras paseaban por el borde de la zanja. Las cebras se perseguían por la pequeña sabana, jugando con sus compañeras las jirafas, que saciaban su delicado apetito con las ramas de una alta acacia. Los hipopótamos se daban un agradable chapuzón en su estanque y los tigres dormían tumbados al sol, ajenos al vocerío humano. Los pájaros sobrevolaban sus nidos mientras las crías asomaban sus picos sobre las ramitas oteando a la muchedumbre que intentaban fotografiarlas por entre las cabezas de los demás individuos. Los loros discutían sobre la calidad de los frutos secos ante las miradas inquietas de los niños.Entrada la tarde, el ambiente estaba demasiado cargado, los hombres y mujeres del parque estaban cada vez mas nerviosos, los flashes de las cámaras empezaban a ponerles histéricos y el vocerío les alteraba los nervios. Algunos se encaraban y lanzaban sus puños contra sus contrincantes, golpeándose el pecho clamando por su territorio. Los más jóvenes escapaban corriendo o se subían a los árboles, esquivando las represalias. Las cebras dejaban de jugar, los pájaros volvían a los nidos para proteger a sus hijos asustados, los tigres rugían y los búfalos sacaban sus cámaras de vídeo digitales. La situación requería la inmediata actuación de los guardias. Disparaban dardos tranquilizantes para detener su huida y atizaban con sus látigos a las crías enfurecidas.&lt;br /&gt;Al caer la noche, el parque cerró sus puertas y los animales se fueron a sus casas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;==============&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-3306848427727004666?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/3306848427727004666/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=3306848427727004666&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/3306848427727004666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/3306848427727004666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/10/apertura-10am-cierre-5pm.html' title='APERTURA 10am – CIERRE 5pm'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-1638528711850171050</id><published>2008-10-03T15:01:00.000-07:00</published><updated>2009-01-01T03:55:36.225-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>Dos hombres y un ataúd.</title><content type='html'>Ancla sus manos en el cristal protector y cuando sus ojos se humedecen para desprenderse de las primeras lágrimas echa la cabeza hacia atrás como si quisiera invertir el proceso: llorar hacia dentro para no manchar el cristal bajo el cual descansa el muerto.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Aún así, RIGOBERTO no está seguro de que en ese ataúd esté realmente su amigo. Una persona le parece algo demasiado grande como para caber en esa exigua caja de madera. A pesar de ello, él había acabado con su vida mucho antes de que su corazón dejara de bombear sangre, mucho antes de que su cerebro dejara de albergar los impulsos eléctricos que creaban ese universo llamado DARL. RIBOBERTO sigue mirando hacía arriba para no llorar. Mira al techo porque no cree que más allá haya cielo alguno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su espalda está el otro hombre que presencia el velatorio. Sólo son dos. Y el cadáver. BURMÁS no mueve ni un solo músculo de su cuerpo. Rígido, preso de una tensión desproporcionada, mira al suelo como si quisiera desaparecer en él. Espera encontrar una pequeña grieta en las baldosas para bajar al infierno y cruzar las llamas con la esperanza casi esquizofrénica de no encontrar en las entrañas de la tierra a su amigo DARL.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (como saliendo de un breve sueño)&lt;/span&gt;.  Si todo el mundo tuviera un tercer brazo, Burmás... ¡ay si todo el mundo tuviera un tercer brazo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(desabrido, molesto por la intervención de RIGOBERTO que ha roto el hilo de sus pensamientos)&lt;/span&gt;. ¿Un tercer brazo? ¿Para qué tendría alguien que tener un tercer brazo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. Por eso. Por eso mismo se me ha venido a la cabeza esa idea descabellada. Si todo el mundo tuviera un tercer brazo y con él una tercera mano con la que permanentemente sujetará una pistola que apuntará a su cabeza... ¿sabes que pasaría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(seco)&lt;/span&gt;. Me da igual. No es el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. Sí, lo es. Burmás, aquí no hay nadie. Es el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Aquí está Darl.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(presionando sus puños contra el cristal)&lt;/span&gt;. ¡Aquí no hay nadie!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Mierda, Rigo. Mierda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO (recalcitrante). ¿Sabes que pasaría? Si todo el mundo tuviera una tercera mano con una pistola permanentemente apuntando a su cabeza... ¿sabes que pasaría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(irritado, queriendo resolver cuanto antes)&lt;/span&gt;. ¿Qué pasaría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(empezando con un susurro y levantando el tono de voz muy poco a poco, de manera casi agresiva&lt;/span&gt;). Pues que no existiría ese "todo el mundo". No habría humanidad. Por voluntad propia, en un momento u otro, la gente apretaría el gatillo y se volaría la tapa de los sesos. Así, por cualquier cosa. Yo mismo lo haría. Lo haría por cualquier tontería. Sólo necesitaría un pequeño motivo, da igual cuál fuese siempre y cuando me provocara una de esas sensaciones de furor. Uno de esos arrebatadores impulsos... ¿Sabes de lo que te hablo? Por tres segundos te hierve la sangre, contraes tu mandíbula y algo se contrae dentro de ti... Apretaría el gatillo una y cien mil veces... Y no podría arrepentirme porque estaría muerto. Si, en cambio, pudiera pensar después de hacerlo seguro que me parecía la tontería más grande del mundo. Pensaría: ¡cómo pudiste hacerlo pedazo de inútil! No hay nada más importante que la vida... mi vida... y... &lt;span style="font-style:italic;"&gt;(voraz)&lt;/span&gt; en cambio, hay momentos, instantes, milésimas de segundo, que la vendería... ¡mi vida! la vendería por darme el placer de abordar a la nada. Porque sí. Por destruir. Por... por morir. Por la más absoluta nimiedad. Bueno, nimiedad, por ese mismo tipo de nimiedad que se acumula con tantas otras nimiedades y que hace de una persona inteligente, sensible, un drogodependiente a los sesenta años. Simplemente, llevas sesenta años llevando una vida normal y de repente necesitas el Prozac como el comer. Eso si no te pegas un tiro o te cuelgas en el porche de tu casa. ¡A los sesenta años! Yo no tengo porche, quizás es una idea demasiado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (sin poder aguantar más la verborrea de su amigo. En un tono lastimoso).&lt;/span&gt; ¿Por qué piensas en eso ahora? Darl acaba de morir...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO (como repitiendo una voz interior).  Darl acaba de morir...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. ¡Rigo! ¡Basta! ¿No puedes guardar silencio? ¿No puedes llorarlo en silencio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. No. Sabes que no me puedo callar. No puedo. Me aterra el silencio. Y aquí más. Tengo la impresión de que si dejo de hablar y esto se queda en silencio, Darl empezará a torturarme. Empezará a hablar y a decirme... y a preguntarme... Rigoberto, ¿por qué no hay nadie en mi entierro? ¿Por que sólo estáis vosotros, mis amigos del alma? Y yo... yo no sabría qué decirle... la droga...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. ¡Calla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. Lo siento. Lo siento, Burmás. Intentaste ayudarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(rugiendo)&lt;/span&gt;. Cállate. Tú no sabes nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. Sé lo que tengo que saber. Esto también ha sido un palo muy duro para mí. Y sé lo que significa para ti. Lo siento tanto, Burmás. Pero era el destino... era lo que le tenía preparado a Darl, no hay más remedio que asumirlo... es el destino lo que ves al otro lado de este cristal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (paralizado por una extraña sensación. Sin comprender)&lt;/span&gt;. ¿El destino?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. Sí... las drogas lo destruyeron. Estaba escrito que esto acabaría así. Su familia renuncio a él... sus amigos... su mujer. Sólo quedamos tú y yo. Y tú intentaste que trabajara en el taller donde trabajas. ¿Cuánto duró? ¿Seis meses?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(con un hilo de voz apenas audible)&lt;/span&gt;. Cinco meses, quince días, dieciocho horas... en el taller...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿Cinco meses has dicho?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Sí. Eso. Eso he dicho. Cinco meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. Demasiado duro el taller para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(apunto de echarse a llorar)&lt;/span&gt;. Demasiado duro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO: Demasiado sucio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Demasiado sucio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. Demasiado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(voz aterradora que retumba en el ataúd)&lt;/span&gt;. ¡BASTA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(aterrado por las palabras del muerto da un salto).&lt;/span&gt; ¡¿Qué?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(girándose asustado por el grito de BURMÁS).&lt;/span&gt; Pero, ¿qué te ocurre? ¿A qué ha venido eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (petrificado, señalando el ataúd). &lt;/span&gt; Él... él... él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿Él? ¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Él, él... él ha habl...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(con voz estentórea) &lt;/span&gt;¡BASTA! ¡BASTA, BURMÁS!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(resignado, preso en una especie de delirio)&lt;/span&gt;. Sí... basta... Darl... basta...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿Pero te has vuelto loco? ¿Qué te ocurre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Yo... Él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. ¡BASTA he dicho! ¡BURMÁS! Tú no trabajas en un taller...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Yo no trabajo en un taller...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿Qué? ¿A qué viene eso? ¿Dónde trabajas sino?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. Es sólo una mafia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Es sólo una mafia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. La droga... tu me metiste en ese mundo....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. La droga... yo te metí en ese mundo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿A quién? ¿A Darl? ¿Tú? ¿En la droga?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. Tú me destruiste...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Yo te destruí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿Qué? ¿Pero con quién hablas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. ¡BASTA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. ¡Basta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. Fuiste tú...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Fui yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿Tú qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. Tú me mataste...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Yo te maté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. ¿Qué? ¿Por qué? No. No me vengas con esas. Tú no, tú no lo mataste. ¿Con quién hablas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. Te pagaron para que lo hicieras...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Me pagaron para que lo hiciera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIBOBERTO. No, no... no digas tonterías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. Yo os quise engañar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Él nos quiso engañar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DARL. Yo estaba acabado, yo estaba muerto de todas maneras...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS. Tú estabas acabado de todas maneras... tú... tú... (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;haciendo un ímprobo esfuerzo) &lt;/span&gt;tú estabas muerto de todas maneras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;BURMÁS abre los ojos de par en par y se mantiene a la espera. Sólo recibe silencio del ataúd. Poco a poco comprende que todo se ha terminado. De repente sus piernas le fallan y cae al suelo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Adoptando una posición fetal &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; emite un grito desgarrador y empieza a llorar desconsoladamente. RIGOBERTO ha dejado de apoyarse en el cristal y se ha vuelto hacia BURMÁS. No para de repetir una y otra vez lo mismo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO. No, tú no. No. Pero, ¿por qué? ¿por qué?  ¿por qué? ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (balbuceando entre gemidos)&lt;/span&gt;. Nunca pensé en hacerlo... No. No lo iba a hacer, no... Él tuvo un mal gesto... él... delante mío... tuvo... y yo... y en mí... el se echó a reir... en mí un impulso. Un impulso fatal. ¡Y el dinero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIGOBERTO &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Las palabras de su amigo le suenan a algo que ha dicho, pero no es capaz de conectar con la realidad, ni siquiera con el pasado más inmediato. Todo ha sido muy rápido, la estructura que se ha alzado durante años se ha deshecho con demasiado celeridad. Intenta recuperar el aplomo en vano).&lt;/span&gt; ¿Un impulso? ¿Un impulso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BURMÁS sigue llorando. Palpa todo su cuerpo con sus manos temblorosas. Busca su tercer brazo, su tercera mano y su pistola. No la tiene. Tampoco tiene porche, ni valor. Lo único que tiene es la seguridad de que no habría arrepentimiento  si lo hiciera. Ahora su vida desaparecerá con las cenizas de DARL. Polvo, vida y más polvo.  Y, quizás, gracias al médico, quilos de Prozac.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-1638528711850171050?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/1638528711850171050/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=1638528711850171050&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/1638528711850171050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/1638528711850171050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/10/dos-hombres-y-un-atad.html' title='Dos hombres y un ataúd.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-7897925043209442478</id><published>2008-09-29T14:52:00.001-07:00</published><updated>2008-09-30T12:30:14.048-07:00</updated><title type='text'>hasta que se hizo de noche</title><content type='html'>En el parque él siempre jugaba solo, dibujando mares en la arena.&lt;br /&gt;Un día ella se le acercó y le regaló un caramelo. &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Luego estuvieron jugando mucho rato, hasta que se hizo de noche y casi no se veían. &lt;br /&gt;Al día siguiente ella se le volvió a acercar y le regaló otro caramelo. &lt;br /&gt;Él sonrió y luego estuvieron jugando mucho rato, hasta que se hizo de noche y se les durmieron las manos.&lt;br /&gt;Pero al tercer día ella no vino. &lt;br /&gt;Él se quedó sentado en el banco, dibujando mares en la arena. &lt;br /&gt;Cuando se hizo de noche, se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pasaron los días y ella no venía. &lt;br /&gt;Él guardaba los envoltorios de los caramelos y los olía para hacerla aparecer. &lt;br /&gt;Luego, volvía a dibujar mares en la arena.&lt;br /&gt;Pasó el invierno y llegó la primavera.&lt;br /&gt;Pero ella seguía sin aparecer. &lt;br /&gt;Y los envoltorios ya no guardaban su olor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, después de dibujar el mar más grande de los jamás dibujados en la arena, decidió ir a buscarla.&lt;br /&gt;Se quitó las zapatillas y se sumergió en el mar que acababa de dibujar.&lt;br /&gt;Buceó durante mucho tiempo. &lt;br /&gt;Vio delfines, ballenas, caballos, jirafas, árboles, estrellas de mar, peces multicolores, autobuses, bicicletas y arrecifes de coral. &lt;br /&gt;Todo iba a cámara lenta.&lt;br /&gt;Algunas veces paraba a descansar. &lt;br /&gt;Se sentaba en una roca submarina y miraba el paisaje. &lt;br /&gt;Cruzó todo el mar buceando. &lt;br /&gt;Cruzó todo el mar para buscarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que un día ella apareció.&lt;br /&gt;Estaba sentada en un coral, haciendo pompas de jabón.&lt;br /&gt;Él se sentó a su lado y le sonrió.&lt;br /&gt;Ella le regaló un caramelo.&lt;br /&gt;Él le dibujo un mar en el fondo marino.&lt;br /&gt;Entonces se cogieron de la mano y se zambulleron en el mar que acababa de dibujar.&lt;br /&gt;Y bucearon mucho rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que se hizo de noche.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-7897925043209442478?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/7897925043209442478/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=7897925043209442478&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/7897925043209442478'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/7897925043209442478'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/hasta-que-se-hizo-de-noche.html' title='hasta que se hizo de noche'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-8444772533125227295</id><published>2008-09-28T12:30:00.000-07:00</published><updated>2008-09-28T12:35:42.325-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marklar'/><title type='text'>Multihistoria</title><content type='html'>Notó que su cara ardía cuando su nombre se escuchó por aquellos altavoces. Se abrazó con sus compañeros, todavía no se lo podía creer. &lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Ante la algarabía del público, avanzó por la alfombra roja para recoger el premio de la academia de cine al mejor guión original, se sentía pletórico. Intentó recitar el discurso lo más rápido posible, pues su timidez no conocía limites. Entonces un mal paso le hizo caer de la tarima. Levantó tímidamente la cabeza hacia la promoción de 1982 de su instituto, viendo como sus compañeros soltaban algunos gritos y carcajadas: por algo le habían otorgado el premio al más torpe de la clase. Las risas inundaron la estancia y su rabia desembocó en un llanto inconsolable. No quería comer nada más, estaba cansado y tenía sueño; su padre, que sostenía la cucharada de natilla en el aire, intentó calmarlo. Lo apoyó en su hombro, después lo agarró con una mano y extrajo unos apuntes del carpesano. Hacia diez años que trabajaba en aquel distrito, anduvo vigorosamente por el pasillo de la oficina abanicándose la cara, tratando de soportar con buen humor aquel agotador día de trabajo. Se quitó el jersey para guardarlo en la taquilla y Messi cogió el desodorante para echárselo por el cuerpo. Cerró la taquilla del gimnasio y se colgó la bolsa en el hombro mientras se dirigía hacia la salida. Se preparó y lanzó una patada contra la puerta, que se abrió de par en par, sus hombres entraron tras él con la mirada fija en el interior, apuntando con sus rifles de asalto la oscuridad de aquel almacén abandonado. Dando un par de gritos, los hombres de nacionalidad rusa que formaban parte de la mafia se echaron al suelo asustados. Mientras los esposaban y les recordaban sus derechos, uno de los mafiosos apareció de detrás de una caja y disparó al dirigente del SWAT. Poco a poco, a medida que su boca se llenaba de agua, la cabeza del payaso fue hinchándose. El payaso número cinco fue el primero en estallar y el niño ganador saltó de alegría; el feriante le otorgó un peluche rojo gigante como premio. El chaval ya no tenía más manos para llevar consigo aquel trofeo: llevaba un algodón de azúcar, un helado y varios globos, así que decidió tirar el algodón de azúcar en la papelera más cercana, con un espectacular mate. Dos puntos subieron al marcador y el equipo local se avanzó en aquel momento, ganando por dos tantos de diferencia. Estaba en juego el campeonato y el equipo rival vio frustrados sus esfuerzos para mantener el liderazgo en el juego cuando apenas faltaban unos pocos segundos para la finalización del partido. El entrenador pidió el tiempo muerto, debían organizar una ofensiva que no pudiera fallar. En la reanudación, todos los ojos estaban clavados en el escolta. El pívot pasó el balón al base, que lo condujo rápidamente hasta medio campo, el escolta se situó en un lateral del área, recibió el esférico, tiró y anotó los tres puntos. La sirena sonó. El entrenador saltó de gozo del banquillo y se abrazó con su ayudante, la lluvia caía sobre sus cabezas. Habían planeado ese encuentro, en aquel país remoto, tras finalizar la carrera, pues sus ajetreadas vidas de estudiantes no les dejaban tiempo para estar juntos; era hora de recuperar lo perdido. Ahí estaba la cafetería, donde tuvo lugar su primer encuentro, durante el verano de hacía seis años, ahí estaba su mesa, donde sus miradas se encontraron. Se sentaron y pidieron algo que tomar, daba igual el qué, se quedaron pensativos, tenían tantas cosas que contarse que era complicado comenzar, él desvió la mirada hacia la ventana, donde el paisaje cambiaba de forma incesante. El traqueteo del viejo ferrocarril hizo que varias maletas cayeran al pasillo, el profesor se levantó y recogió su equipaje de mano que había caído al suelo. Uno de sus inventos salió disparado haciendo un ruido estridente, despertando a varios pasajeros que estaban dormidos. Siguió sobrevolando el vagón ante el asombro de todos, dejando una estela de humo, mientras trataba de atraparlo, pero finalmente atravesó el cristal y se perdió para siempre. Se asomó y vio la avenida principal de la ciudad, donde los coches circulaban ruidosamente y con prisa. Dedujo, por aquel amontonamiento de papeles que había en su escritorio, que aquel día tampoco podría ver a sus hijos, había pasado la semana en otra ciudad dando conferencias, y ahora, estando tan cerca de casa, sabía que no podría disfrutar tampoco de un tiempo libre con sus muchachos. Odiaba recibir su llamada y repetir aquella frase, “lo siento, tengo mucho trabajo” Parecía una excusa barata, pero era la realidad. Abrió el ordenador e introdujo su clave de acceso. Se ajustó las gafas, el sudor le resbalaba por la nariz... decidió escribir su carta de dimisión.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-8444772533125227295?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/8444772533125227295/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=8444772533125227295&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8444772533125227295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8444772533125227295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/multihistoria.html' title='Multihistoria'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-2732631560281266853</id><published>2008-09-26T13:41:00.000-07:00</published><updated>2008-09-27T02:15:43.246-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>El que acecha cerca.</title><content type='html'>A veces, cuando cierro los ojos, cuando me atormenta él, el que acecha cerca, demasiado cerca, regreso a la extraña ciudad que conocí hace treinta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Cruzo de nuevo su plaza Vieja y vuelvo a admirar aquel monumento central que parece nacer de la bruma pétrea. En un instante, me encuentro en otra parte de la ciudad, recorriendo su celebre puente sobre el río M. Salgo de la torre Blanca y andando por entre los Santos de arenisca que rezan bajo sus coronas doradas llegó a la otra torre, la Negra. Allí, como hace treinta años, encuentro a un hombre, un Vagabundo, que permanece agachado con las rodillas y la frente clavadas en el suelo, ocultando la cabeza entre los antebrazos y curvando la espalda para dar la forma definitiva a la quietud que se centra en sus manos. Las manos que, a modo de altar, sostienen y alzan en el aire, ceremoniosamente y sin moverse un ápice a lo largo de las horas, una maltrecha gorra. Contiene pocas coronas. Pero no por ello se crispan sus párpados sintiendo la humillación y una confusa ofensa. No. Todo lo rezuma él. Muere a cada instante y vive cuando cae una maldita moneda. "No la merezco" dice siempre en silencio. "No merezco nada". La realidad se deforma con su presencia, se deprime el espacio y el tiempo como en una especie de pozo infinito bajo  sus pies. Él no cae. Siempre al borde, pero no cae. Se huele la humedad, el ambiente viciado, incluso bajo el sol más vigoroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso mismo pasa cada vez que cierro los ojos atormentado por él, el que acecha cerca, demasiado cerca. Después abro los ojos y vuelvo al mundo "real".&lt;br /&gt;Sin embargo, ayer... ayer no ocurrió así. Cuando vi al hombre con la gorra pidiendo limosna el efecto fue devastador. Imaginé que Yo era Él y que Él no era nada, únicamente un producto de mi imaginación enferma. Luego imaginé que yo era el río M. y el Vagabundo era el puente. Y me dolió tanto la cabeza que al abrir los ojos me encontré metido en una habitación minúscula, minúscula y muy negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue increíble cuando encontré una pistola en mi mano derecha. Y aún fue más increíble cuando me di cuenta de que estaba apuntado directamente a la cabeza del Vagabundo. Yo temblaba, temeroso, excitado, y, en cambio, él apenas movía un solo músculo de su cuerpo. Seguía con la misma expresión, como si el que cayera una moneda en la gorra o el que recibiera un balazo en la cabeza fueran no dos caras de la misma moneda, sino la misma, la misma cara de una corona checa con una sola faz. Y yo no sabía por qué lo quería matar, ni sabía que hacía esa pistola en mi mano derecha, pero aquel que acecha cerca quiso que apretara el gatillo. Bailaba como un demonio alrededor mío, en una especie de rito macabro por las Almas Muertas. Yo habría apretado el gatillo. Lo habría hecho, creía... yo creía que sí. Inesperadamente sentí algo en mi nuca. Otra pistola. Alguien quería volarme la cabeza. Ese alguien no sabía que hacia allí, ni sabía que hacia la pistola en su mano derecha. Yo seguía apuntando al Vagabundo. La cadena esperaba, esperaba a que alguien aullara...     &lt;br /&gt;                                   ¡NADA!  &lt;br /&gt;                                                   ...y que el repicar de los percutores trajera el no retorno. De cualquier otro modo sólo nos quedaba una interminable expectación. Interminable sólo aparentemente, claro.&lt;br /&gt;También el que me apuntaba tenía su demonio alrededor. Él lo habría hecho, creía... él creía que sí. Inesperadamente sintió algo en su nuca. Otra pistola. Alguien quería volarle la cabeza. ¿Cómo cabíamos tantos en esa minúscula habitación? Cada uno de nosotros con su demonio pidiendo guerra, cada uno con aquel que acecha cerca, demasiado cerca. El murmullo era insoportable. Creo que estábamos todos a punto de perder la cabeza. Todos menos el Vagabundo: mismo gesto, misma expresión.&lt;br /&gt;El que apuntaba al hombre que tenía la pistola sobre mi cabeza no sabía que hacia allí, ni sabía que hacia la pistola en su mano derecha. Pero él lo habría hecho, creía... él creía que sí. Inesperadamente sintió algo en su nuca. Otra pistola...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-2732631560281266853?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/2732631560281266853/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=2732631560281266853&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2732631560281266853'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2732631560281266853'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/el-que-acecha-cerca.html' title='El que acecha cerca.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-791686600370185699</id><published>2008-09-22T12:55:00.001-07:00</published><updated>2008-09-22T18:28:40.173-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>buzones</title><content type='html'>Hacía sólo un par de meses que mi mujer y yo nos habíamos mudado a este piso de las afueras, huyendo de la locura del centro, y nunca me había fijado en ellos. &lt;br /&gt;Quiero decir, sí que sabía que estaban ahí, pero nunca me había parado a mirarlos.&lt;br /&gt;Hasta el otro día, mientras esperaba el ascensor de vuelta del supermercado.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Dejé las bolsas de la compra en el rellano de entrada y pulsé el botón de llamada del ascensor. Nunca suele tardar demasiado porque sólo hay cuatro pisos, pero aquella tarde el ascensor no bajaba.&lt;br /&gt;Volví a apretar el botón de llamada aunque vi que la luz estaba encendida, como si la primera llamada todavía estuviera en proceso. Me apoyé en la pared y miré hacia los buzones. Para distraerme, empecé a leer los nombres de mis vecinos, de mis nuevos vecinos. &lt;br /&gt;Y fue entonces cuando descubrí que el vecino del cuarto segunda se llamaba igual que yo.&lt;br /&gt;Lo comprobé tres, cuatro, cinco veces. &lt;br /&gt;Cuarto segunda: Diego Cruz Serrano. &lt;br /&gt;Primero segunda: Diego Cruz Serrano. &lt;br /&gt;Ése sí que era yo, el del primero segunda. ¿Cómo no me había fijado antes? No era sólo el nombre sino los dos apellidos. &lt;br /&gt;Al principio pensé en una equivocación a la hora de colocar los letreros, pero inmediatamente leí el nombre de las parejas y comprobé que eran diferentes, lo que me hizo comprender que se trataba de una casualidad extraordinaria.&lt;br /&gt;Al cabo de unos minutos el ascensor llegó. De él se bajaron un hombre y una mujer cargados con maletas y bolsas.&lt;br /&gt;- Perdona si te hemos hecho esperar- me dijo la mujer- es que estábamos cargando todo esto.&lt;br /&gt;Le dije que no importaba y nos despedimos. Metí las bolsas en el ascensor y subí a mi piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mujer llegó por la noche y lo primero que le conté fue lo de los buzones.&lt;br /&gt;Me dijo que no podía ser, que sería un error, que era mucha casualidad. &lt;br /&gt;Bajamos a la entrada y comprobó lo que le decía.&lt;br /&gt;- Es raro- fue lo único que dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente le propuse a mi mujer subir a conocer a este hombre, simplemente por saber cómo era alguien que se llamaba igual que yo. Por la tarde subimos al cuarto y llamamos a la puerta del número dos.&lt;br /&gt;Nos abrió una mujer mayor, de unos setenta años, vestida con una bata y zapatillas de estar por casa. Tenía un aspecto amable y, aunque al principio se sorprendió de nuestra visita, nos invitó a entrar cuando nos presentamos.&lt;br /&gt;Pasamos a una sala de estar y nos sentamos en un sillón. La mujer se sentó en una mecedora y nos preguntó si queríamos algo de beber. Le dijimos que no, gracias, que veníamos, más que nada, para conocer a su marido. Le contamos lo de la coincidencia del nombre y la mujer no se lo podía creer.&lt;br /&gt;Mi marido está en el lavabo, nos dijo, ahora saldrá y se lo contáis, le hará ilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era extraño lo que proponía aquella mujer: que le hiciese ilusión al marido llamarse igual que otra persona. Lo daba por supuesto. A mí no me hacía ilusión, no sé por qué a él sí que le tendría que hacer. &lt;br /&gt;A mí me resultaba incómodo, llamémoslo así, incómodo, irreal, absurdo, molesto, en fin, no me hacía ilusión. Y allí sentado, en ese sillón, esperando a que alguien que se llamaba igual que yo saliera del lavabo, me iba poniendo cada vez más nervioso, más angustiado. Quizá por lo que me esperaba, es una tontería, pero estaba a punto de verme salir de un lavabo a la misma vez que yo mismo me esperaba sentado en un sillón. &lt;br /&gt;Mientras hacía mis cábalas y pensaba en todo tipo de locuras, mi mujer y la mujer de ese Diego Cruz Serrano se habían puesto a hablar. Escuchaba palabras sueltas: buena zona para vivir, el trabajo cerca, bien comunicados. Sin duda estaban hablando de cosas sin importancia frente al caos que se empezaba a formar en mi cabeza. Parecía que a nadie le importaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin se abrió la puerta del lavabo y salió. &lt;br /&gt;Arrastraba los pies, también calzados en zapatillas de estar por casa, y se frotaba las manos como quien se prepara para un banquete. Se sorprendió al vernos pero en seguida su mujer le explicó la situación.&lt;br /&gt;Entonces se me acercó y se sentó a mi lado. Mi mujer y yo nos agrupamos dejándole sitio. Me miró a los ojos y se quedó en silencio. Los cuatro nos quedamos en silencio y yo pensé en levantarme e irme, pero entonces dijo: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿No es maravilloso?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;No me lo podía creer. Lo que al principio me parecía algo extraño, curioso, aunque también absurdo, ahora sólo me parecía patético.&lt;br /&gt;Allí estaba yo, sentado junto a un hombre que se llamaba igual. &lt;br /&gt;Qué estupidez. &lt;br /&gt;¿Por qué se me había ocurrido subir a verle? ¿Qué se me había pasado por la cabeza? ¿Qué esperaba que me pasase? &lt;br /&gt;Aquel hombre se llamaba igual que yo pero no era yo. Y eso fue lo que me mantuvo tan angustiado, esa tontería. &lt;br /&gt;Ahora sólo quería irme a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre me hablaba pero yo no le escuchaba. Entonces mi mujer me pisó disimuladamente el pie para que reaccionara, supuse que ante una pregunta de aquel hombre que se llamaba igual que yo. &lt;br /&gt;Sí, respondí sin saber cuál era la pregunta. El hombre también asintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer fue a la cocina a preparar un café. Trajo galletas. &lt;br /&gt;Pasado un rato, le pregunté al hombre: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Entonces, ¿quién es el verdadero Diego Cruz Serrano?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El hombre sonrió y dijo: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Tú y yo&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Aunque la respuesta no me convenció demasiado, sonreí, porque, al fin y al cabo ese hombre me empezaba a caer bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer nos sirvió el café. &lt;br /&gt;Mi mujer me pasó el brazo por la cintura. &lt;br /&gt;A mi lado, Diego Cruz Serrano me explicaba su vida.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-791686600370185699?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/791686600370185699/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=791686600370185699&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/791686600370185699'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/791686600370185699'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/buzones.html' title='buzones'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-8353840694135609110</id><published>2008-09-19T14:31:00.000-07:00</published><updated>2008-09-20T01:39:28.667-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>Roles</title><content type='html'>PACIENTE: Hola, ¿qué tal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Hola. ¿Cómo está usted?&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: No demasiado bien. Me duele aquí, en la cabeza. De vez en cuando siento una presión insoportable. Estoy seguro de que se trata de algo grave&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Bien. Ahora lo examinaré. Pero antes de nada... ¿Se ha hecho ya la analítica?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Entonces se tendrá que hacer una analítica. Le daremos hora para de aquí dos semanas y veremos que dicen los resultados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Perfecto. Cuanto antes mejor. Es grave doctora, lo noto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dos semanas después:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Hola, ¿qué tal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Hola. ¿Cómo está usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Hace mala cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Sí. Tengo el colesterol alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Vaya...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Debería hacer más de deporte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Y debería comer mejor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: De acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Esto es sólo una revisión rutinaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Está todo bien. No tengo de que preocuparme. Así que me voy ya, tengo algo de prisa. Cuídese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Que vaya bien. Adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;1 año después:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Hola, ¿qué tal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Hola. ¿cómo está usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Ahora mismo siento mareos. Pero es sólo por el aire acondicionado. Y, bueno, me da dolor de cabeza cuando tengo que pasar por delante de la sala de espera. ¡Eso sí que es terrible! ¿No le duele a usted la cabeza después de esperar tanto tiempo en la salda de espera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: No. ¿Terrible? ¿Por qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Sí. ¿No ha visto al viejo que se pasa la tarde leyendo la revista Especial Piscinas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: ¡Ja! No me diga que no... lo debe de haber visto. Ese viejo se pasa la vida aquí. Ni siquiera visita al médico. Viene aquí para estar fresco y leer tranquilamente su revista favorita. ¡El Especial Piscinas! ¿Seguro que no la ha visto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Pues no. No lo he visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: ¿Y qué me dice de los otros pacientes que esperan?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Bueno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: ¿No le parecen una panda de borregos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: ¿Qué? Creo que debería tranquilizarse. Créame, lo entiendo, tiene miedo... pero debe procurar calmar esa angustia. Controlar la tensión. Ahora...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: ¿Controlar mi tensión? ¿Después de estar aquí día tras día? Aguantado al niño de doce años que le pide a su madre un Ferrari último modelo porque da entender que de no tenerlo va a ser "un infeliz". Un niño que no tiene nada más que tos. Tos seca. Y el hombre que nunca probó una pizca de alcohol hasta que le prohibieron que lo hiciera por la medicación y, entonces, casi se mata emborrachándose. Por no hablar de la cuarentona de turno que no hace más que levantarse de su silla para ir a recepción a quejarse con una voz chillona... "Disculpe, disculpe, tenía hora a las cinco y son las cinco y cinco segundos... ¿ocurre algo con el doctor?". ¡Siéntese señora y espere como todo el mundo, joder! Eso deberían gritarle. O echarla a patadas. Sí, eso sería lo mejor.  ¡Menudo mundo es este! Sería mejor que los cogieran a todos y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Doctora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: ¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: Sólo le queda un mes de vida. Lo siento. Se muere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: No, no puede ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: No, no puede ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: Tranquilo. Ha sufrido un ataque nervioso.  ¿Necesita agua?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: No, no puede ser. Yo sabía que era grave...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DOCTORA: De verdad, lo siento mucho. No entiendo como hemos podido fallar el diagnostico de esta manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PACIENTE: No, no puede ser. No...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-8353840694135609110?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/8353840694135609110/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=8353840694135609110&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8353840694135609110'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8353840694135609110'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/roles.html' title='Roles'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-2183130769767302841</id><published>2008-09-15T13:22:00.000-07:00</published><updated>2008-09-15T18:45:08.028-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>espacio triangular</title><content type='html'>Estaba tumbado en el sofá cuando sonó el teléfono. &lt;br /&gt;Era Harold. &lt;br /&gt;Me decía que Grace había tenido un accidente.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Hacía muchos años que no veía a Grace y no sé por qué Harold me propuso ir a verla al hospital. &lt;br /&gt;Me pasó a buscar a las cinco de esa misma tarde. &lt;br /&gt;Harold conducía la vieja furgoneta de su padre. &lt;br /&gt;Era una furgoneta blanca con algunos golpes y la pintura desconchada. &lt;br /&gt;El suelo estaba lleno de facturas y recibos, papeles arrugados. La parte trasera estaba completamente vacía, no tenía ni siquiera una capa de pintura, y recordaba el interior de una ballena, si eso es algo que se pueda recordar.&lt;br /&gt;-¿Ha sido grave?- le pregunté.&lt;br /&gt;- Ha sido muy grave- me respondió Harold sin quitar la vista de la carretera.&lt;br /&gt;No quise saber nada más y los dos permanecimos en silencio el resto del trayecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en el hospital, nos hicieron esperar en una sala.&lt;br /&gt;Harold no se quiso sentar, encendía un cigarrillo tras otro y se tocaba el pelo, como si quisiera peinarlo de alguna forma extraña.&lt;br /&gt;Lo estuve observando, caminaba de aquí para allá. Entonces le dije:&lt;br /&gt;- ¿Por qué me has llamado a mí? Yo hacía mucho tiempo que no la veía.&lt;br /&gt;- No sé, tío, has sido el primero que me has venido a la cabeza, lo siento- me respondió.&lt;br /&gt;- Tranquilo, no me importa. Aunque creo que será un poco raro. Creo que no nos vemos desde el colegio.&lt;br /&gt;- El colegio- musitó Harold, y encendió un nuevo cigarrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de un rato, apareció una enfermera que nos indicó la habitación.&lt;br /&gt;Le cedí el paso a Harold antes de entrar. &lt;br /&gt;Allí estaba Grace, o cualquier otra persona. Una venda le cubría totalmente la cara. Su cabeza era una bola envuelta en vendas y gasas. Podías adivinar dónde se encontraban los ojos por el ligero hueco que se observaba en la tela. Continué mirando a aquella persona y busqué sus manos, pero los brazos se detenían justo cuando llegaban a los codos, como si el resto todavía estuviera por salir. &lt;br /&gt;Sentado en una silla, al lado de Grace, un hombre mayor miraba al infinito. Supuse que era su padre.&lt;br /&gt;Llevaba una camisa de franela y unos pantalones de pana que le venían grandes. En los pies, unas zapatillas de estar por casa. No nos miró cuando entramos ni cuando Harold empezó a hablar.&lt;br /&gt;- Hola Grace. Hemos venido a verte. Howard y yo. ¿Te acuerdas de Howard? Pues está aquí, a mi lado. Dile algo, Howard.&lt;br /&gt;Aunque me sentí bastante incómodo, saludé a Grace lo mejor que pude y le deseé una pronta recuperación. &lt;br /&gt;El hombre de la camisa de franela seguía inmóvil. Me acerqué a él y le tendí la mano.&lt;br /&gt;- Somos amigos de Grace- le dije.&lt;br /&gt;El hombre me miró, se levantó y me tendió la mano. Lo hizo todo tan lento que por un momento me imaginé debajo del agua.&lt;br /&gt;- Un placer- consiguió decir. Y se volvió a sentar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos unos minutos más allí, delante de Grace, mirando el cuentagotas del suero. &lt;br /&gt;Luego nos despedimos de ella acariciando la sábana y salimos de la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el camino de vuelta a casa ninguno de los dos dijo nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Harold me dejó, empezaba a oscurecer y unas nubes negras y gigantes avanzaban por toda la costa hacia el sur.&lt;br /&gt;Me quedé un rato mirándolas, allí, en el portal de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en Grace y me vino a la memoria una tarde, a la hora de la salida, cuando nos escondimos de nuestras madres en el hueco de la escalera. &lt;br /&gt;Grace y yo acurrucados en ese espacio triangular, su respiración en mi mejilla y ese olor a champú y a goma de borrar. &lt;br /&gt;Grace y yo acurrucados escondiéndonos de nuestras madres, riendo en voz baja. &lt;br /&gt;Al final creo que fue el conserje quien nos descubrió. &lt;br /&gt;Luego Grace y yo saliendo al encuentro de nuestras madres asustadas. &lt;br /&gt;Y luego Grace lanzándome un beso desde la ventanilla del coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré en casa, fui a la habitación y me descalcé.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-2183130769767302841?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/2183130769767302841/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=2183130769767302841&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2183130769767302841'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/2183130769767302841'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/espacio-triangular.html' title='espacio triangular'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-7804207028073598226</id><published>2008-09-12T15:28:00.000-07:00</published><updated>2008-10-15T11:51:09.224-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>Crispación.</title><content type='html'>&lt;p&gt;Lloramos cuando nos entra algo en el ojo. Decía mi profesora que la glándula lacrimal segrega una mezcla de agua, glucosa y proteínas para conseguir deshacerse de la suciedad. Yo creo que eso mismo nos pasa en el momento en el que lloramos por tristeza, frustración o miedo. Nuestro organismo intenta deshacerse de aquello que nos ensucia por dentro. De esto último, de sentimientos, mi profesora no tenía ni idea porque no era más que una máquina estúpida. Sólo eso, una estúpida máquina.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;El otro día, ante el ordenador, me puse el casco y accioné la tecla "Intro" del teclado. Entonces entré en la ISLA, el mundo virtual que en algún momento del pasado reemplazó en casi todas sus funciones a lo que hoy llamamos Mundo Real.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;Me encontré en uno de mis parajes favoritos: exactamente, una playa del Caribe. Hasta aquí normal, un día festivo cualquiera. En los días laborables, obviamente, no iba a la playa. Me ponía el casco y aparecía antes las puertas de un edificio inmenso llamado "La Oficina". Pero en aquella ocasión era domingo y yo volvía a mi paraíso después de una semana de duro trabajo cerebral.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;Ahora las microdescargas del casco crispaban mi cabeza y yo conseguía placer a través de las sensaciones que ellas mismas creaban. Como una droga hecha de vida. Una pseudovida tan real como la vida real. "Crispar", decía siempre mi profesora en la ISLA.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;Lo que hizo de aquel domingo un día diferente, un día que marcó mi vida, fue el encuentro en la arena con aquella mujer. Se llamaba 667.8.768.7-S... Sí... S de Sarah, estaba casi seguro. Nos miramos y yo me levanté. Nos tocamos y ella me abrazó. Nuestros cuerpos permanecieron juntos al menos treinta segundos. Al fin nos separamos y ella me dijo:&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;  — &lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;Te quiero. Te adoro.&lt;br /&gt;Y yo le dije:&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;  — &lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;Te quiero. Te adoro.&lt;br /&gt;Dicen algunos que nuestro sistema global de redes, al cual accedemos gracias a nuestros cascos, es el mayor logro de la humanidad en cuanto a sinceridad. "Tan sincero como un pensamiento" dice la propaganda. A mí eso me parece... No lo sé. Vacío. Sólo eso, vacío.&lt;br /&gt;En la ISLA, el aprendizaje, la emoción, las sensaciones, son pura excitación cerebral. Impulsos eléctricos de un casco. "Crispar". Nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo una interrupción en el sistema y Sarah desapareció. Miré a la playa y, de repente, me di cuenta de que el mar infinito no tenía agua. También noté que la playa no tenía arena. Aquello en el fondo era un completo sin sentido, por lo que decidí regresar al Mundo Real.&lt;br /&gt;Retiré el casco de mi cabeza. En la pantalla de mi ordenador había un fondo blanco que estuve observando durante horas. Lloré. Quise entender por qué las cosas eran como eran y cuanto más pensaba en ello, menos lo entendía. Lloré más. Mi organismo quería retirar toda la suciedad acumulada, pero parecía haber más de la cuenta. Era mugre, eran años y años de polvo en al aire que sin darse cuenta uno va acumulando en la superficie de su ser mientras el interior se va quedando poco a poco sin luz. El polvo de un mundo real que se deshace junto a sus individuos. Mi propio Yo que se desintegra entre tanta mierda abandonada. Mierda tan real como la propia Sarah al otro lado de los cables, los ordenadores y la falsa ISLA.&lt;br /&gt;Uno siente cada mañana la desesperación y le duele el pecho porque algo le pesa dentro. Siente el tiempo, humo, aire y polvo, y sus nerviosos dedos se contraen sin saber porqué. Intentan agarrar sin éxito. Al final, achaca ese desasosiego al cansancio cerebral del trabajo o alguna relación frustrada en la ISLA con algún compañero o compañera. Sin embargo, la razón de todo ello está ahí, al otro lado de la puerta. Por eso lloré tanto. Había demasiada mugre en la puerta.&lt;br /&gt;Volví a ponerme el casco al día siguiente y ella no estaba. Al día siguiente también. Tampoco estaba. Y al siguiente. Nada. Y al otro, y al otro, y al otro... Quince días sin ella. Me saqué el casco y grité rabioso. En el instante en que volví a quedarme en silencio algo me desconcertó. Alguien lloraba cerca. Me levanté para saber de dónde venía el llanto y tras unos minutos escuchando a las paredes llegué a estar seguro de que venía del piso de al lado. No recordaba la última vez que había abandonado mi habitación. ¿Lo había hecho alguna vez? Me sobrecogió ver aquel pasillo oscuro que a lado y lado tenía esas interminables filas de puertas. Puertas de armarios. Eso parecían. Allí vivía la gente y sus cascos. Era deprimente. Yo, sin embargo, no tenía miedo, ni asco. Me acercaba a la máxima oscuridad del Mundo Real y allí era precisamente donde volvería a encontrar algo de luz. Piqué. Sin respuesta, sólo el llanto. Por suerte, la puerta estaba abierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que vi al entrar fue un casco que estaba en el suelo, roto. Levanté la vista y en el sillón, ante la pantalla del ordenador vi a la persona que lloraba. No conseguía quitarse la suciedad, al igual que yo. Me acerqué y susurré:&lt;br /&gt;— Sarah...&lt;br /&gt;A los dos nos sorprendió que yo supiera su nombre y aún no sé como explicar lo que sentí cuando mi mano rozó su mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquello fue... demasiado real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-7804207028073598226?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/7804207028073598226/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=7804207028073598226&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/7804207028073598226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/7804207028073598226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/crispacin.html' title='Crispación.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-614212638329764170</id><published>2008-09-08T14:18:00.001-07:00</published><updated>2008-09-08T17:48:45.153-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>mosquitera verde</title><content type='html'>La vieja me llamó a través de la puerta y yo fui, porque la vieja quería hacer amigos porque estaba sola.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Mi madre me había advertido que ni me acercase a la vieja pero aquella tarde no le quise hacer caso ni a mi madre y me acerqué a la puerta desde donde me llamaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podían ser verdad todas las historias que se contaban de ella. Era una vieja, era nuestra vecina, nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través de la mosquitera, la vieja parecía más joven, porque las mosquiteras tienen el don de hacer desaparecer las arrugas. Esto me lo dijo el tío Carlton, que vivía en la costa, y yo siempre lo recordé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba allí, a dos palmos de la vieja, separados ella y yo por esa mosquitera verde, pude sentir el hedor del que me habían hablado los mayores. Aún así, cuando la vieja abrió la puerta mosquitera, entré sin dudar.&lt;br /&gt;Me preguntó que cómo me llamaba. Le contesté que mi nombre era Harry y que tenía diez años. Luego me hizo seguirla hasta un pequeño salón. Me indicó un sillón en el que me senté.&lt;br /&gt;Al cabo de un rato apareció con una bandeja con dos vasos de leche y galletas.&lt;br /&gt;Le dije que gracias pero que ya había merendado. Me dijo que no importaba, que lo guardaba para más tarde, aunque dejó la bandeja encima de la mesa y se sentó en otro sillón a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenía televisión, sólo fotografías enmarcadas a lo largo de una repisa que cubría toda la estancia.&lt;br /&gt;Casi todas eran imágenes en blanco y negro, aunque había algunas en color.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos en silencio mucho rato.&lt;br /&gt;Yo miraba todas aquellas fotografías imaginándome historias de esa gente.&lt;br /&gt;Al cabo de un rato le pregunté: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿ese de ahí quién es?&lt;/span&gt;, señalando una fotografía donde se veía a un hombre vestido de aviador.&lt;br /&gt;La vieja se levantó y se acercó a la foto hasta que estuvo a escasos centímetros.&lt;br /&gt;Luego volvió a su sillón y me dijo: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;no lo sé&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Sin querer darle mucha importancia, le pregunté por otra foto en la que se veía a una chica con un vestido de flores rodeada de árboles.&lt;br /&gt;La respuesta fue la misma que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin saber por qué, me empecé a poner un poco nervioso y le dije a la vieja que me tenía que ir.&lt;br /&gt;Entonces me miró y me dijo: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;tú no vas a ninguna parte&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;No sabía a qué se refería y le contesté: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;no, no voy a ninguna parte, voy a mi casa&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Y ella insistió: &lt;span style="font-style:italic;"&gt;tú de aquí no te mueves.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogió su bastón y dio tres golpes en el suelo.&lt;br /&gt;En aquel momento casi me resultó cómico.&lt;br /&gt;Hoy, unos años después, puedo decir que aquellos tres golpes fueron una llamada directa al infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que allí sucedió después es mejor que no se sepa.&lt;br /&gt;Sólo doy gracias a Dios porque puedo contarlo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-614212638329764170?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/614212638329764170/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=614212638329764170&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/614212638329764170'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/614212638329764170'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/mosquitera-verde.html' title='mosquitera verde'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-3742246902926369302</id><published>2008-09-05T05:38:00.000-07:00</published><updated>2008-09-05T05:55:31.035-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>Los demonios de Gilles Villard.</title><content type='html'>Chapuza de Teatro en Tres Escenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Todas y cada una de las palabras y escenas de este relato son fruto de la inventiva)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Basado en hechos reales, como las "mejores" películas de sobremesa) &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Personajes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grigori &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rasputin"&gt;RASPÚTIN&lt;/a&gt;.  &lt;br /&gt;Félix YUSUPOV. Príncipe ruso.&lt;br /&gt;Dimitri ROMANOV. El Gran Duque, primo del zar.&lt;br /&gt;Oswald RAYNER. Extranjero.&lt;br /&gt;Piotr Stephanovich RIABOVSKI. Tabernero.&lt;br /&gt;SONIA Petróvna Riabovski. Camarera.&lt;br /&gt;Fiódor MUSHKIN. Príncipe ruso.&lt;br /&gt;GILLES Villard. Noble ruso de origen francés.&lt;br /&gt;LUZHIN. sirviente de GILLES.&lt;br /&gt;Joseph SCHMIDT. Extranjero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena I. La fiesta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PARTE I:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Noche del 29 de diciembre de 1916, en la sala privada de una taberna situada cerca del río Nevà, Petrogrado (actual San Petersburgo). Los comensales comen y beben armando jaleo. En una parte de la mesa están juntos GILLES, MUSHKIN y SCHMIDT. En la otra ROMANOV habla a RAYNER en voz baja. YUSUPOV está con junto al Gran Duque, pero se mantiene un poco al margen, responde con monosílabos cuando le preguntan y no deja de mirar a RASPÚTIN ni por un momento, mientras su mano derecha busca inconscientemente el cuello de la camisa que parece apretarle más de la cuenta. RASPÚTIN está situado entre los dos grupos, dice algo aquí y allá y, sobre todo, no para de dirigirse a SONIA. La joven va y viene abasteciendo a la mesa con todo tipo de comidas. Parece estar enferma y no responde a la locuacidad de RASPÚTIN. Apenas es capaz de articular una sola palabra. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ambos extranjeros, en sus respectivos grupos, guardan absoluto silencio. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GILLES. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(dirigiéndose a sus dos interlocutores.) &lt;/span&gt;¡Mirad! Ahí sentado, aparte... completamente embelesado por el retrato &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(risas)&lt;/span&gt;. ¡Eh! Luzhin.  ¡Luzhin!&lt;br /&gt;LUZHIN. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(desconcertado)&lt;/span&gt; Sí, señor. ¿Desea algo de mí?&lt;br /&gt;GILLES.&lt;span style="font-style: italic;"&gt; &lt;/span&gt;Vaya, chico. Estabas empezando a preocuparnos. Te has pasado toda la noche mirando ese retrato de Napoleón. No has hecho otra cosa. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(burlón.)&lt;/span&gt; Dime, ¿qué te ocurre?&lt;br /&gt;LUZHIN. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(avergonzado)&lt;/span&gt; No ocurre nada, señor. Como no me ha requerido, yo...&lt;br /&gt;GILLES. Y aunque te hubiera requerido... aunque te hubiera requerido... Estabas embobado, estabas en otro mundo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(alarga la mano de manera despreciativa.) &lt;/span&gt;Yo diré que te ocurre. Lo sé muy bien &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(volviéndose de nuevo hacia MUSHKIN)&lt;/span&gt;. Mi sirviente, Luzhin, de familia honrada aunque sujeta a una pobreza casi insultante, sufre por esa imagen lo que ya han sufrido muchos antes que él. Sí, no puede ser otra cosa.&lt;br /&gt;MUSHKIN &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(fascinado)&lt;/span&gt;. ¿Sabe usted también lo que le ocurre a su criado?&lt;br /&gt;GILLES. Hasta el último pensamiento. Puede apostar por ello.&lt;br /&gt;MUSHKIN. ¿Y de qué se trata si se puede saber?&lt;br /&gt;GILLES. Pues es muy simple. Se trata simplemente de la admiración por uno de esos típicos hombres extraordinarios.&lt;br /&gt;MUSHKIN. ¿Por un hombre extraordinario? ¿Admiración? ¿Como un personaje de Dostoievski? ¿Cómo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Julián Sorel &lt;/span&gt;de Stendhal?&lt;br /&gt;GILLES. Exactamente. Es usted culto, Mushkin. Es innegable. Muy culto. No debería de olvidarlo porque yo podría hablar a la ligera y entonces las preguntas que recibiera, como la que usted acaba de hacer, me dejarían en mal lugar. Por suerte, yo nunca hablo por hablar. ¡O casi nunca! &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(pensativo, tras una pausa.)&lt;/span&gt; En este caso, es justamente eso... lo que dice usted. Sí, más o menos es eso. Sólo que Luzhin es demasiado insignificante como para que sus ideas sean algo que uno tenga que tener en cuenta. Además, esa pasión no es más que pura ignorancia. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ellos&lt;/span&gt; no conocen prácticamente nada y, por lo tanto, basan su experiencia vital en viejas supersticiones, en mitos... Napoleón no deja de ser un mito por mucho que fuera un personaje histórico. Por mucho que aún estuviera vivo hace menos de setenta años... &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(MUSHKIN, extrañado, arquea las cejas) &lt;/span&gt;La gente como Luzhin son incapaces de ver al hombre que había detrás de ese posado majestuoso de los retratos. Con la mano metida siempre en la chaqueta... ¡Par Dieu! Son incapaces de ver más allá de sus logros y de las leyendas que no son más que pura inventiva. Y, al fin y al cabo, incapaces de ver los demonios que ese hombre, por muy emperador que fuera, llevaba dentro de sí como hombre que era. Sólo nosotros, los hombres de cierta educación, como usted y yo, sabemos advertir ese tipo de complejidades y sutilezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(MUSHKIN frunce el ceño.) &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GILLES. Pero, me preguntaba ahora mismo, ¿qué hace un retrato de Napoleón en esta taberna rusa? ¡Par Dieu! ¡Riabovski! ¡Ven aquí, enseguida!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(entra RIABOVSKI procedente de la cocina)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RIABOVSKI. ¿Desea algo señor?&lt;br /&gt;GILLES. Nada importante. Simplemente quiero que me expliques qué hace un retrato de Napoleón en esta taberna. En esta auténtica taberna rusa.&lt;br /&gt;RIABOVSKI &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(amilanado.)&lt;/span&gt; Señor...&lt;br /&gt;GILLES. ¡Hable! Esto es una fiesta y no es momento para el recato.&lt;br /&gt;RIABOVSKI. Verá, señor, ese retrato lo trajo usted mismo.&lt;br /&gt;GILLES. ¿De verás?&lt;br /&gt;RIABOVSKI. Sin duda, señor.&lt;br /&gt;GILLES. ¡Ja! &lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;¿Seguro que no te estás confundiendo a causa de mi origen francés?&lt;br /&gt;RIABOVSKI. No, no, señor. Lo trajo usted. Hace tan sólo dos días. Me acuerdo bien porque usted dijo "sin escenario no hay función". Y yo por entonces no lo entendí y no lo entiendo ahora.&lt;br /&gt;GILLES. ¡Ja! ¿De verdad dije eso?&lt;br /&gt;LUZHIN. El tabernero tiene razón, señor. Ese cuadro es de usted.&lt;br /&gt;GILLES.  Pero bueno... ¿ya has despertado, Luzhin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(LUZHIN le lanza a GILLES una mirada fulminante, pero este no se da cuenta, se ha levantado y, ahora, ante el cuadro, observa pensativo.)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GILLES. Sí, mi criado y el tabernero tienen razón. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(suspira profundamente. Sin inmutarse coge el cuadro con ambas manos, lo arranca de la pared y con la rodilla lo parte en dos.)&lt;/span&gt;  C'est fini. Sí...  de eso se trata, Mushkin... c'est tout, un mythe, une superstition...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(GILLES vuelve a sentarse. LUZHIN, visiblemente alterado, baja la vista al suelo. En su lado de la mesa, RASPÚTIN, ha observado la escena con atención, atusándose el fin de su larga barba tal y como acostumbra.)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GILLES: A ver si con eso ayudo a educar al pueblo. Estamos ya en el siglo veinte y el pueblo ruso deberían aprender algo de mi nación de origen. Deberían aprender algo de Stendhal. ¡Es cuestión de dignidad! ¿No es así&lt;span style="font-style: italic;"&gt; príncipe&lt;/span&gt;? &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(mirando de soslayo a LUZHIN.)&lt;/span&gt; ¡Los demonios, Luzhin! Recuerda bien esto. ¡Los demonios!&lt;br /&gt;MUSHKIN. Creo que usted ha sido demasiado exagerado. A su criado le gustaba ese cuadro. Simplemente, le gustaba.&lt;br /&gt;GILLES. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(sin prestar atención a MUSHKIN.)&lt;/span&gt; ¡Luzhin! Sal de aquí. Espérame fuera hasta que se acabe la fiesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(Luzhin no se mueve.) &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RASPÚTIN. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(antes de que GILLES ponga de vuelta y media a su criado. Con asombrosa delicadeza.)&lt;/span&gt; ¡Luzhin! Ven aquí, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(LUZHIN camina hasta RASPÚTIN que le susurra algo al oído. LUZHIN sale. Tras él también sale RIABOVSKI.  YUSUPOV, asqueado, se ajusta el cuello de la camisa por enésima vez. GILLES, satisfecho, se acomoda en su asiento.)  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MUSHKIN. Espero que no le haya molestado mi comentario delante de Luzhin.&lt;br /&gt;GILLES &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(volviéndose con una sonrisa en los labios hacia MUSHKIN.) &lt;/span&gt;No, no... no pasa nada, príncipe. Todo va como la seda...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;YUSUPOV &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(se levanta al fin. Desabrido.)&lt;/span&gt; Bueno, bueno... basta, basta. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(levantando el tono de voz inopinadamente)&lt;/span&gt; ¡Basta! ¡Silencio!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(todos callan menos RASPÚTIN que musita algo al oído de SONIA. La joven, blanca como un cadáver, no responde.)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;YUSUPOV. Por favor, señor RASPÚTIN. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(casi rabioso.) &lt;/span&gt;Requiero también su atención. Esto no es más que un homenaje... &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(balbuceando.)&lt;/span&gt; Usted, es una persona importante... influyente...&lt;br /&gt;ROMANOV. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(mascullando asqueado) &lt;/span&gt;Que se lo digan a mi familia...&lt;br /&gt;YUSUPOV.&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (desquiciado)&lt;/span&gt; ¡Shhh! Ahora no, señor mío. Duque, ahora no. No es el momento. No tenemos ninguna intención de sacara viejas rencillas, estamos aquí para...&lt;br /&gt;ROMANOV. ¿Viejas? ¡Bah!&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (en voz alta.)&lt;/span&gt; Al grano, Yusupov. Al grano.&lt;br /&gt;YUSUPOV. Sí, Duque. Usted como siempre tan... diligente. Pues bien, antes de los postres y la bebida voy a... dar... un pequeño discurso en honor de ese hombre&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (señalando a RASPÚTIN)&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;RASPÚTIN. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(envía a SONIA a la cocina y mira con malicia a YUSUPOV)&lt;/span&gt;. Usted sabe perfectamente que yo no soy más que un invitado. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(mirando a lado y lado, a cada una de las caras de los hombres que se sientan a la mesa.) &lt;/span&gt;Esto no estaba tan planeado como algunos de nuestros queridos comensales creen saber.&lt;br /&gt;YUSUPOV.&lt;span style="font-style: italic;"&gt; (matando una sonrisa en sus labios.)&lt;/span&gt; Es usted un zorro muy astuto...&lt;br /&gt;MUSHKIN. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(inocente.)&lt;/span&gt; Astuto, sí. Es un hombre de talento, aunque el pueblo le llame de forma completamente desafortunada...&lt;br /&gt;RASPÚTIN &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(girándose con expresión bondadosa hacia los ojos azules de Mushkin.)&lt;/span&gt; El Monje Loco. Así me llaman, mi querido príncipe Mushkin.&lt;br /&gt;ROMANOV. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(en voz baja) &lt;/span&gt;Por algo será...&lt;br /&gt;RASPÚTIN. El Gran Duque, mi estimado Dimitri Pavlovich Romanov, sí es un hombre de talento, además de un magnífico deportista... Por lo que si tiene que decir algo, será un placer que lo diga para toda la mesa. No sólo para nuestro invitado inglés, el señor Rayner, que se sienta a su vera.&lt;br /&gt;ROMANOV. No decía nada que pudiera interesar a esta mesa. Sólo le explicaba a nuestro invitado... el señor Rayner, como muy bien ha dicho usted, algunas de las costumbres rusas.&lt;br /&gt;RASPÚTIN. Ah, ¿sí? Excelente.&lt;br /&gt;GILLES. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(fingiendo sorpresa)&lt;/span&gt; Un momento, señores... ¿cómo ha sabido el señor Raspútin que el señor Rayner es inglés? ¿Y su nombre? Ellos dos ni siquiera se han presentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(RAYNER no parece estar escuchando la conversación, centra toda su atención en SCHMIDT.)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RASPÚTIN. Yo sé quién es el señor Rayner. Con eso basta. Hoy es un día para ser sinceros. Hoy, sólo por hoy, dejen de buscar el mito donde no lo hay. Estaré encantado de participar en esta pantomima, siempre que no se vuelva demasiado burda.&lt;br /&gt;YUSUPOV. ¿Burda? Es usted un...&lt;br /&gt;RASPÚTIN. Yo sólo aviso.&lt;br /&gt;MUSHKIN. No entiendo nada.&lt;br /&gt;ROMANOV. Ni falta que hace.&lt;br /&gt;RASPÚTIN. Falta hace. Seguro. No se puede huir de la verdad, ¿no creen? Pero, puede estar tranquilo, querido Príncipe Mushkin, gran príncipe ruso, usted acabará descubriéndolo todo, esta misma noche, sin necesidad de indagación alguna.  Sólo tiene que esperar.&lt;br /&gt;MUSHKIN. Espero entonces.&lt;br /&gt;YUSUPOV. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(exasperado.) &lt;/span&gt;Señores, señores... no nos vayamos por las ramas. Por favor, por favor... Se me ha interrumpido en mi discurso. Usted, Raspútin, usted es... usted es... es un gran hombre. Nadie lo llegará a entender como yo. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(casi feroz.)&lt;/span&gt; ¡Nadie! Lo supe desde...&lt;br /&gt;RAYNER. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(se levanta inesperadamente, sin poder controlarse. Dirigiéndose a SCHIMDT.) &lt;/span&gt;¡Basta! ¡Basta! Lo suyo sí que es una burda pantomima. ¿Qué hace usted aquí, Schmidt? &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(dándose cuenta de que ha vuelto a interrumpir a YUSUPOV)&lt;/span&gt;. Lo siento. Pero no puedo aguantar más la mirada de ese intruso. De ese... de ese... ESPÍA ALEMÁN.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(La sorpresa en la sala es mayúscula.)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-3742246902926369302?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/3742246902926369302/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=3742246902926369302&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/3742246902926369302'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/3742246902926369302'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/los-demonios-de-gilles-villard.html' title='Los demonios de Gilles Villard.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-6550895459537708810</id><published>2008-09-01T12:38:00.001-07:00</published><updated>2008-09-01T19:21:05.620-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>miedo a cambiar</title><content type='html'>- Y eso fue lo que pasó. Nada más. Cuando no hay nada de qué hablar, las cosas se acaban. Por mucho amor que haya. Si no hay nada de qué hablar: fin.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y por qué sigues teniendo la foto en la estantería?&lt;br /&gt;- Por el paisaje de detrás. Además, como no mira a cámara, me duele menos. Si lo pienso bien, esa foto refleja exactamente lo que fue para mí: alguien rodeado de luz que nunca me miró a los ojos.&lt;br /&gt;- Yo no podría tener una foto de mi ex.&lt;br /&gt;- Lo entiendo. Yo apenas la miro. De hecho, no sabía a qué foto te referías.&lt;br /&gt;- ¿Y ese póster?&lt;br /&gt;- Es de una peli, antigua. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Napoleón&lt;/span&gt;, de Abel Gance.&lt;br /&gt;- ¿Está bien?&lt;br /&gt;- No lo sé, no la he visto. Me compré el dvd hace años pero no la he visto.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué tienes el póster?&lt;br /&gt;- Porque me gusta la imagen y lo que he leído de ella.&lt;br /&gt;- ¿No te dan ganas de verla, viendo el póster cada día cuando te levantas?&lt;br /&gt;- No. Y si te digo la verdad, creo que no la voy a ver nunca.&lt;br /&gt;- ¿Por qué?&lt;br /&gt;- Mira, coge el dvd y lee la contraportada.&lt;br /&gt;- A ver.&lt;br /&gt;- Lee, lee en voz alta. Me gusta leer de vez en cuando esa contraportada. Léela, por favor.&lt;br /&gt;- Está bien. &lt;span style="font-style:italic;"&gt;El estreno se hizo en la Ópera de París el 7 de abril de 1927 y fue un film tan revolucionario como su protagonista. El Napoleón de Abel Gance contenía tantos avances visuales que nunca ha sido sobrepasado por ninguna otra película. Su clímax se presentaba en un sistema de tres pantallas llamado Polyvision, una innovación técnica que se avanzaba treinta años a lo que hoy conocemos por formato Widescreen&lt;/span&gt;. ¿Sigo?&lt;br /&gt;- Sí, sí, hasta el final.&lt;br /&gt;- &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Abel Gance explicaría que al final del film, el público se puso de pie extasiado. "Conocí a un banquero en la salida que me contó que una mujer se tiró a sus brazos y, abrazándole, dijo: Es demasiado bonito para expresarlo en palabras. Tengo que besar a alguien. Entre el público se encontraba un joven oficial llamado Charles de Gaulle junto a su amigo André Malraux. Ninguno de ellos olvidó la película.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué te ha parecido?&lt;br /&gt;- Quiero verla. Ya.&lt;br /&gt;- Llévatela, ya me la traerás.&lt;br /&gt;- Pero, no entiendo por qué no la quieres ver tú.&lt;br /&gt;- Mira, hay cosas que deben permanecer tal como están.&lt;br /&gt;- Sigo sin entenderte.&lt;br /&gt;- Quiero decir que no veo la película por miedo a que me defraude. Y no la veré por eso mismo.&lt;br /&gt;- Me estás diciendo que no quieres ver una película...&lt;br /&gt;- Por miedo a que no me guste, sí.&lt;br /&gt;- No tiene mucho sentido, ¿no crees?&lt;br /&gt;- No lo sé. Si lo piensas mucho, cualquier cosa no tiene mucho sentido. Lo ideal es no pensárselo mucho. Yo no pienso mucho las cosas, ya lo sabes, e incluso así no les veo sentido. Pero es que si me las pensase mucho, les vería menos y sería peor. Así que simplemente decido que no veré esta película por miedo a que me defraude. Simplemente eso. No podría explicarte lo feliz que soy cada vez que leo esa contraportada que acabas de leer. No podría explicarte lo que siento cada vez que la leo y me imagino a aquella gente, lo que sintieron al ver esta película, me imagino lo que sintieron, los puedo oír gritar de júbilo al terminar la proyección. Y eso, es verdad, me tendría que animar a ver la película. Pero no. Ya te dije, prefiero que algunas cosas permanezcan como están. Quiero sentirme igual siempre que lea esta contraportada. Así que la única manera es no ver la película. Una vez la vea, esas palabras ya no significarán lo mismo, lo que querrá decir que yo ya no seré el mismo. Tengo miedo a cambiar. Creo que es sólo eso.&lt;br /&gt;- Quizá tienes razón. De todas formas, me la llevo, te la traigo la semana que viene. El sábado me pasaré por aquí.&lt;br /&gt;- Está bien. Pero, ¿estás segura?&lt;br /&gt;- ¿De qué?&lt;br /&gt;- De que quieres ver la película.&lt;br /&gt;- Sí, claro que la quiero ver.&lt;br /&gt;- Piénsatelo bien.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-6550895459537708810?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/6550895459537708810/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=6550895459537708810&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/6550895459537708810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/6550895459537708810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/09/miedo-cambiar.html' title='miedo a cambiar'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-8894735549387209910</id><published>2008-08-29T03:12:00.000-07:00</published><updated>2009-01-01T03:37:45.791-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>Blanco.</title><content type='html'>— ¿Y este qué color es? —pregunta la madre.&lt;br /&gt;— VERDE —dice el niño.&lt;br /&gt;o&lt;br /&gt;— Velde —cuando es pequeño como un chino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y este? —sigue la madre.&lt;br /&gt;— AZUL —dice el niño.&lt;br /&gt;o&lt;br /&gt;— Azú —cuando es pequeño y suelta el berrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y así la madre señala miles y miles de objetos para que el niño practique los colores. Aquello era fácil. Me doy cuenta después de muchos años. Luego las preguntas se complican demasiado, tanto que casi nunca hay respuestas para nada. Menos para aquellas preguntas cuya respuesta es un simple: Porque sí. Como cuando era niño: "Pero mamá, ¿por qué tengo que limpiarme los dientes dos veces al día?". "Porque sí".&lt;br /&gt; Yo acertaba siempre el color. Tampoco era muy complicado si tenemos en cuenta que había pocas posibles respuestas. A saber:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. NEGRO&lt;br /&gt;2. BLANCO&lt;br /&gt;3. ROJO&lt;br /&gt;4. AMARILLO&lt;br /&gt;5. AZUL&lt;br /&gt;6. NARANJA&lt;br /&gt;7. ROJO&lt;br /&gt;8. VERDE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A veces GRIS, pero sólo a veces. Mi madre preguntaba poco por el GRIS. Creo que casi nunca. Las posibles respuestas eran pocas. He escrito dos veces ROJO para que la lista tuviera ocho elementos. El ocho es mi número de la suerte y que sea mi número de la suerte depende de que salga más o menos. A mí me sale siempre. Siempre. Aunque salga haciendo trampas. Eso no importa, si no piensas demasiado en ello. Como pasa con todo. Pienso, luego, empiezo a morir más deprisa. Es el estrés, dicen los científicos.&lt;br /&gt; También sale el ocho en la siguiente lista:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Mi último coche.&lt;br /&gt;2. Mi mujer.&lt;br /&gt;3. Mi hijo.&lt;br /&gt;4. Mi madre.&lt;br /&gt;5. Mi padre.&lt;br /&gt;6. Mi primer coche.&lt;br /&gt;7. Mi perro Yo-yo.&lt;br /&gt;8. Mi amigo T.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; De mi último coche queda con bastante claridad de formas el GRIS de la acera, el NEGRO claro del chasis, el NEGRO oscuro de la carretera y el AZUL desteñido, casi BLANCO, del cielo.  Después solo queda el ROJO oscilante que se come al NEGRO claro. El ROJO oscilante que yo mismo busqué, que casi me mata y que ahora solo me reporta dolor físico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué? Porque sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De mi mujer el VERDE de la cama, el BLANCO inmaculado del fondo, el MARRÓN de su pelo y el NEGRO que la comía por dentro. Y sus labios. Sus labios ROJOS que ahora sólo me reportan dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué? Porque sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De mi padre queda el AZUL de su mono de trabajo. Y sus severas cejas, NEGRAS, muy NEGRAS.&lt;br /&gt;De mi madre el BLANCO de su sonrisa.&lt;br /&gt;Del hijo que nunca tuve, ningún color. La NADA. La NADA más absoluta.&lt;br /&gt;De mi primer coche el VERDE. Poca forma ya, sólo color. El BLANCO de los faros, el NEGRO de las ruedas y el NARANJA de la camiseta que se sacó VIOLETA en el asiento NEGRO de atrás. Sus pechos, ROSAS. Mierda. El ROSA. Y, ¡mierda! El VIOLETA. Da igual, para mi siguen siendo ocho. Lo siguen siendo si no pienso demasiado en ello. Como todo.&lt;br /&gt;De Yo-yo, una mancha pequeña MARRÓN sobre una mancha grande de color VERDE. ¿Era un prado?&lt;br /&gt;De mi amigo T su chaleco AMARILLO y el ROJO en su mano, aquella vez que tiramos petardos. Petardos MARRONES. No BLANCOS, como los que me he tragado hace unos minutos. De pequeño si algo te gusta, quieres mucho, nunca poco. Lo gastas al máximo. El doctor me vio triste y me dijo: tómate esto, poco. Y yo dije en casa: mucho.&lt;br /&gt;Nunca crecí, sigo siendo un niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los cuatro años ya sabía decir el color de cualquier cosa que mi madre pudiera señalar. Siempre que la respuesta estuviera entre las ocho que he dado anteriormente. Quizás por esta razón ahora no sé distinguir más que esos colores. No sé ninguno más. Sabía el TURQUESA, pero el otro día me demostraron que estaba equivocado. Señalé algo y dije: TURQUESA. El que me llevaba en brazos gritó: "Eso no es TURQUESA, chiflado. NEGRO de mierda, ¡sal de aquí!". Entonces me lanzó por los aires y el golpe contra el suelo me hizo un daño terrible. Casi tanto como el descubrir que estaba engañado acerca del color TURQUESA. En ese momento sólo veía un semáforo. ROJO, VERDE, ROJO, VERDE, ROJO, VERDE... me hubiera pasado la vida encerrado entre esos dos colores... por mucho que de fondo alguien chillara desquiciado: ¡NEGRO de mierda! ¡Chiflado!&lt;br /&gt;Yo no soy NEGRO, soy BLANCO tirando a MARRÓN. No tengo nada en contra de los hombres de color NEGRO, sólo que... yo no soy NEGRO. ¿Podía saber aquel hombre qué color era el TURQUESA sin saber diferencia el NEGRO de un BLANCO que tira a MARRÓN? No sé. Aún así, parecía un buen hombre. Llevaba puesto un espléndido traje AZUL. Seguro que tenía razón.&lt;br /&gt;La culpa es mía. ¿Quién me mandó señalar? Que señale el que sepa de colores. Yo me callo. Con mis ocho colores tengo bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve ocho cosas. Ahora solo tengo ocho colores. ¿Por qué? Porque sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero que mis ojos se cierren, pero se cierran solos. Un petardo BLANCO más o menos, ¿que más dará? Me he tomado ocho. "Mucho" diría el doctor. Y yo: Doctor, el ocho es mi número de la suerte. ¿Por qué? Porque sí. Más BLANCO. Intento pensar, pero hace rato que no puedo, que pienso lento. ¡Más BLANCO! ¿Estoy volviendo al pasado? ¿Volveré a ser niño? ¿Puedo preguntar "por qué"? Ahora sí me interesa. ¡Ja! Porque sí. Jugar a retroceder. ¿Ganaré?&lt;br /&gt;Intento recordar. Cada vez menos forma. Y, casi, menos color. Son las ocho. Los ocho recuerdos desaparecen cuando desaparece el color. Todo se olvida, se difumina hasta convertirse en BLANCO. Y Más BLANCO, más BLANCO, más BLANCO, más BLANCO, más BLANCO, más BLANCO, más BLANCO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;BLANCO.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-8894735549387209910?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/8894735549387209910/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=8894735549387209910&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8894735549387209910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8894735549387209910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/08/blanco_29.html' title='Blanco.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-517421156853299996</id><published>2008-08-25T11:58:00.000-07:00</published><updated>2008-08-26T04:24:00.679-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>Nadia</title><content type='html'>Sus padres pintaron la habitación de color azul porque creyeron que iba a ser un niño.&lt;br /&gt;Pero fue niña.&lt;br /&gt;Entonces volvieron a pintar la habitación, esta vez de rosa.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;La llamaron Nadia, por la gimnasta.&lt;br /&gt;Aunque ella nunca mostró simpatía por el rosa, sus padres se empeñaron en abastecerle de complementos de este color, desde la ropa hasta la carpeta del colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cumplió los doce años, un compañero de clase le dejó un álbum de Joy Division. &lt;br /&gt;Aquello fue un auténtico shock. &lt;br /&gt;Nadia quedó totalmente fascinada por aquella voz, aquella música que parecía venir del más allá.&lt;br /&gt;Se empezó a interesar por el grupo de una forma casi enfermiza.&lt;br /&gt;Los colores rosáceos de su ropa de niña fueron sustituidos por los oscuros, negros y grises principalmente.&lt;br /&gt;Sus padres, ellos que habrían preferido una niña de dibujos animados, veían entrar por la puerta, sentarse a cenar, caminar por la casa, a una sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al año siguiente, un fin de semana que los padres no estaban, Nadia pintó de negro la habitación. &lt;br /&gt;Como todos aquellos complementos rosas provocaban un efecto extraño a la vista, decidió quitarlos y guardarlos en el altillo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora la habitación era un agujero negro en casa.&lt;br /&gt;Se tumbó en la cama y puso un disco de Joy Division.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando sus padres llegaron y entraron a la habitación, no se lo podían creer. &lt;br /&gt;Nadia había pintado las paredes, el marco de la ventana y del espejo, la silla, la mesa, la papelera, incluso el suelo. &lt;br /&gt;Una sábana negra cubría la cama y el disco todavía sonaba. &lt;br /&gt;Pero ni rastro de Nadia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se pusieron a buscarla por todos los rincones de la casa, por el jardín, preguntaron a los vecinos, nadie había visto a la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque la niña no se había movido de donde estaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, tumbada en la cama, rodeada de oscuridad, Nadia tarareaba la última canción.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-517421156853299996?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/517421156853299996/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=517421156853299996&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/517421156853299996'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/517421156853299996'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/08/una-sombra.html' title='Nadia'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-998775345644594184</id><published>2008-08-22T08:10:00.000-07:00</published><updated>2008-08-22T08:12:39.400-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>El Coco</title><content type='html'>Mira hacia la playa y despide a través de su cuerpo escuálido un profundo suspiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;— Nunca me ha sentado bien la playa. ¿Te lo había dicho ya? Dicen que sí, que sienta bien, los especialistas. Ahora casi todo el mundo es especialista de algo. La televisión está llena de especialistas. Son gente muy respetable. No. No respetada, he dicho respetable. Se sientan y hablan primero de política, después de mentes criminales, luego analizan las razones por las cuales Menganita, una famosa cantante, perpetró una felación con su novio, un modelo de pies, en los probadores de una tienda de ropa interior. "Perpetró", sí, tal y como lo has oído. Inescrutables son los caminos del lenguaje en el periodismo actual. «¿Por qué no esperó a llegar a casa?» se preguntan todos. Y de nuevo pasan a hablar sobre la política exterior de los Estados Unidos. Aquí no llega la televisión... Es una pena. O... ¿una bendición? —cierra los ojos valorando su pregunta— No, es una pena.&lt;br /&gt;  »Dicen que sienta muy bien, que el yodo del agua es buenísimo para mil y una cosas, que hasta la brisa marina es de entre todas la brisas, aires o vientos huracanados, la más beneficiosa. Aquí hay huracanes cada dos por tres. Y te voy a decir una cosa, estoy de acuerdo con los especialistas. A nadie le gustan esas ráfagas de viento que arrancan de cuajo árboles de diez metros de altura. A nadie. Pero a mí no me sienta bien. Siempre me ha irritado el ambiente de la playa. El murmullo de las olas rompiendo en la arena es algo que casi no puedo soportar. Me conduce a la total exasperación. Y aunque sé cómo he llegado aquí, no sé por qué tuve que marcharme de casa. No me mires así, no me desagrada en absoluto tu compañía. Y yo a casa no puedo volver. ¿Sabes tú por qué me marché? Yo no. ¿Te ríes? —el rostro de su interlocutor no se ríe y apenas muestra ninguna emoción— Te ríes a carcajadas de mí, nunca conmigo, como si estuviera loco de atar. Listo para la camisa de fuerza. Sin embargo, es verdad, siempre con el mismo «por qué» entre los labios... y casi ninguna respuesta. ¿Por qué Menganita no esperó a llegar a casa? Quizá le gustaban demasiado los pies de su novio —observa sus propios pies con atención—. ¿Crees que yo podría ser modelos de pies? ¿No? Es verdad. Es verdad que esta Isla me ha destrozado el cuerpo. Esta miserable Isla...&lt;br /&gt;    »El lugar de donde vengo no te creas que es el puñetero Edén. Trabajaba en un peaje antes de estudiar para pilotar avionetas. Mirar ticket, anunciar precio del trayecto y decir solícitamente «gracias». A lo que te contestaban «Gracias», «que te den ladrón», o peor aún, te lanzaban esos puñeteros céntimos de euros a la cara, con total alevosía —señala su cara—. ¿Ves esta cicatriz? Veinte céntimos. Si te acercas y lo observas bien puedes ver el dos y medio cero. Por suerte, me dio un poco de refilón.&lt;br /&gt;  »Tanto disgusto no valía la pena, esa mierda de trabajo lo podría hacer cualquiera. Bastaba con ser una especie de simio. A decir verdad, conmigo entró a trabajar un chimpancé llamado Shimo. Fue el mejor de nosotros y ascendió rápido. Era absolutamente genial lo que hacía con los pies. Daba el cambio con las manos a los clientes mientras con los pies hacia tareas administrativas, servía un refresco al jefe o, sin más, repicaba sobre la mesa con los dedos &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(jocoso)&lt;/span&gt;. ¡Con los dedos, como si estuviera aburrido! Era genial. Ahora no recuerdo si Shimo era un chimpancé o simplemente un tipo extremadamente peludo. Da igual. Triunfó. En poco tiempo llegó a dirigir los peajes a nivel nacional.&lt;br /&gt;    »Para mí aquel peaje era un infierno. Y al volver a casa, me encontraba con mi mujer. Le tenía un pánico horroroso. Tenía una boca, tenía una boca... era todo dientes. La primera vez que fue al dentista, cuando era pequeña, se ve que la madre le dijo:&lt;br /&gt;    »— Esta es Belinda, mi hija.&lt;br /&gt;    »A lo que el dentista contestó:&lt;br /&gt;    »— ¿Y su hermana siamesa se llama?&lt;br /&gt; »Si supieras el esfuerzo y el dinero que tuvieron que invertir sus padres sólo para convencer a aquel pobre hombre de que aquello era una dentadura y no dos como él se pensaba. Una millonada. Era algo horrendo, te lo puedo asegurar. Tú te ríes porque no tienes ninguna vergüenza. Tú no tenías que besarla. Además su voz estridente era también insoportable. El aire se filtraba de muy mala manera entre tanto diente. Un día me dijo: Mañana nos casamos. Y no pude decirle que no. En ese momento creí que si le decía que no me comería. Qué tontería, ¿no? Pero por tonto que parezca, así razoné cuando me obligó a ser su marido.&lt;br /&gt;   »Un año después un loco que pasaba por el peaje cada día para ir a la oficina tomó la costumbre de intentar atropellarme a las siete de la mañana. Ni un minuto más, ni un minuto menos. A las siete de la mañana. La hora en que yo cruzaba el carril por donde pasan les clientes habituales. ¿Te preguntas por qué no pasaba a una hora diferente? No lo sé. Supongo que tienes razón. De todas maneras el loco sólo llegó a partirme una pierna. Lo denuncié, pero el juez falló a su favor al ver y al escuchar a mi mujer. Con razón además. Tuve que pagarle una indemnización. Le había roto un faro al coche que al parecer era «más caro que mi vida». Esas no fueron las palabras del loco, ni del juez, sino de mi propia mujer en casa. Esas y estas otras: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(imitando la desagradable voz de Belinda)&lt;/span&gt; «Jo, Yo-yo, eres un completo inútil». Ella siempre decía «jo». Nunca se ponía de mi parte y siempre me decía que era un completo inútil. Para más inri, por si fuera poco, me llamaba Yo-yo. Era una completa idiota. Era... terrible.&lt;br /&gt; »Estuve unos meses en el paro y Belinda... bueno, Belinda murió. Los médicos no supieron la razón de su muerte. Su madre decía que había sido por mi culpa. Francamente, podría ser. Yo la ponía tan nerviosa que... en fin, en esos meses me decía que era un inútil a todas horas y llegó un momento que la pobre mujer se saturó. Aunque por aquel entonces yo decidí achacarlo a su dentadura, como hacía siempre con todos mis problemas. Belinda murió cuando dormía. Me costó mucho asumirlo. Cuando conseguí superarlo, empecé a estudiar para poder pilotar una avioneta. Tenía unas ganas terribles de volar. Simplemente, volar.&lt;br /&gt;  »Ahora no puedo volver. Y francamente, no quiero. ¿Para qué? ¿Para volver a ese mundo de chiflados? Además, era un fracasado, seguro que no me echaron en falta. Seguro que pensaron que me habría dado por huir de todo, sin mirar atrás.&lt;br /&gt;   »Me fui sin decir nada. Es decir, sí que me despedí. Di dos besos aquí y allá, y alguien me deseo buen viaje. Pero no le dije a mí madre que la quería, no le dije al amor de mi vida que la amaba. No hablo de Belinda. Sino de otra. Lo que más me maravillaba de ella era que tenía una dentadura perfecta. Tampoco le dije a mi mejor amigo que lo admiraba, ni le dije a mi hermano que para él siempre estaría ahí y, bueno, no le di dos palmaditas a mi padre en la espalda. Con eso hubiera bastado. Y, quizás, como consecuencia de todo ello, ahora brotan nuevos porqués en los labios de esas personas. Más porqués al saco. Y, por encima, el sempiterno: ¿Y por qué yo?&lt;br /&gt;    »¿Te parece excéntrica mi actitud? ¿Mucho o poco? Porque he cambiado, lo sé. Esta Isla me ha cambiado. ¿Te crees que no me doy cuenta de que hago cosas raras? Tú me has visto. Es eso. Me has visto pasear por aquellas rocas. Las Rocas Humeantes. Vale, voy por ahí cada día, me paró en seco y digo casi chillando: ¿No dejarán nunca de humear estas putas rocas? Entiéndeme. Eso es un ritual. No voy, me paro y digo «cuatro». Eso no tendría ningún sentido. En cambio, lo que yo hago tiene todo el sentido del mundo. Esas Rocas Humeantes van a ser mi perdición. Lo sé.&lt;br /&gt;    »¿Sigues riendo? Después soy yo el chiflado. Tú si que estás como una puta cabra. Ahí, sin decir nada, con tus aires de superioridad. ¿Te parece que estoy delirando? ¿Por lo de Shimo? ¿Por lo de Belinda? Bah, desde siempre te creíste mejor que yo. ¿Crees que no lo noto? Siempre con tu estúpida risa, despreciando, odiando. ¿Crees que allí no me trataban así? Pues estás muy equivocado. En casa era más de lo mismo. Por eso puedo soportarlo. Por eso puedo soportarte. Por eso no intento volver, porque esta Isla me parece bien. A pesar de sus huracanes. Esto me parece el puñetero paraíso. Y sino fuera por el murmullo del agua. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;(furibundo) &lt;/span&gt;Ese murmullo me va a hacer perder la cabeza —se levanta de repente y se dirige al agua. Con todas sus fuerzas, con toda su rabia, da una patada a una pequeña ola—. ¡Ahí lo tienes! ¿No dices nada? ¿Te crees mejor que yo? ¡Imbécil!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camina hacia su interlocutor y le da también a él una patada. Le da en plena cabeza. Esta se desprende del cuerpo y llega al agua rodando por la arena. El agresor mira hacia las rocas que se funden con los restos de una avioneta. Han pasado ya ciento ochenta y dos noches y aún le parece que esos restos desprenden el humo negro que desprendían cuando llegó a la Isla.&lt;br /&gt;El coco y sus cuatro ranuras hechas con navaja a modo de facciones humanas se aleja flotando en dirección a altar mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  — Eso, vete. Déjame aquí solo. Vete. ¡Vete! Vuelve a casa de una puñetera vez.    &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-998775345644594184?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/998775345644594184/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=998775345644594184&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/998775345644594184'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/998775345644594184'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/08/el-coco_22.html' title='El Coco'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-7996147698228371420</id><published>2008-08-18T13:08:00.000-07:00</published><updated>2008-08-19T03:20:17.823-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>una sensación extraña</title><content type='html'>"Qué será de nosotros", era lo único que repetía aquella abuela rusa de aquel documental. &lt;br /&gt;Lo repetía una y otra vez mientras se balanceaba en una silla carcomida que, probablemente, perteneció a su abuela, una abuela que, supuse, también se habría hecho la misma pregunta unas cuantas veces. &lt;br /&gt;Muchas.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces le tuvo que repetir la madre de Seth a Seth que la cena ya estaba lista. &lt;br /&gt;Cuando bajó, la cena se había enfriado. &lt;br /&gt;¿Qué hacías?, le preguntó la madre de Seth a Seth. &lt;br /&gt;Estaba escuchando música, respondió Seth. &lt;br /&gt;¿Qué clase de música?, siguió la madre de Seth. &lt;br /&gt;De todo tipo, contestó Seth. &lt;br /&gt;¿No puedes decirme algún grupo, por si lo conozco?, continuó la madre de Seth. &lt;br /&gt;Entonces Seth, después de tragar un trozo de pollo frío dijo: Da igual, no los conoces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sylvia&lt;/span&gt;: No los conoces, no puedes opinar.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sean&lt;/span&gt;: Puedo opinar de quien me dé la gana.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sylvia&lt;/span&gt;: Es cierto, pero sería mejor que supieses de lo que hablas.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sean&lt;/span&gt;: Mira, preocúpate de tu vida y de tus problemas, que bastante tienes.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sylvia&lt;/span&gt;: ¿Ah, sí? ¿Qué problemas tengo?&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sean&lt;/span&gt;: Tú sabrás, tienes pinta de neurótica.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sylvia&lt;/span&gt;: ¿Y tú, de qué tienes pinta?&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Sean&lt;/span&gt;: No lo sé, dímelo tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Dímelo tú, qué has sentido, yo sé lo que sentí pero quiero saber qué siente otra persona, qué has sentido tú". Joe miraba a Mariane con la certeza de que no iba a encontrar ninguna respuesta. Aún así, la estuvo esperando. &lt;br /&gt;Entonces Mariane dijo: "Es una sensación extraña".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una sensación extraña como la que vivieron los pasajeros del vuelo B-747 procedente de Berlín con destino Tokyo. &lt;br /&gt;Algo sucedió durante la noche del vuelo. Nadie se atrevió a hacer declaraciones. Las noticias que se publicaron fueron confusas. Se habló de magia negra, también de fenómenos paranormales, incluso de extraterrestres. &lt;br /&gt;La cuestión es que a treinta pasajeros de ese vuelo, al aterrizar en Tokyo, les faltaban dientes. &lt;br /&gt;Científicos de todo el mundo no han podido explicar el extraño suceso. &lt;br /&gt;Tanto la compañía aérea como los propios pasajeros afectados nunca han querido hacer declaraciones al respecto. &lt;br /&gt;Pero en algún lugar del espacio o del tiempo deben estar esos dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos dientes que me saludaban cada vez que sonreías, cómo recordaré esos dientes un poco mal puestos y esos dientes me transportarán, me guiarán hasta entonces, cuando nos sentábamos en aquel columpio en el que apenas cabíamos y nos contábamos cosas para conocernos, para reconocernos, y nos quedábamos en silencio y entonces yo no sabía qué decir y te miraba y tú sonreías y esos dientes me saludaban y yo no necesitaba nada más para ser feliz que esa noche, ese columpio y esos dientes, incluso sin ti me hubiera bastado para ser feliz, sólo con que me hubieras dejado esos dientes allí, saludándome de vez en cuando, lo demás no me hacía falta, de hecho no lo recuerdo, no recuerdo si hacía frío o calor o llovía, sólo recuerdo que era de noche, ese columpio y esos dientes, tus dientes, dónde estarán esos dientes, por qué todo lo que me hizo feliz ya no sé dónde estará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé dónde estará ese hombre. &lt;br /&gt;Lo vi un día desde la ventana de mi segundo piso, un día que me había quedado en casa porque no me encontraba muy bien. &lt;br /&gt;Yo estaba junto al ventanal que da a la avenida. Me tomaba una taza de leche. Tenía la ventana abierta porque Marnie, mi gata, había salido al balcón. La miraba, miraba sus contoneos, sus extrañas figuras paseando sobre la baranda. &lt;br /&gt;Entonces un hombre se acercó, se detuvo bajo el ventanal y dijo "cuatro". &lt;br /&gt;Y se fue. &lt;br /&gt;Pero no me lo dijo a mí, no sé a quién se lo dijo, a nadie, supongo, hablaba solo, siempre he creído, hablaría consigo mismo, pensé, recordando algo importante. &lt;br /&gt;¿Qué será de aquél hombre? &lt;br /&gt;Ni se imaginará que estamos hablando de él ahora mismo, claro. &lt;br /&gt;¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo? ¿Habrá muerto? ¿Por qué tiene que haber muerto?&lt;br /&gt;Me gustaría saber qué será de aquél hombre. &lt;br /&gt;Pero, sobre todo, qué será de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-7996147698228371420?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/7996147698228371420/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=7996147698228371420&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/7996147698228371420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/7996147698228371420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/08/una-sensacin-extraa.html' title='una sensación extraña'/><author><name>diego</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02126689591225328372</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='33' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/-_7gW6YF3gwg/TW-BvCh4DUI/AAAAAAAACR4/fveOYhKN4b8/s220/elephant-man-1980-4924-932913867.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-8278215945390218714</id><published>2008-08-08T01:49:00.000-07:00</published><updated>2008-08-23T02:43:54.889-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>La Sombra.</title><content type='html'>&lt;em&gt;Resuena en la azotea un manojo de llaves. Este cuelga del pantalón de un hombre que parece una SOMBRA, vestido con un largo traje negro, interminable en la oscuridad de una pronta noche invernal. Una sombra que nace de los pies del SUICIDA.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;SUICIDA. ¡Joder! ¡Qué susto me ha dado! A poco me caigo. ¿Qué hace con esas llaves?&lt;br /&gt;SOMBRA.  Abro puertas...&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(encogiéndose de hombros)&lt;/em&gt; Ah, ¿sí? Mira tu por dónde.&lt;br /&gt;SOMBRA. &lt;em&gt;(murmurando) &lt;/em&gt;También las cierro.&lt;br /&gt;SUICIDA. ¿Qué hace usted aquí?&lt;br /&gt;SOMBRA. &lt;em&gt;(impasible)&lt;/em&gt; Paseaba por la calle... y he visto que quizá requería mi presencia.&lt;br /&gt;SUICIDA. ¿Piensa que no me puedo tirar solo de la azotea de un séptimo piso?&lt;br /&gt;SOMBRA. No todos pueden hacerlo. Yo diría que usted sí.&lt;br /&gt;SUICIDA. Pues entonces puede irse.&lt;br /&gt;SOMBRA. ¿Podría separarse un poco del borde?&lt;br /&gt;SUICIDA. ¿Por qué?&lt;br /&gt;SOMBRA. Me preocupa que pueda caerse.&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(molesto)&lt;/em&gt; No. No puedo separarme del borde. Está decidido.&lt;br /&gt;SOMBRA. En todo caso, podemos charlar un rato. Para morir tiene tiempo. Toda su vida.&lt;br /&gt;SUICIDA. Pues... verá... no. No, porque antes de subir he llamado a mi hermana diciéndole que estaba decidido. Vendrá hacía aquí inmediatamente. Debe estar asustada.&lt;br /&gt;SOMBRA. Debe estarlo. Seguro. ¿Cuánto tardará?&lt;br /&gt;SUICIDA &lt;em&gt;(calculando la caída)&lt;/em&gt; No sé. Depende. Hora y media. Vive lejos de aquí. Si hay tráfico en la autopista, quizá tarda más.&lt;br /&gt;SOMBRA. Entonces hay tiempo. ¿Quiere mucho a su hermana?&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(alterándose de pronto)&lt;/em&gt; ¿Pero qué le pasa a usted? ¿Quién es? ¿Y qué hace aquí?&lt;br /&gt;SOMBRA. Ya le he dicho que paseaba por la calle y he visto que asomaba la cabeza. ¿Le molesta?&lt;br /&gt;SUICIDA. Pues... ¡Sí! ¡No! Es decir, ¡Sí! Me molesta la sangre fría que tiene. Que me    voy a tirar joder... &lt;em&gt;(señalando hacia abajo colérico)&lt;/em&gt; Que voy a estampar mi cuerpo contra ese Toyota rojo de ahí. ¿No se lo cree o qué?&lt;br /&gt;SOMBRA. Ya le he dicho que lo veo capaz. Pero no creo que sea oportuno que yo pierda los nervios. Ya los está perdiendo usted por los dos. ¿Le preocupa morir por el impacto de ese coche japonés? ¿O le preocupa que sea rojo?&lt;br /&gt;SUICIDA. ¿Cómo?&lt;br /&gt;SOMBRA. Sí, si le preocupa...&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(desabrido)&lt;/em&gt; Ya he oído la pregunta. Lo que pasa es que me parece increíble lo que me está preguntando.&lt;br /&gt;SOMBRA. ¿Pero le preocupa o no?&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(pensativo)&lt;/em&gt; Bueno, creo que no. ¿Se refiere a si preferiría que fuese un coche fabricado aquí?&lt;br /&gt;SOMBRA: Eso, o que fuera de otro color.&lt;br /&gt;SUICIDA: A ver, no soy uno de esos que está obsesionado por los productos nacionales. Ni mucho menos. A decir verdad siempre me he considerado un hombre sin patria.&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿De verdad?&lt;br /&gt;SUICIDA: Sí. No he conseguido nunca identificarme con una nación o una patria. Me es imposible pasar por alto muchas cosas. Todo ese simbolismo, todo ese...&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿Y que sea rojo?&lt;br /&gt;SUICIDA: Joder, dale con lo mismo. Le estaba contando lo que sentía. No tiene usted mucho tacto. Desde luego no valdría como psicólogo.&lt;br /&gt;SOMBRA: Soy psicólogo. Trabajo para la policía y mi faena consiste en evitar que la gente acabe con sus vidas tirándose de la azotea de un séptimo piso.&lt;br /&gt;SUICIDA: Ah, muy oportuno. ¿Cómo sino hubiera decidido subir aquí? Lo que no entiendo es cómo me ha visto. Hay mucha altura y apenas he asomado la cabeza. ¿Cómo sabía que quiero tirarme?&lt;br /&gt;SOMBRA: Intuición, supongo. Como todo aquí, es la explicación más lógica.&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(sentándose en el borde del edificio)&lt;/em&gt; Ya... &lt;em&gt;(silencio)&lt;/em&gt; Ya que insiste tanto, sí que he estado pensando un poco acerca de lo que sería estrellarme contra ese coche rojo. No porque sea japonés, a ver, eso me trae sin cuidado. Aunque sin saber cómo me ha venido a la cabeza un asiático chillón con una cinta en la cabeza. Un Kamikaze. Me metía la bronca y yo no entendía ni una sola palabra. Pero no es eso. Verá, cuando estaba en la cama pensando en cómo sería mi final la verdad es que me había imaginado otra cosa. Había pensado que caería sobre la acera dejando a mi alrededor un gran charco de sangre. Joder, en el rojo de ese coche ni siquiera se va a ver la sangre. Y, entonces, en mi imaginación, una señora dejaba caer las bolsas de la compra al suelo y emitía un grito horripilante. Ahí abajo no hay ninguna señora... no hay nadie. Claro que también esto está  en silencio y en mi sueño sonaba de fondo...&lt;br /&gt;SOMBRA. ¿Puccini?&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(abriendo los ojos de par en par)&lt;/em&gt; ¡Sí¡ ¿Cómo lo sabe?&lt;br /&gt;SOMBRA. Intuición, supongo.&lt;br /&gt;SUICIDA. Vaya, realmente es usted un genio. Sí, sonaría Puccini. El final de Madame Butterfly. Así lo he soñado. Y es extraño... Extraño porque no es de mis operas favoritas de Puccini.. A mí realmente me gusta Turandot. Me encanta. Y bueno, la Bohème también me gusta... Pero sobre todo Turandot. Es algo increíble. ¿La conoce?&lt;br /&gt;SOMBRA: Claro.&lt;br /&gt;SUICIDA &lt;em&gt;(levantándose de un salto, exaltado).&lt;/em&gt; Cuando torturan a Liú para que diga el nombre de Calaf y está prefiere morir antes que traicionar al amor de su vida... y todo para que Calaf se vaya con la otra, con la Principessa di Gelo que no es otra cosa que una engreída que se cree hija de los dioses. Pero Calaf está emperrado, Calaf es como yo. Sí. Algo se ha encendido en su alma y ya no hay quién lo pare. Ni su propio padre, ciego, desamparado. ¡Nadie! Aunque todo sean quimeras de su fantasiosa mente. Y al final el hielo de la Principessa di Gelo resulta que no es más que una mentira... Es de carne y hueso como todas.&lt;br /&gt;SOMBRA. A veces necesitamos protegernos contra el mundo.&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(paseándose nervioso a pocos centímetros del precipicio) &lt;/em&gt;Sí, puede ser...&lt;br /&gt;SOMBRA. Algo más le preocupa.&lt;br /&gt;SUICIDA. ¿Cómo lo sabe?&lt;br /&gt;SOMBRA. Intuición, supongo.&lt;br /&gt;SUICIDA. Sí. Me preocupan muchas cosas. Pero hay algo que me preocupa bastante &lt;em&gt;(rascándose la cabeza).&lt;/em&gt; No me gustaría saltar y sobrevivir. Ya sé que esto está muy alto... Sin embargo, imagínese que me tiro y por alguna razón consigo seguir con vida. ¿Y si me quedo en silla de ruedas? Sería horrible... &lt;em&gt;(largo silencio)&lt;/em&gt; ¿Sabe quién es Jaques LeFevrier?&lt;br /&gt;SOMBRA. Me suena.&lt;br /&gt;SUICIDA: Ese tipo se quería suicidar. Me contaron la historia hace un par de semanas. Fue a un acantilado y anudó una cuerda a una gran piedra. Se quería colgar. Pero antes, tomó veneno y se prendió fuego. Y quería meterse un tiro mientras estuviera ahogándose y ardiendo e intoxicándose. Total, que así lo hizo. Puso la soga alrededor de su cuello, tomó veneno, se prendió fuego y saltó al vacío. Entonces disparó la pistola, pero no se dio. La bala atravesó la cuerda y LeFevrier cayó al mar. El agua apagó las llamas. Y aquello le causó tanta impresión que vomitó. Vomitó el veneno. Lo acabó recogiendo un pescador que pasaba por allí.&lt;br /&gt;SOMBRA. ¿Esa fue la historia que creo sus dudas?&lt;br /&gt;SUICIDA. Sí, en parte sí. Por suerte el final era algo más... alentador. A los dos días LeFevrier murió en el hospital. De hipotermia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;em&gt;(Por un segundo puede verse un destello en la oscuridad que procede de SOMBRA. Ha sonreído)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;SUICIDA: Es curioso... es curioso cómo las personas podemos llegar a ese nivel de autodestrucción. No entiendo por qué a veces, inspirados como por una profunda decepción, preferimos de esa manera la Nada a todo lo demás. Por mucho que todo lo demás sea el mundo, la vida, la belleza, y todo lo bonito. Y todo lo feo, claro está. Pero lo feo jamás nos decepciona y por eso nos atrae en cierta medida. Y, encima, deseamos la Nada de manera salvaje. Queremos desintegrar hasta el último de nuestros átomos. Incluso hasta el último de los átomos del universo. Pero, ¿no viene a ser lo mismo? ¿No es mi fin el fin del universo? Y en cambio, otros, como Liú en Turandot, se suministran a ellos mismos la muerte, de manera simple, pacífica, por el amor hacia un hombre que ni siquiera les corresponde. Lo de Liú... Lo de Liú es verdadero amor.&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿Ha estado enamorado alguna vez?&lt;br /&gt;SUICIDA: Oh, sí. Miles de veces.&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿Sí?&lt;br /&gt;SUICIDA: Sí, soy así. A decir verdad, en mi imaginación, mientras sonaba Puccini, aparecía Ella gritando desesperada. Ella me decía que me amaba. O bueno, se lo decía a mi cadáver empapado de sangre.&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿Ella?&lt;br /&gt;SUICIDA: Una mujer que conocí hace unos meses. Preciosa, inteligente...&lt;br /&gt;SOMBRA. &lt;em&gt;(interrumpiendo)&lt;/em&gt; ¿Pero no ha dicho que se ha enamorado miles de veces? ¿Qué tiene esta de especial?&lt;br /&gt;SUICIDA: Me he enamorado miles de veces. Pero Ella... Ella es especial.&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿Por qué? ¿Comparten muchas cosas?&lt;br /&gt;SUICIDA: Sí... Compartíamos muchas cosas. Nuestras pasiones, nuestra manera de pensar, hasta nuestro egocentrismo... Pero además es especial. Es especial, lo vi en su mirada. Tiene unos grandes ojos verdes... Te fulmina con ellos y no sabes ya dónde estás, si en este mundo, o en otro mundo completamente distinto. Algo sublime...&lt;br /&gt;SOMBRA. Interesante.&lt;br /&gt;SUICIDA. Sí. Ella tiene una curiosa manera de ser. Siempre quiso ser pirata. ¿Le dice algo eso?&lt;br /&gt;SOMBRA. No.&lt;br /&gt;SUICIDA. Ya, a mí tampoco. Me lo contó hace poco. Ni siquiera sé por qué lo he dicho. Supongo que siempre intento buscar pistas. Y más con Ella. Quizás no tenga importancia. El otro día estábamos charlando tranquilamente en la terraza de un café y, bueno, no recuerdo a qué vino, pero hice un comentario y ella se echó a reír. Aquello sí fue importante (&lt;em&gt;Da un par de pasos hacia SOMBRA, pero sin mirarla directamente, como ha hecho hasta ahora. Ellos no se miran, SOMBRA, estático, mira al cielo, y SUICIDA mantiene la mirada ora en el vacío, ora en el suelo de la azotea. SUICIDA suspira profundamente&lt;/em&gt;).&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿Importante? ¿Por qué?&lt;br /&gt;SUICIDA: Sí... a ver... a usted le parecerá una tontería. Pero ella es la típica persona que frente a alguien no tiene ese tipo de reacciones tan efusivas. En eso si que somos diferentes. Yo soy transparente... y, bueno, ella apenas habla de sí misma. Ella parece que está dentro de un caparazón. Yo conseguí ahondar bastante... pero no lo suficiente, creo. O no fue suficientemente importante para ella que yo lo hiciera. O quizás no lo hice. Invento tantas cosas... Pero el otro día &lt;em&gt;(levantando los brazos hacia la noche, visiblemente emocionado),&lt;/em&gt; el otro día ella, ante mí, se desternillaba de risa... y, ¿sabe en qué note que era especial ese momento?&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿En qué?&lt;br /&gt;SUICIDA: Pues que ella no podía dominarse. Reía y reía. Pero quería parar. ¡Quería parar! Decía "Bueno, basta, basta. Ya es suficiente". Pero seguía riendo. Como si aquella risa, aquella preciosa sonrisa viniera de lo más profundo de su gruesa coraza, como si estuviera desnuda... Fue increíble. Y quizás no pasó realmente. Quizás sólo sea producto de mi fantasiosa mente. Invento tanto, exagero tanto... Pero, ¿no es bonito? ¿Y si pasó realmente? Nunca la volveré a ver, pero aquella manera de reír me llena ahora. No me besó nunca. Ni lo hará... Ella no me quería, lo dijo su silencio &lt;em&gt;(sus ojos se humedecen de pronto). &lt;/em&gt;Ella no me quiere...&lt;br /&gt;SOMBRA: ¿Y va a saltar por eso?&lt;br /&gt;SUICIDA: No&lt;em&gt; (intentando recuperar el aplomo perdido).&lt;/em&gt; No es sólo por eso.&lt;br /&gt;SOMBRA: No lo entiendo entonces. Es usted un joven vitalista. No parece tener problemas económicos... Lo único lo de esa mujer. Puede seguir junto a ella, aunque no le quiera.&lt;br /&gt;SUICIDA: Ya, pero... ¿qué hacer? ¿Enamorarme cada vez más permaneciendo a su lado? ¿Frustrarme por ello para acabar haciéndole daño? Además, no me voy a tirar por Ella. Tampoco tiene nada que ver que yo tenga una buena situación económica, ni que sea vitalista. Es decir, precisamente... a ver... ¿cómo explicarlo? Me tiro porque soy vitalista. ¡Un Romántico! Porque siento un vacío que nunca sabré llenar. De tanto en cuando consigo llenarlo y parece que está lleno, pero poco después vuelvo a sentirme vacío. No hay ningún camino, sólo dos abismos por los que caigo inevitablemente. En los dos apuro el cáliz con auténtica gula, de manera salvaje... Apuro el cáliz, y el deseo, apuro el cáliz, y el desprecio... Apuro el cáliz hasta estar no poder más, y cansado, renuncio a todo, renuncio entre la evasión de mi fantasía y una extraña sensación de poder. Apuro el cáliz... ¡Y nunca es suficiente! &lt;em&gt;(completamente fuera de sí).&lt;/em&gt; ¡Y no sé de cargas! Y la intensidad de esta existencia, precisamente porque soy así, me embriaga con demasiada facilidad. Me abruma. ¿Cómo me protejo del mundo si mi manera de ser no entiende de caparazones? ¿No es una manera de retomar el control el que yo decida cuando llega el final? &lt;em&gt;(cierra los ojos dolorido).&lt;/em&gt; Por otra parte tanta reflexión, tanto odio hacia los demás y, sobre todo, hacia mí mismo. Y después están las épocas de hastío, de profunda melancolía que te domina sin saber por qué. El abismo de los sentimientos bajos, de la decadencia, la honda degradación... Para siempre, ¡miles de contradicciones!  A veces, es estúpido, pero me embarga un gran sentimiento de culpa. ¡De culpa! ¡Y de vergüenza! ¿Y si sólo importa el momento, y si esto sólo vale la pena por el aria de Liú en la que confiesa que lo que pone tanta fuerza en su corazón es el amor? Tanta fuerza que resiste la cruel tortura, que abraza a la muerte sin miedo... ¿Y si todo vale la pena sólo por la íntima sonrisa de una bella mujer? ¿Y si quiero que en ese mismo momento, en ese mismo momento de máximo frenesí, un rayo me fulmine a mí, y a todo, para que mi aliento sea el primer y último, un auténtico aliento de vida? ¿Y si...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Perturbador, en la oscuridad, resuena el manojo de llaves.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;SOMBRA. &lt;em&gt;(con voz lejana)&lt;/em&gt; ¿Y si Ella volviera a sonreír?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Aparece una mujer en la azotea del séptimo piso. Tiene el pelo agitado y por sus mejillas corren gruesas lágrimas. Se lanza a los brazos de su hermano.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HERMANA. ¡Menos mal! ¡Estás vivo!&lt;br /&gt;SUICIDA. &lt;em&gt;(desorientado) &lt;/em&gt;¿Qué? ¿Cómo?&lt;br /&gt;HERMANA. Me has dado un susto de muerte.&lt;br /&gt;SUICIDA. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde está? ¿Dónde está el psicólogo de la policía?&lt;br /&gt;HERMANA. ¿Qué? Aquí no hay nadie. ¡He llegado a tiempo! Aquí sólo estamos tu y yo. Tú y yo... ¡Vivos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-8278215945390218714?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/8278215945390218714/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=8278215945390218714&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8278215945390218714'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8278215945390218714'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/08/la-sombra.html' title='La Sombra.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-4123626122970133996</id><published>2008-08-04T13:32:00.002-07:00</published><updated>2008-08-05T10:17:07.220-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>mi perro Gregor</title><content type='html'>Bajamos caminando la cuesta.&lt;br /&gt;Empezaba a amanecer y los hombres que me llevaban atado caminaban cada vez más deprisa.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Les pregunté si podían ir más despacio y me respondieron con una patada en la boca.&lt;br /&gt;Cada vez que me quejaba o me dirigía a ellos la respuesta era la misma.&lt;br /&gt;Escupí la sangre y algún diente y continué caminando arrastrado por esos dos tarados.&lt;br /&gt;No volví a decir nada más hasta que llegamos a nuestro destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro destino era una sucia cabaña rodeada de hierbas.&lt;br /&gt;Me metieron allí de un empujón y cerraron la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si existe el infierno, se hallaba ante mis ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi izquierda, montañas de basura se alzaban hasta el techo, basura putrefacta que estaba siendo devorada por centenares de ratas y otros animales que jamás había visto.&lt;br /&gt;Me quedé con la espalda pegada a la puerta mientras la jauría chillaba y corría peleándose por un trozo de cartón.&lt;br /&gt;Algún que otro extraño animal se acercó a mis botas y me olfateó. Luego se alejó y se introdujo de nuevo en la orgía infernal.&lt;br /&gt;Entonces miré hacia la derecha y contemplé el verdadero horror.&lt;br /&gt;Si lo que había visto hace unos segundos me había parecido el auténtico infierno, lo que allí se me mostraba eran las entrañas del mismísimo diablo.&lt;br /&gt;Nunca pensé que el ser humano, si es que él era el culpable de la atrocidad que tenía ante mí, fuese capaz de crear algo tan insondable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desnudas y apelotonadas, atadas por el cuello a una viga de madera, unas cincuenta personas me estaban observando.&lt;br /&gt;No emitían ningún sonido, no se movían, ni siquiera parpadeaban. Simplemente vaciaban su mirada en mí.&lt;br /&gt;Aunque no sé si en realidad me veían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminé hacia ellas.&lt;br /&gt;El olor que desprendían era nauseabundo y estuve dudando si el hedor provenía realmente de las montañas de basura.&lt;br /&gt;Vi que casi todos tenían los cuerpos llagados, observé piernas cangrenadas, orejas cortadas o roídas por algún animal, uñas rotas infectadas, astillas de madera clavadas en algún que otro ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De dónde había salido toda esta gente? Pero, sobre todo, ¿qué estaba haciendo yo en ese lugar? ¿Cómo había llegado hasta ellas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recordaba de dónde habían aparecido los dos tarados que me arrastraron a lo largo de la espesa tundra.&lt;br /&gt;Yo estaba paseando con mi perro Gregor a lo largo del río cuando me eché a dormir sobre una gran piedra. A partir de ahí no recuerdo nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despertó un brutal puñetazo en el estómago por parte de uno de los tarados, el tuerto.&lt;br /&gt;Me hablaba en un idioma que yo desconocía aunque, no sé por qué, supuse que me estaba despertando e insultando.&lt;br /&gt;Después de mirar su ojo vaciado me volví hacia atrás y descubrí al segundo tarado.&lt;br /&gt;Éste no tenía dientes y sostenía en su mano derecha una rata.&lt;br /&gt;Más tarde pude comprobar que se la estaba comiendo. Viva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos caminando durante unas cinco horas. Parábamos cuando ellos querían.&lt;br /&gt;Yo caminaba delante, atado con una cadena al cuello, y los escuchaba reír y escupir.&lt;br /&gt;Pero, sobre todo, lo que siempre llevaré en mi cabeza será ese tintineo de llaves que cada uno llevaba a su cintura.&lt;br /&gt;¿Para qué demonios querrían tantas llaves?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ante mí tenía la respuesta.&lt;br /&gt;Cada una de las personas llevaba un candado en la correa del cuello. Y una cadena unía la correa a la viga.&lt;br /&gt;Me preguntaba si la única manera de liberar a esas personas era con las llaves de los tarados.&lt;br /&gt;Aunque ni siquiera sabía si realmente esas llaves abrirían esos candados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras yo pensaba esas estupideces, delante mío esos cuerpos.&lt;br /&gt;Parecía que el tiempo se había parado ahí dentro.&lt;br /&gt;Lo único que se movía era el centenar de ratas y demás monstruos que se divertían en la basura. Los cuerpos seguían inertes y podías decir que estaban vivos porque todos respiraban al mismo ritmo, lo que conformaba una extraña visión, una pastosa montaña de carne viva.&lt;br /&gt;Todos los ojos seguían observándome, como si esperasen una señal, una solución, pero también sin esperar nada, con la vacuidad de quien sabe que para morir no hace falta estar muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue entonces, ante esas miradas, cuando comprendí que nada se podía hacer allí.&lt;br /&gt;Volvieran o no los dos tarados, consiguiera quitarles o no las llaves, esa gente ya estaba muerta.&lt;br /&gt;¿A dónde iban a ir una vez liberados?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retrocedí y fui hasta la puerta. Giré el pomo y comprobé, para mi asombro, que estaba abierta. Los tarados se habían olvidado de cerrar. O, pensándolo mejor, ¿para qué cerrar esa puerta? Nadie podía salir, nadie querría entrar.&lt;br /&gt;Pero yo ya estaba afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a correr.&lt;br /&gt;No sentía miedo. Ya no. Ahora sólo corría ladera abajo. Corría tan rápido que pensé que podría empezar a volar en cualquier momento.&lt;br /&gt;Sin rumbo fijo, me alejaba de allí de dónde venía, de mis orígenes, de mi casa, pero también de dónde aquellos tarados me habían traído.&lt;br /&gt;Me alejaba de todo lo bueno y todo lo malo de mi corta vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve caminando unas tres horas hasta que divisé una pequeña aldea al otro lado de un valle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las calles estaban desiertas.&lt;br /&gt;Un perro famélico cruzó desde la otra acera olisqueando la calle y caminó a mi lado.&lt;br /&gt;Un poco más allá vi la silueta de una anciana salir de su casa. Arrastraba una bolsa negra. Algo se movía dentro.&lt;br /&gt;Llegué a una casa pintada de blanco con una puerta de madera.&lt;br /&gt;Cuando me disponía a llamar,&lt;br /&gt;allí,&lt;br /&gt;debajo de la aldaba,&lt;br /&gt;colgados de un clavo,&lt;br /&gt;dos manojos de llaves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-4123626122970133996?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/4123626122970133996/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=4123626122970133996&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4123626122970133996'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4123626122970133996'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/08/mi-perro-gregor_05.html' title='mi perro Gregor'/><author><name>kena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18058944661527245827</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='29' src='http://bp3.blogger.com/_kFwvNR9MyGw/R5Nom5_rAQI/AAAAAAAAAEE/pc-P47lXVu0/S220/kena.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-8981764308294964490</id><published>2008-08-01T08:46:00.000-07:00</published><updated>2008-08-01T08:49:07.156-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>V.</title><content type='html'>Vivía en una habitación desnuda, como la mujer que había pintado en la grisácea pared con unas tizas que habían salido de no se sabe dónde. Él era un artista, un pintor que vivía solo, encerrado en aquel hogar inhóspito, rodeado tan sólo de una cama y una almohada, de una pequeña cubeta para asearse y un infecto retrete. Únicamente una puerta y una minúscula ventana accedían al exterior.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Admiraba aquella figura de curvas voluptuosas que dejaba su melena rubia a merced del viento invisible, viento que él mismo creó, e iluminaba las cuatro paredes con una sonrisa ya tierna, ya burlona, ya triste... Ella jugaba con sus emociones.&lt;br /&gt;Su mundo era una selva. El pintor había dibujado verdes helechos a su alrededor, pájaros multicolores que entonaban melodiosos cánticos y, a los pies de la Musa, un pequeño arroyo de agua cristalina. A la reina del paisaje la había llamado V, tal y como ella misma con dulce y clara voz le había susurrado al oído en sueños.  &lt;br /&gt;Un día, por debajo de la puerta, alguien deslizó una nota.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;                      Espera, no vengas por mí aún.&lt;br /&gt;                                                              V.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pintor, al leerla, experimentó la vitalidad que antaño había marcado todas y cada una de sus acciones y que había perdido sin remedio meses atrás. Hasta tal punto lo había vuelto sombrío aquella habitación. Tanto que día tras días una desesperación se lanzaba sobre él en cuanto despuntaba el alba y, notando la insignificancia que tarde o temprano lo transformaría en hombre-cucaracha, sólo podía acurrucarse en la cama para llorar sin consuelo hasta bien entrada la mañana. Sentía algo así como si le faltara el aire, algo así como si tuviera la necesidad de volar por los aires su atormentada cabeza para liberar una insoportable presión. Pensó en hacerlo, pensó en pintar una pistola con esas tizas que habían de no se sabe dónde y hacer lo propio. Pero no lo hizo. Durante un atardecer descubrió en su interior una fuerza sobrehumana que le llevó inexorablemente a la pared. Dibujó nubarrones de tormenta, relámpagos, electricidad vibrante en el cemento del tapiz que dio vida a una mujer imponente. Su Musa, su Diosa, su Libertad, su Redención. Y ahora, por increíble que pareciera, ella le mandaba palabras desde algún lugar. ¿Podía ser de otro modo? ¿Acaso podía haber salido aquella criatura por entero de su cabeza? En algún lugar existía el modelo en carne y hueso, aunque no lo recordara. Por suerte, ella había contactado con él.&lt;br /&gt;Tres días después, el pintor tuvo entre sus manos otra nota:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                         Sólo un poco más, pronto estaremos juntos.&lt;br /&gt;                                                                                          V.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y él esperó sin poder apenas dominar su impaciencia. La esperanza de encontrarse con la que ya era su amada, con la inaccesible y etérea V que estaba y no estaba, que no veía pero miraba, apaciguó por unas horas su angustia. El pintor vivía ya por completo en una especie de desdoblamiento, en una nueva dimensión abierta entre la realidad y la creación plasmada en el muro, esclavo de la confusión entre verdaderos sueños y falsos recuerdos... A secas, espasmódicos deseos en la oscuridad de un ser hambriento.&lt;br /&gt;Esperó a que llegara el momento y este llegó. La última nota decía: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;           Ha llegado la hora, te espero más allá de los muros de tu encierro.&lt;br /&gt;                                                                                                            V.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pintor al borde del delirio decidió no esperar un segundo más, se lanzó desesperado a la puerta. No obstante, no consiguió abrirla. Cerró los puños y la golpeó con fuerza. Miró frenético a su alrededor, profirió gañidos indescifrables y, al final, extenuado, cayó de rodillas al suelo. Lo había comprendido todo. Estaba encerrado de por vida. Por la minúscula ventana la luz encarcelada de un nuevo atardecer capturaba el rostro compungido que perdía su mirada en la nada. Se preguntaba cómo podía haberla perdido sin tener la más mínima oportunidad de luchar por ella.&lt;br /&gt;Entonces, movido por una extraña sensación, se sacó rápidamente sus ropas de presidiario, de artista-criminal como le habían llamado, y cogió las tizas que habían salido de no se sabe dónde. El tiempo se detuvo de pronto.  Carne y tiza se fundieron en la breve eternidad del momento y, por fin, el pintor sintió la frescura del arroyo y bebió de él como las almas muertas beben del Lete. Una mano pluma acarició su espalda y él se giró para encontrar a su musa, resplandeciente, sin forma, hecha ya todo ideal. Su Redención, su Libertad, su Diosa...&lt;br /&gt;Para siempre y por tan sólo un suspiro de transitoria pasión, había acudido a su llamada. Febril, tembloroso, se aferró a aquella figura-luz y, más allá de los muros de su encierro, la besó como si jamás lo volviese a hacer de nuevo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-8981764308294964490?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/8981764308294964490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=8981764308294964490&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8981764308294964490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8981764308294964490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/08/v.html' title='V.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-4310266299408529510</id><published>2008-07-28T06:15:00.000-07:00</published><updated>2008-07-30T01:33:59.998-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>si alguna vez me pierdo en la noche</title><content type='html'>Eran las cuatro de la mañana de un lunes cualquiera de un mes de agosto cualquiera. Aunque esto no tiene ni la más mínima importancia. Podría haber sido un jueves a las tres de la tarde de un mes de noviembre. &lt;br /&gt;Pero no, fue a las cuatro de la mañana, un lunes de agosto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Lucinda estaba tumbada en la cama mirando al techo. Un ligero aire entraba por la ventana abierta de par en par y hacía bailar a la fina cortina blanca un siniestro baile de fantasmas enamorados. La lamparilla de la mesita de noche encendida. &lt;br /&gt;La radio, también. &lt;br /&gt;Aunque todo esto tampoco tiene la más mínima importancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucinda miraba al techo y luego a sus pies. &lt;br /&gt;Movía los pies tumbada en la cama. &lt;br /&gt;Miraba al techo tumbada en la cama. &lt;br /&gt;Las noches de agosto estaban hechas para ella, para su insomnio, alguien las había fabricado expresamente para que Lucinda no pudiese dormir. Desde los cinco años hasta hoy, veinte años sin dormir en agosto. &lt;br /&gt;No era algo que le molestase, al contrario, Lucinda disfrutaba de estas noches calurosas en la ciudad leyendo, escuchando la radio, algún disco o asomándose por la ventana para comprobar la extraña belleza de su piel a la luz de la farola. &lt;br /&gt;Y cuando empezaba a amanecer, se dormía. &lt;br /&gt;Pero todo esto, la verdad, repito, tampoco importa mucho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que importa un poco más viene ahora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las cuatro de la mañana cuando Lucinda escuchó un ruido en la puerta de su piso. &lt;br /&gt;Era un ruido familiar, algo que ya había escuchado antes pero que no relacionaba con esa hora. &lt;br /&gt;Lucinda escuchó el suave chasquido, el fshh, ese sonido tan sexual, tan prometedor, ese sonido que invade una casa en silencio y mueve los cuadros como una ráfaga de viento en invierno, ese sonido que representa lo desconocido: el sonido de un papel por debajo de la puerta. &lt;br /&gt;Eso fue lo que escuchó Lucinda. &lt;br /&gt;Alguien había pasado una nota por debajo de su puerta y el sonido le llegó a Lucinda como un aleteo de mariposas que anuncian la primavera pero también como el cuchillo que se clava en la carne, el disparo, el terror. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchar cómo un papel pasa por debajo de tu puerta a las cuatro de la mañana puede significar todo lo bueno y todo lo malo. &lt;br /&gt;Pero también puede significar nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucinda se incorporó, se puso las zapatillas y caminó el corto pasillo hasta llegar a la puerta. &lt;br /&gt;Allí, en el suelo, un folio doblado en cuatro partes. &lt;br /&gt;Comprobó a través de la mirilla que no hubiese nadie al otro lado de la puerta. &lt;br /&gt;Luego se agachó para coger el papel mientras notaba cómo las piernas le empezaban a temblar. ¿Por qué este miedo? ¿Qué tenía que temer Lucinda? &lt;br /&gt;Quizá nadie tenga nunca nada que temer, pero cuando encuentras una nota debajo de la puerta de casa a las cuatro de la mañana, ésta te convierte en alguien inseguro, alguien que repasa su pasado como si hubiera algún crimen del que no se acordase, algunas huellas, manchas de sangre que quizá se olvidó de limpiar. &lt;br /&gt;Pero, ¿por qué este miedo?, se preguntaba Lucinda esa madrugada de agosto mientras se agachaba a coger el papel del suelo. Y sus movimientos, el proceso de doblar las rodillas, estirar los brazos, todo fue tan lento, que alguien podría pensar que Lucinda estaba a punto de atrapar a un insecto del paleolítico con un vaso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se agachaba, Lucinda pensó en lo que habría escrito en esa nota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrió mientras imaginaba lo que le gustaría leer: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hola. &lt;br /&gt;No me conoces, tú a mí tampoco. &lt;br /&gt;Te vi en el metro hace un par de días y me enamoré de ti. &lt;br /&gt;Te seguí sin que te dieses cuenta, entré en el bloque detrás de ti antes de que la puerta se cerrara y pude ver que entrabas en este piso. &lt;br /&gt;No sé nada de ti pero estoy totalmente enamorado. &lt;br /&gt;Pensarás que estoy loco, me da igual. &lt;br /&gt;Nunca me había pasado nada parecido. &lt;br /&gt;Si quieres, si te apetece, algún día podríamos tomar un café. &lt;br /&gt;Sería el hombre más feliz del mundo. &lt;br /&gt;Este es mi número: 789878987. &lt;br /&gt;Un saludo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, aunque un poco más cursi, también le gustaría esta opción: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si alguna vez &lt;br /&gt;me pierdo en la noche, &lt;br /&gt;sólo espero &lt;br /&gt;encontrar tus ojos &lt;br /&gt;para que me guíen &lt;br /&gt;y me hagan sentir &lt;br /&gt;que ya estoy &lt;br /&gt;en casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, todavía agachándose, se estremeció mientras imaginaba lo que no le gustaría ver escrito en esa nota: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zorra. &lt;br /&gt;No te acuerdas de mí, ¿verdad? Mucho mejor, así el sufrimiento será mayor. &lt;br /&gt;Porque lo único que quiero es que sufras lo que he sufrido yo. &lt;br /&gt;Prepárate. &lt;br /&gt;Y ten cuidado mañana. &lt;br /&gt;Nos vemos, zorra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O tampoco: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay algo que no sabes de tu pasado, de tu familia. &lt;br /&gt;Algo grave sucedió cuando eras niña. &lt;br /&gt;Te lo tendrían que haber contado ya pero nadie lo ha hecho. &lt;br /&gt;Pronto lo descubrirás. &lt;br /&gt;Aprovecha el poco tiempo que te queda para disfrutar. &lt;br /&gt;Adiós. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un sudor frío recorría la espalda de Lucinda, ya con el papel en las manos. &lt;br /&gt;Desdobló la hoja. &lt;br /&gt;Las manos le temblaban. &lt;br /&gt;Y allí estaba, el folio que alguien había pasado por debajo de su puerta, allí, ante sus ojos, la hoja desplegada, con cuatro pliegues como recordando la hora a la que fue dejada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucinda volvió una y otra vez las dos caras del folio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le empezó a faltar el aire. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si ese folio lo hubiese recogido de la calle, no significaría nada. &lt;br /&gt;Pero ese folio había entrado en su casa, alguien lo había dejado por debajo de la puerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué? &lt;br /&gt;¿Para qué? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante ella tenía el terror en estado puro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiese preferido que el chico del metro no hubiera aparecido el día de la cita, o que el poeta romántico no fuese otro que un pobre indigente que dejaba la misma poesía en todas las casas, o que la amenaza prevista para el día siguiente se cumpliera y ella sufriese, sí, quería sufrir, o que, en realidad, su familia guardase algo tan oscuro como para matarla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier cosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucinda hubiese preferido cualquier cosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cualquier cosa antes que un folio en blanco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-4310266299408529510?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/4310266299408529510/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=4310266299408529510&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4310266299408529510'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4310266299408529510'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/07/si-alguna-vez-me-pierdo-en-la-noche_28.html' title='si alguna vez me pierdo en la noche'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-8771519287380448661</id><published>2008-07-25T07:39:00.000-07:00</published><updated>2008-07-25T10:14:35.592-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RR'/><title type='text'>El despertar del señor Kanisius Kan.</title><content type='html'>Antes de arrancarle la yugular al doctor aulló, aulló con la desesperación del lobo que vive en la alta montaña y hambriento sostiene a una presa entre sus garras rojas. Y el aullido rasgó el tiempo y el espacio hallando el comienzo, los tiempos en los que él era un desamparado cachorro y aún no había sufrido la transformación definitiva.&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;La transformación llegó tarde, sin previo aviso. Kanisius Kan tenía 28 años, edad a la que sabía, sin necesidad de reflexión alguna, que se había convertido en lo que su padre llamaba un “completo inútil”. No obstante, hasta el momento, no le había preocupado en absoluto si él era o no un deshecho de la sociedad. Nunca le había preocupado nada y podría asegurarse que ni siquiera sabía lo que era la preocupación ya que era inmune, preso en una especie de letargo de la consciencia, a toda clase de emociones. La ira, el aburrimiento, la indignación, el deseo, fuese cual fuese el sentimiento quedaba ahogado en un eterno gesto de pausa, capturado entre materia inerte en estado permanente de crionización. Ojos vidriosos —«muertos», diría alguien que los hubiera mirado fijamente durante unos pocos segundos—, boca siempre entreabierta de prominente labio inferior, cejas pobladas y piel sin arrugas, ni rastro de turbación, sorpresa o alegría. Vivía la vida a distancia, como si el Yo hubiera quedado reducido en su envoltorio material a la mínima expresión, dejando aire entre las dos partes. Aire a modo de aislante. El Yo, aire, la carne y el silencio. Muchas capas para llegar a contactar con ese ser llamado Kanisius.&lt;br /&gt; Ese ser no consumía drogas, ni pasaba tiempo alguno frente al televisor, porque no necesitaba buscar la evasión. Él era la evasión en sí misma. Para los antiguos, horrorizados ante su presencia, un hombre sin alma. Su única expresión corporal, un ligerísimo encogimiento de hombros. No tenía ningún pensamiento fijo, sólo sabía que era un “completo inútil” y para él saberlo resultaba considerablemente fácil. Eso era lo único que le había enseñado su padre durante once largos años. No había leído un libro en su vida y apenas tenía ideas propias, por no decir que no tenía ninguna. Ni propia, ni no propia. No reaccionaba ante la música, las ciencias se le daban realmente mal y no practicaba ningún deporte.&lt;br /&gt;Kanisius sufría desde pequeño una absoluta soledad. No trataba con nadie, fuera de su comprensiva madre y de su padre con el que no tenía mucha relación, se pasaba el día trabajando. Uno de los pocos momentos que compartía la familia era el de la cena y, fuesen cuales fuesen las circunstancias del día, el padre siempre entonaba el mismo discurso:&lt;br /&gt;    — Es que son todos unos inútiles, unos putos inútiles, se pasan el día holgazaneando en la oficina. Vergüenza les tendría que dar. Son unos completos inútiles...&lt;br /&gt;  Cuando no empezaba increpando a su propio hijo:&lt;br /&gt;    — ¿Eh? ¿Pero qué le pasa a tu hijo? —siempre se refería a Kanisius como el hijo de su mujer—. Mira, se queda embobado mirando la pared. Joder, que poca sangre. Parece un puto cadáver. Está claro, tu hijo se va a convertir en un completo inútil.&lt;br /&gt; Así seguía más allá incluso del postre. Por otra parte, su madre respondía convencida, menos cuando se metía con Kanisius, a todas y cada una de las afirmaciones de su marido:&lt;br /&gt;     — Tienes toda la razón, papá... toda la razón del mundo...&lt;br /&gt;La madre siempre escuchaba con suma atención estos discursos —por mucho que fueran los mismos días tras día, mes tras mes, año tras años y lustro tras lustro—, si bien alguna vez en su interior hubiera deseado el tener la oportunidad también ella de desahogarse. Tampoco encendían nunca la televisión. El padre veía innecesario el ponerla en marcha puesto que él tenía en su cabeza todas y cada una de las ideas que era necesario aportar en aquella mesa.&lt;br /&gt;   La primera y última vez que Kanisius se interesó por la televisión tenía once años y provocó problemas en la casa. Vio entera una película de sobremesa. Ese día su padre llegó tarde, tan tarde que su esposa dormía profundamente. Aún así encontró a su hijo despierto, sentado en la cama. El padre le dijo:&lt;br /&gt; — Pero que haces tú aún en...&lt;br /&gt;— Te estás follando a otra, ¿no? —interrumpió Kanisius. Quizás era la primera vez que se dirigía directamente a su padre en años, quizás en toda su vida, y lo había hecho emulando a la mujer que había visto en la pequeña pantalla, la mujer que sorprendía a su marido a media noche cuando este creía que la tenía bien engañada.&lt;br /&gt; ¿Por qué hizo aquello? Nunca nadie podrá saberlo exactamente. Posiblemente aquella noche descubrió el hilo que arrastra al unísono ficción y realidad, y simplemente decidió tirar de él. Al fin y al cabo, aquello demostraba que estaba vivo y todavía tardaría diecisiete años en volver a demostrarlo. Casi le pasó por alto que al día siguiente su padre hiciera las maletas y se fuera de casa para no volver. Sí, eso era lo mismo que había hecho el hombre de la película.  &lt;br /&gt;  Kanisius creció sobreviviendo a los años de escuela como pudo, entre alguna que otra paliza y las constantes risas y bromas a su costa que le llamaban “vegetal” o “no muerto”. No fue a la universidad, consiguió un trabajo en un locutorio de su mismo barrio y siguió viviendo en casa con su apenada madre. Sin embargo, a pesar del adoctrinamiento de su padre, del abandono y de la tristeza que este provocó en su madre, de las palizas... Nada, absolutamente nada, había conseguido cambiar la expresión impasible de su cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue a los 28 años cuando el rostro de Kanisius esbozó por primera vez una visible turbación. En pocos días había perdido más de diez quilos y, lo que era aún peor, su cuerpo se había recubierto de pelo, desde la frondosa barba que había comido casi todo el espacio a las mejillas y se había extendido más allá del cuello para unirse con la pelambrera del pecho, hasta los pies forrados por completo de vello. Observó con atención la imagen extraña que le devolvía el espejo de su habitación. Cada músculo de su nuevo cuerpo, escuálido, peludo, permanecía agarrotado por el efecto de una inusitada tensión, dejando a la vista unas descomunales venas a punto de reventar a lo largo de sus brazos y piernas. Un escalofrío le recorrió la espalda y su pecho empezó a palpitar primero como si le costara respirar, luego, azotado por intensos espasmos. Su organismo había cambiado y quería deshacerse de las sobras. Abrió la boca de par en par y vomitó algo. No volvería a estar ausente, ni encerrado en su propio mundo. Viviría a otro nivel la existencia a partir de aquel momento en el que lo había expulsado todo y se había quedado absolutamente vacío. Con los ojos anegados de lágrimas a causa del esfuerzo y su cuerpo rezumando cruda testosterona, miró aquello que habían rechazado sus entrañas y rabioso se lanzó al suelo para comérselo. Lo despedazó preso de la ira, lo trinchó bien con los dientes y lo engulló con la seguridad irracional de que era algo nutritivo. A los pocos minutos, yacía extenuado en el suelo de su habitación. No tardó en dormirse plácidamente.&lt;br /&gt;Gracias a varios días de descanso ininterrumpido las heridas de la traumática transformación fueron cicatrizando. Pasó gran parte de los meses de invierno en cama, lo que hizo que aún perdiera más peso. Su inactividad no se debía al miedo o a la vergüenza que le causaban el exterior —eso era ya imposible que se diera en él— sino a una necesidad biológica que había reducido notablemente su ritmo vital. Sentía una necesidad absoluta de dormir por lo menos quince o veinte horas diarias y apenas tenía hambre. Cuando su madre preocupada por su decadente estado de salud se asomaba a la puerta de su habitación él la alejaba con un desapacible gruñido.&lt;br /&gt; Durante aquellos días la madre dejaba cada día un plato de comida ante su cama. La mujer había visto el nuevo aspecto de su hijo, pero no había parecido importarle demasiado. Desde el abandono sufría una profunda depresión, hablaba sola y se pasaba horas y horas sentada en el sillón del comedor esperando a que su marido regresara del trabajo. "Con más o menos pelo, con más o menos pelo..." repetía una y otra vez en la oscuridad de la casa.&lt;br /&gt; Al llegar el calor, las cosas cambiaron para Kanisius. Tuvo que salir de su encierro, de la misma manera que su organismo había querido durante el frío disminuir su actividad, ahora quería aumentarla desaforadamente. Empezó a moverse, a comer más y a dormir menos. No tardó en llegar el momento en el que la habitación empezaba a ser demasiado pequeña. Entonces salió de ella y se encontró de cara con su madre.&lt;br /&gt;  — ¡Ya estás bueno! —celebró ella con una triste sonrisa.&lt;br /&gt;Kanisius gruño furioso y sin hacerle el menor caso se dirigió a la puerta de salida. No fue muy lejos, en el descansillo de la escalera encontró a una pareja de policías. Buscaban a su padre que había cometido un crimen en una ciudad vecina y se había dado a la fuga. Los policías pensaban que a lo mejor se había escondido en su antiguo hogar. Lo que encontraron fue al hijo del criminal, una bestia humana, peluda, grotesca, que se desplazaba ora a dos, ora a cuatro patas, que gruñía y enseñaba los dientes, cegado por una incontrolable agresividad. La misma bestia a la que la madre había exclamado «¡ya estás bueno!».&lt;br /&gt;  A partir de ese inesperado encuentro todo fue muy confuso. Kanisius luchó para no ser capturado, pero tres estruendos acompañados de tres pinchazos en su muslo y en su espalda acabaron batiéndolo. Tiempo después, sin saber cómo, despertó sentado en un despacho. Delante de Kanisius una mesa y, apoyado en ella, un desconocido. Vestía una bata blanca que lucía una chapa metálica: Doctor Julius Normman. Era un hombre pulcro, con unas orejas diminutas y una nariz extremadamente estrecha sobre la cual se sostenían a duras penas unas gafas negras.&lt;br /&gt;— ¿Se encuentra bien señor Kan? —dijo—. Tranquilo, está sedado. Yo si fuera usted no me exaltaría demasiado e intentaría gastar todas las fuerzas en prestar atención a mis palabras —el doctor Normman miró con superioridad a Kanisius sin saber que estaba equivocado. Nadie sabía cual era la dosis adecuada de drogas para sedar a esa nueva criatura—. Es usted algo increíble. Y si me permite la broma, es también un asunto peli-agudo para nosotros. Me río, con su permiso... pero es que es verdad, señor Kan, tiene su gracia. Y de la noche al día que es lo más curioso del caso. Me he informado, he preguntado por usted a sus antiguos profesores, a su madre, incluso a su padre. Con su madre es difícil hablar ya, y su padre va a pasar mucho tiempo en la cárcel, pero eso supongo que es otro tema. Diría que esas historias le traen sin cuidado. ¿Y para qué hablar de otra cosa que no sea usted? —Kanisius había recuperado los brazos— Usted es el gran descubrimiento, de usted y de nadie más se puede hablar en estos momentos. ¿Qué le ocurre? ¿Sabe qué le ocurre? ¿Lo nota? Nosotros no tenemos ni idea. Eso sí, podemos asegurarle una cosa, y es que lo suyo no es una enfermedad. Usted... a ver, como lo diría, usted a cambiado. La verdad es que ni siquiera sé si es capaz de entenderme en estos momentos. Intuyo que en lo único que piensa es en escapar o quien sabe... quizás... no sé. Pero no hay que preocuparse por eso, estará sedado durante unas horas más...—Normman ajustó la montura de sus gafas y sus ojos brillaron—. Verá, no va a poder salir de aquí. No podemos permitírnoslo. Y no sólo hablo de mi equipo. Creo que es una cuestión que va más allá de nuestro equipo de investigación, de nuestra clínica y de nuestra sociedad —Kanisius sintió el cuello—. No sabemos que le ocurre. Pero sabemos que no debe salir de aquí, que no debe mantener contacto con las personas. Intuimos que es peligroso y no sólo porque estamos convencidos de que podría atacar a alguien, sólo hay que verlo. Es usted pura agresividad. No, es que además es peligroso de una manera mucho más importante, de una manera que atenta contra unas bases que aunque no dejan de balancearse, están bien apuntaladas —Kanisius sintió las piernas—. Oh, menuda estupidez lo que le estoy contando... Y yo tampoco soy ningún filosofo, ni quiero dármelas de sabelotodo, ni de visionario. Su cerebro no entiende ya tanta palabrería. Le digo que es peligroso para el hombre, para su mundo y ni siquiera comprende las palabras, cuando su significado es de una inmensidad inimaginable...&lt;br /&gt; Era cierto que Kanisius no sabía a que se refería el doctor, pero captó enseguida su tono. Comprendió que no le dejarían marcharse. Por otra parte, había conseguido recuperar la movilidad de su cuerpo y, ahora, de manera instintiva, se hacía el muerto esperando el momento oportuno. Normman seguía hablando de progreso, de los peligros de la naturaleza y volvía a repetir que no le dejarían salir de ahí nunca más.&lt;br /&gt; — Es usted algo increíble —quiso concluir—. Algo verdaderamente increíble. Lástima que el cambio no le haya dotado de un mayor potencial intelectual. ¿Razón? ¿Para qué  iba el cambio a dotarle de Razón? Eso es lo que les preguntaba a mis colegas ayer. La Razón es algo nuestro, señor Kan. Hecho por el cual nosotros debemos atajar este tipo de asuntos, este tipo de... tropiezos de la naturaleza. La Razón nos da ese poder. ¿Me entiende? Señor Kan, la cosa está clara. ¡Nosotros somos la civil...&lt;br /&gt;Kanisius no esperó a que acabara la frase, se abalanzó sobre su presa. El doctor Normman quedó paralizado entre la ligera exaltación que había envuelto el final de su discurso y el espeluznante pánico que despertaban aquellas garras alrededor de su cuello. Ambos se miraron a los ojos. “Muertos” fue el último pensamiento que consiguió articular Julius Normman. La bestia aulló enloquecida y, súbitamente, la blanca pared del despacho sangró malherida.&lt;br /&gt;  En el desgarro del espacio y del tiempo la bestia escapó empapada de sangre. Más tarde, fue libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-8771519287380448661?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/8771519287380448661/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=8771519287380448661&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8771519287380448661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/8771519287380448661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/07/el-despertar-del-seor-kanisius-kan.html' title='El despertar del señor Kanisius Kan.'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7418792029929972728.post-4066693261116403747</id><published>2008-07-21T07:35:00.000-07:00</published><updated>2008-07-21T07:57:24.403-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diego'/><title type='text'>como una capa de hielo</title><content type='html'>Como casi todas las cosas importantes o absurdas, todo empezó con una llamada. Me encontraba yo trabajando sin demasiada alegría en la oficina del norte del país cuando sonó el teléfono. Era Fiódor, un antiguo compañero de estudios. &lt;br /&gt;Me alegré de escuchar su voz, sobre todo porque era la última persona a la que esperaba encontrar al otro lado del aparato. &lt;br /&gt;Me dijo que había pensado en mí para un trabajo. &lt;br /&gt;Se trataba de escribir, simplemente escribir. &lt;br /&gt;Lo bueno es que a mí, en aquella época, me encantaba escribir; lo malo es que no iba a recibir ni un triste rublo. &lt;br /&gt;De todas formas, debido en gran parte a mi carácter amable de entonces, acepté de buen grado la invitación y esperé nuevas instrucciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de unos días éstas me llegaron en forma de carta. Fiódor me explicaba en qué consistiría mi trabajo. Cada semana tendría que escribir un pequeño relato y también cada semana habría un tema diferente en el que se basaría éste. A mí me pareció bien y estuve pensando y organizando diferentes estructuras en mi cabeza llegando a tener media docena de relatos listos para ser ejecutados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces, a los pocos días, el cartero dejó una nueva carta de Fiódor en la que exponía el tema a tratar: un locutorio. &lt;br /&gt;¿De qué demonios estaba hablando Fiódor? ¿Un locutorio? ¿A qué se refería? ¿A aquellos lugares envueltos en ese halo de clandestinidad y crimen organizado que brotaban como setas por la ciudad? ¿De verdad quería Fiódor que escribiera algo que tuviese que ver con un locutorio? ¿Era suya la idea? Más bien parecía la de una mujer, no sé por qué pero pensé que sólo a una diabólica mujer se le podría haber ocurrido ese tema, sólo una mujer era capaz de desquiciarme de aquella manera con una simple decisión, tirando por tierra todos los posibles relatos ya planteados en mi mente. La media docena de relatos ya escritos en mis músculos, mis huesos, mis neuronas, todos estaban ahora mismo en la basura siendo devorados por cucarachas hambrientas de historias. &lt;br /&gt;Una simple palabra basta para llevarte a la locura y a mí la palabra locutorio me llevó al lugar desde donde escribo estas líneas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé los días posteriores a recibir la última, la fatídica carta de Fiódor, metido en la cama. &lt;br /&gt;No hablaba con nadie, no veía a nadie, excepto a mi madre, quien venía a traerme la comida que yo me limitaba a mirar. &lt;br /&gt;Una poderosa angustia me cubrió como una capa de hielo. &lt;br /&gt;Era incapaz de escribir algo que estuviese relacionado con un locutorio. &lt;br /&gt;¿Cómo era posible que Fiódor se comportase así conmigo? ¿Me estaba poniendo a prueba? ¿Era ésa una broma de mal gusto? &lt;br /&gt;Fiódor me conocía bien pese no habernos visto en mucho tiempo y sabía de mis temores a defraudar a los demás, unos temores que, literalmente, me paralizaban. &lt;br /&gt;Y así era como estaba en ese momento, metido en la cama y dándole vueltas a una maldita palabra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche me levanté de madrugada empapado en sudor. &lt;br /&gt;Me vestí, saqué del cajón el cuchillo del abuelo y cogí la carta de Fiódor. &lt;br /&gt;Salí de casa y paré al primer taxi que vi. Le mostré al taxista el remitente de la carta y me dijo Muy bien. &lt;br /&gt;Cuando llegué a casa de Fiódor empezaba a amanecer. &lt;br /&gt;Me bajé del taxi y palpé el cuchillo en el bolsillo de la gabardina. &lt;br /&gt;Los sudores continuaban y apenas podía caminar. Me senté en la acera a esperar. &lt;br /&gt;Pasaron las horas. El sol me calentaba como una estufa estropeada. &lt;br /&gt;Al fin se abrió la puerta. &lt;br /&gt;Una joven con un niño en brazos salió de casa de Fiódor. Supuse que era su mujer y también supuse que ese era su hijo. &lt;br /&gt;Empezó a caminar y la seguí manteniendo una cierta distancia, siempre observando sus movimientos desde la acera de enfrente. &lt;br /&gt;La cabeza estaba a punto de estallarme y los sudores fríos recorrían mi espalda como ríos helados. &lt;br /&gt;Seguí a la mujer durante más de media hora. &lt;br /&gt;Me di cuenta de que no llevaba una dirección fija, ahora un parque, ahora una panadería, ahora una frutería, siempre como si no lo tuviera previsto, como si fuera la primera vez que visitara la ciudad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al fin se dirigió y entró allí donde yo esperaba que se dirigiera y entrase, a ese maldito lugar que la hacía culpable de mi locura. &lt;br /&gt;Entonces mi cabeza acabó por estallar y los ríos helados de mi espalda se convirtieron en lenguas de lava surgidas de lo más profundo de mis entrañas &lt;br /&gt;Ella había sido la manipuladora, la ideóloga, ella llevaba los hilos que movían a Fiódor, ya sabía que él no podía haberme hecho eso, ella era la mujer diabólica y tenía que pagar por ello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crucé la calle. &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;A cada paso, el cuchillo golpeaba mi cadera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;                                                                                          &lt;/span&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7418792029929972728-4066693261116403747?l=chapuzasdeletras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/feeds/4066693261116403747/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7418792029929972728&amp;postID=4066693261116403747&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4066693261116403747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7418792029929972728/posts/default/4066693261116403747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://chapuzasdeletras.blogspot.com/2008/07/como-una-capa-de-hielo_21.html' title='como una capa de hielo'/><author><name>RR</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12396618336608745424</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_CQfqUEko1SI/SG5bFtuFQhI/AAAAAAAAAAM/_rQjBvf9V8c/S220/raskolnikov.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
